2010
Santos de los Últimos Días camboyanos: Avanzando en una nueva dirección
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Santos de los Últimos Días camboyanos: Avanzando en una nueva dirección

A pesar de haber afrontado duras pruebas en el pasado, los Santos de los Últimos Días camboyanos están descubriendo que el evangelio de Jesucristo les da una razón para tener esperanza en el futuro.

En medio de la temporada de las lluvias de finales de la primavera en Phnom Penh, Camboya, el río Tonle Sap, que durante meses ha ido a desembocar al río Mekong, desafía el movimiento natural y cambia su curso para fluir en la dirección opuesta.

Ese cambio de dirección hace que el lago Tonle Sap, que se encuentra en la cabecera del río, aumente su tamaño cinco veces más, lo que proporciona a los peces y a las aves que allí se alimentan los nutrientes que tanto necesitan.

Al igual que el río que cambia de dirección, los miembros de Camboya han sentido que el evangelio de Jesucristo los ha ayudado a cambiar la dirección de su propia vida. Ahora sus corazones rebosan del gozo y de la paz que brinda el Evangelio y esa ola de gozo proporciona alimento espiritual a sus almas.

Aunque el país ha afrontado tiempos sombríos, el evangelio de Jesucristo ha ayudado a muchos camboyanos a ver brillar la luz de un nuevo día a través de la oscuridad del pasado.

Un cambio de dirección

Durante la agitación política que sufrió el país durante la década de 1970, muchos camboyanos fueron expulsados de sus hogares y perdieron familiares.

Loy Bunseak, presidente de la Rama Siem Reap, de la Misión Camboya Phnom Penh, tenía nueve años en 1975, cuando él y su familia tuvieron que abandonar su hogar. A ellos, así como a otros millones de personas, se les exigía realizar pesados trabajos físicos en los vastos campos del país.

Durante esa época, el presidente Loy perdió a sus padres y a cinco de sus ocho hermanos.

A pesar de las penurias, el presidente Loy siempre tuvo por lo menos una cosa que lo ayudaba a sobrellevar su sufrimiento.

“Siempre tuve esperanza”, dice.

Esa firme esperanza que ayudó al presidente Loy a sobrellevar las pruebas de su niñez es la misma esperanza que, más adelante, le permitió reconocer la verdad del evangelio de Jesucristo.

Como gran parte de la población de Camboya es budista, el presidente Loy creció sin tener un conocimiento de Jesucristo. Empezó a aprender acerca del Salvador cuando los misioneros Santos de los Últimos Días fueron a su casa y le dijeron a él y a su familia que tenían un mensaje muy importante para ellos.

“Nunca había escuchado hablar de Jesucristo hasta que conocí a los misioneros”, dice. “Quería aprender más acerca de Él”.

Después de estudiar y hablar mucho al respecto, el presidente Loy y su familia se bautizaron en 2001.

“Los misioneros me ayudaron a aprender del Libro de Mormón, pero yo recibí de Dios mi propio testimonio en cuanto a su veracidad”, dice el presidente Loy. “Me daba cuenta de que el vivir de acuerdo con las enseñanzas del Libro de Mormón hacía más feliz a mi familia”.

La experiencia del presidente Loy no es algo fuera de lo común. Khan Sarin, presidente de la Rama Sen Sok, del Distrito Phnom Penh Camboya Norte, fue separado de su familia durante la adolescencia y lo obligaron a trabajar en los campos.

“En esa época me sentía abatido”, dice el presidente Khan. “No sabía si sobreviviría”.

Al mirar atrás, el presidente Khan siente que a lo largo de su vida el Señor lo ha protegido varias veces del peligro. De joven, se unió al ejército y le dispararon a una distancia de seis metros, pero no le dieron; además, pisó muchas minas activas que no explotaron; una de ellas sí explotó, pero no resultó herido de gravedad.

Debido a las peligrosas circunstancias en las que se encontraban los soldados, hacían cualquier cosa que fuera necesaria para protegerse. Muchos hombres del ejército se hacían tatuajes, porque creían que éstos los mantendrían a salvo.

“Antes de ser miembro de la Iglesia, no sabía nada”, dice el presidente Khan. “Ahora sé que fue Jesucristo el que me salvó, y no los tatuajes”.

Después de que la esposa del presidente Khan, Suon Sokmo, conoció a los misioneros y se bautizó, a él le impresionaban los cambios que veía en ella. Aceptó la invitación de su esposa de estudiar juntos las Escrituras y, poco después, decidió bautizarse.

“Lo más importante que nunca antes recibí fue el testimonio que obtuve al estudiar las Escrituras”, dice él.

Pich Sareth, miembro de la Rama Phnom Penh XII, del Distrito Phnom Penh Camboya Norte, también pasó pruebas desde muy temprana edad. Tenía tan sólo cinco años cuando lo separaron de su familia y lo obligaron a trabajar en los campos. A veces encontraba cangrejos o ranas que comía para mitigar el hambre.

A la esposa del hermano Pich, Seng Tha, y a su familia también los obligaron a dejar su hogar. Por ser ella una pequeña de sólo cuatro años de edad, no le exigían que trabajara, como a los otros niños. La mayor parte del día la mantenían alejada de su familia y la cuidaban mujeres ancianas que no podían trabajar.

