2010
Adversidad transparente
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Hasta la próxima

Adversidad transparente

Una abeja y un viaje en autobús me ayudaron a ver que existe el modo de librarnos de nuestros problemas, pero muchas veces tenemos que confiar en alguien que tenga la capacidad de ver.

Una manaña, cuando iba al trabajo en el autobús, tomé asiento al lado de una ventanilla. Al poco rato, me percaté de que una abejita estaba tratando de salir de un apuro: Estaba atrapada entre los dos paneles de vidrio de la ventana y, a pesar de lo mucho que se esforzaba, no encontraba la manera de salir. Encerrada en una prisión transparente, veía la libertad, pero no podía encontrar la ruta de escape. Quizá por estar atemorizada, batía con furia las alas y, con desesperación, se daba contra el vidrio.

Siempre he sido una persona a la que no le gusta ver que nada ni nadie se haga daño, así que, después de observar a la abeja durante un rato, empecé a intentar sacarla de su difícil situación; sin embargo, dado que no confiaba ni comprendía mi deseo de ayudarla, no aprovechó la ayuda que le ofrecía. De hecho, lo único que hizo fue seguir dándose contra la ventana, y, finalmente, yo empecé a irritarme un poco.

Entonces empecé a pensar en cómo a veces las personas nos hallamos en situaciones similares: Nos metemos en problemas, de algunos de los cuales no somos responsables. También cometemos errores, incluso algunos graves y, como la abeja, tal vez nos sintamos aprisionados por esas adversidades. Desafortunadamente, a pesar de que el Señor sabe qué es lo que necesitamos para librarnos de nuestras pruebas, muchas veces, en tiempos de necesidad, no recurrimos en busca de ayuda a Él, ni a quienes Él ha llamado para guiarnos. No prestamos atención a las impresiones del Espíritu e intentamos afrontar nuestros desafíos por nuestra cuenta, en vez de confiar en aquellos que tienen una visión más amplia.

Como Santos de los Últimos Días, verdaderamente sabemos cómo vencer la adversidad: Tenemos las Escrituras, la oración y la compañía del Espíritu Santo. Nuestros líderes han sido llamados por el Señor y están preparados y dispuestos para ayudar.

Antes de llegar a la parada y después de que la abejita había sufrido enormemente, se las arregló para salir del aprieto. De eso aprendí que nosotros también podemos vencer las pruebas, pero con menos sufrimiento si acudimos al Padre Celestial y a Su Hijo, Jesucristo, y confiamos en Ellos, para quienes toda clase de adversidad es transparente.

Ilustración por Jorge Cocco.