2010
El espíritu que une al equipo de los miembros del quórum
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El espíritu que une al equipo de los miembros del quórum

Una de las grandes historias provenientes de África este verano tiene que ver con el fútbol. Pero no se trata de la Copa Mundial.

Los mejores equipos de fútbol del mundo están jugando en Sudáfrica este mes con la esperanza de ganar la Copa Mundial. Los integrantes del equipo dependen unos de otros, de sus entrenadores y de sus seguidores para llegar a la final. Entre los jugadores y los seguidores de cada país, el espíritu de equipo es tan fuerte que se siente en el aire.

Pero no hay integrantes de ningún equipo que sean más leales unos a otros, a sus entrenadores y a sus seguidores que los integrantes del quórum de presbíteros del Barrio Kagiso, Estaca Soweto, Sudáfrica, a pesar de que ellos no jugarán en la Copa Mundial. Hace poco más de un año, cinco de estos jovencitos conocieron la Iglesia gracias a su entrenador de fútbol, quien es converso reciente. Ahora forman parte importante de otro “equipo”: el quórum de presbíteros; y trabajan con otro “entrenador”: su obispo, al vivir el Evangelio a diario y prepararse para prestar servicio como misioneros de tiempo completo.

El entrenador Solomon fue sabio

Al igual que a muchas personas de Sudáfrica, a Solomon Eliya Tumane, de 29 años, le encanta el fútbol y pasa incansables horas cada semana entrenando al Club de Fútbol de los Huracanes. Quiere a sus jugadores y se alegra muchísimo con sus éxitos. Ellos, a su vez, lo quieren y lo respetan. Por eso, cuando el entrenador Solomon se unió a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, sus jugadores sintieron curiosidad.

“Venía a los entrenamientos directo de la clase de instituto”, dice Siyabulela Manyakanyaka, de 17 años, también conocido como McDonald. “Veíamos las Escrituras y las revistas de la Iglesia en su bolso, así que empezamos a hacerle preguntas, y él, para responder, nos leía”, dice Thapelo Benjamin Sesinyi, de 17 años.

“Tenía muchos deseos de enseñarles a estos jovencitos, porque los quiero muchísimo”, dice el entrenador Solomon. “Quiero que tomen el camino correcto. A uno de ellos le dije: ‘Te iría bien si leyeras las Escrituras’, y así fue que todos empezaron a leer las Escrituras. Lo disfrutaban, así que después les enseñé acerca de la oración. Entonces un día me sorprendieron: llegué temprano a la práctica y estaba durmiendo una siesta cuando me despertaron y me dijeron: ‘Entrenador, tenemos que ir a su Iglesia’. Aquél fue un día que jamás olvidaré, ya que fue cuando supe que estaban yendo por el camino correcto”.

El permiso

Pero el entrenador no quería continuar sin tener el permiso de los padres. Fue a la casa de cada jugador, una a la vez, para preguntar si estaban de acuerdo con que invitara a los jugadores a la capilla. Los padres estuvieron de acuerdo. “Fuimos a la capilla tres semanas seguidas”, recuerda Thapelo. “Queríamos seguir aprendiendo”. Fue así que el entrenador, una vez más, pidió el permiso de los padres, pero esta vez para que los jugadores estudiaran con los misioneros de tiempo completo. Los padres estuvieron de acuerdo nuevamente.

“Los misioneros nos dieron un ejemplar del Libro de Mormón a cada uno”, dice McDonald. “Nos dijeron que lo leyéramos y oráramos para saber si era verdadero, y así lo hicimos. Oré y leí y supe que el Libro de Mormón era verdadero”. Otros jugadores hicieron lo mismo y luego fueron bautizados y confirmados. Ahora cinco integrantes del equipo son Santos de los Últimos Días.

Metas del Evangelio

La mayoría de los equipos tienen metas de ganar la mayoría de sus juegos en la temporada, pero estos cinco Huracanes también se empeñan por lograr otra meta en un futuro no muy lejano. Con la guía del obispo Bongani Mahlubi, un hombre a quien consideran un entrenador espiritual, se están preparando para el servicio misional de tiempo completo.

“Ellos brindan mucha fortaleza a nuestro barrio”, dice el obispo. “Y forman parte de ese gran equipo de poseedores del Sacerdocio Aarónico y del Sacerdocio de Melquisedec de todo el mundo. Estos jovencitos hacen todo juntos: van caminando juntos a la escuela, juegan juntos al fútbol, van juntos a seminario y, juntos, prestan servicio en el sacerdocio. Cuando llamo a un joven para preguntarle si puede ayudar, vienen los cinco”. McDonald dice que el quórum de presbíteros también estudia regularmente Predicad Mi Evangelio, y Thapelo dice que además de invitar a sus amigos a la Iglesia, los miembros del quórum van a buscar a los que dejaron de asistir. “En muchos aspectos, estamos aprendiendo a ser misioneros desde ahora”, dice.

“A menudo escuchamos a estos jovencitos en la reunión de testimonios”, dice el obispo. “Muchas veces le prometen al entrenador Solomon que cumplirán una misión de tiempo completo”. Ninguna otra cosa podría hacer más feliz a su entrenador de fútbol. “Estoy ansioso por verlos salir a la misión”, dice Solomon.

La unidad, el conocimiento del Evangelio y el concentrarse en servir forman parte de un programa continuo de entrenamiento para los futuros misioneros. Y, además, estos jóvenes ya han desarrollado un gran deseo de trabajar juntos para hacer el bien. Al igual que los equipos de fútbol que están compitiendo para la Copa Mundial, ellos dependen unos de otros, de sus entrenadores y de sus seguidores (entre los cuales se encuentran los miembros del barrio, familiares y amigos) para pasar airosos su “campeonato”. Con ese espíritu de equipo, alcanzarán sus metas.

Los compañeros de equipo Siyabulela “McDonald” Manyakanyaka, Thapelo Sesinyi, Emmanuel Pebe y Lawrence Tsetse se unieron a la Iglesia en parte gracias al ejemplo de su entrenador, Solomon Tumane (centro).

Fotografías por Richard M. Romney.