Después de conocer a los misioneros en 1995, el hermano Pich y su esposa comenzaron a aprender acerca del amor que el Padre Celestial siente por ellos. “Cuando tenía problemas, me daba cuenta de que la oración me ayudaba a sobrellevarlos”, dice el hermano Pich. “Sabía que al Padre Celestial le importaba”.

Después de que el hermano Pich decidió bautizarse, su esposa también obtuvo un testimonio del Evangelio y se bautizó.

Una ola de gozo

Desde que se bautizaron, el hermano Pich y su familia han reconocido el gozo que proviene de obtener un testimonio de Jesucristo. La familia Pich dedica un tiempo todos los días a leer las Escrituras, y, conforme han hecho esto, el gozo del Evangelio ha penetrado sus almas.

“Ahora sentimos que estamos en el camino correcto y queremos permanecer en este sendero estrecho y continuar progresando”, dice la hermana Seng. “Agradezco cada día que podemos tener a nuestros hijos junto a nosotros en este camino”.

El gozo que siente el presidente Loy se extiende en ambas direcciones: hacia sus antepasados, así como hacia sus descendientes. El presidente Loy y su familia visitaron el Templo de Hong Kong, China, en 2004, donde, además de haberse efectuado el sellamiento de su esposa e hijos a él, el presidente Loy llevó a cabo las ordenanzas salvadoras del templo a favor de su padre, su madre y los hermanos y hermanas que había perdido.

“No puedo siquiera explicar el gozo que sentí en el templo”, dice el presidente Loy. “Supe que mi familia estaba siendo fortalecida. Sé que el templo es necesario para que las familias vivan juntas para siempre”.

El presidente Khan también tuvo la oportunidad de que su familia se sellara a él como familia eterna en el Templo de Hong Kong. “Lo que sentí en el templo es algo que nunca antes había sentido. Es difícil expresar mis sentimientos con palabras”, dice el presidente Khan.

El alimento para sobrevivir

Gracias a que el Evangelio se está extendiendo, los miembros de Camboya están recibiendo el alimento espiritual que necesitan para sobrevivir. Si bien la Iglesia está creciendo en Camboya, los miembros tienen la esperanza de que este crecimiento sea sólo el precursor de un gran florecimiento del Evangelio en su país.

Tal como los peces y los animales que reciben el alimento que necesitan cuando el lago Tonle Sap se desborda, una cantidad cada vez más grande de camboyanos está recibiendo la alimentación espiritual que necesitan gracias al rebosante deseo de compartir el Evangelio que los miembros albergan en su corazón.

“Cuando una olla está tapada, se desborda al hervir”, dice el presidente Khan. “Eso es lo que siente mi corazón. Debo abrir mi corazón para contarles a todos lo que siento”.

El presidente Loy espera que, a raíz de que en su hogar se enseñó el Evangelio, sus hijas sigan abrazándolo y lo enseñen a sus hijos.

“Una vez que supe acerca de Jesucristo, todo mejoró en mi vida y en mi familia”, dice. “El tener el sacerdocio en nuestro hogar nos une; cuando tenemos un problema, nos sentamos y lo analizamos como familia”.

Desde que en 1994 el gobierno de Camboya otorgó reconocimiento legal a la Iglesia, miles de camboyanos han aceptado el Evangelio. La familia Pich espera con ansias el día en que el Evangelio llegue a todas partes del país. El hermano Pich dice: “Espero que algún día haya un templo en Camboya”.

La hermana Seng asiente: “El Padre Celestial y Su Hijo, Jesucristo, viven. Mi esperanza es que en el futuro la Iglesia siga creciendo a fin de que se pueda construir un templo”.

El presidente Khan se da cuenta de cómo ha cambiado su vida desde que supo del Salvador. Él cree que el evangelio de Jesucristo es lo único que puede sanar a los camboyanos de sus tribulaciones pasadas.

“Después de llegar a ser miembro de la Iglesia, perdí mucho del dolor que sentía por las cosas que habían sucedido en el pasado. He recibido una nueva luz que nunca había tenido”, dice. “Todo se siente como nuevo”.

Fotografías por Chad E. Phares, excepto donde se indique lo contrario.

Página opuesta: Loy Bunseak, presidente de rama y guía turístico de Siem Reap, les muestra a los visitantes los templos antiguos de la ciudad. También busca oportunidades de enseñar acerca de los templos mormones con la fotografía del Templo de Hong Kong que tiene a la vista en su camioneta. Izquierda: A pesar de que, cuando era más joven, a veces se sentía abatido, Khan Sarin, presidente de la Rama Sen Sok, se unió a la Iglesia después de que su esposa, Suon Sokmo, lo invitó a estudiar las Escrituras con ella. Arriba: Phnom Penh.

Abajo: Este centro de reuniones recién terminado alberga al creciente número de miembros de Phnom Penh, capital de Camboya. Abajo: Cuando eran jóvenes, Pich Sareth y su esposa, Seng Tha, fueron separados de sus familias por largos periodos y ahora se sienten agradecidos por tener la oportunidad de pasar tiempo con sus hijos y de criarlos dentro de la Iglesia.

Fondo © Getty Images; fotografía del Templo de Hong Kong, China, por Craig Dimond.

A pesar de que en Camboya abundan los templos y la arquitectura antiguos, el Evangelio le ha dado un toque nuevo a la vida de los miembros de la Iglesia de este país.

Fondo © Getty Images.