2021
Escojamos la buena parte
Agosto de 2021


Mensaje del Área

Escojamos la buena parte

Cuando elegimos ministrar a los demás, elegimos la buena parte; sentimos gozo y al practicarlo con un corazón sincero hacemos que Dios prevalezca en nuestra vida.

Marta, María y Lázaro eran hermanos, y según relatan las Escrituras ellos fueron visitados por Jesucristo en Betania posteriormente al milagro de haber vuelto a la vida a su amado amigo. Marta estaba preocupada en los quehaceres de organizar la casa y la cena, en cambio María ungía los pies del Señor con perfume de nardo puro al mismo tiempo que oía Su palabra. Marta entonces dijo:

“Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. …

“Pero respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.

“Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (véase Lucas 10:38–42).

Al demostrar interés por atender, escuchar y cuidar a quienes se nos asigna ministrar, estamos escogiendo la buena parte. En un tiempo agitado y acelerado como el que vivimos, la ofrenda de nuestro tiempo podría llegar a ser la más difícil de entregar, pues corremos contra el reloj cada día, cuando nos enfocamos en la ministración elegimos la buena parte y somos bendecidos; todos esos pequeños o grandes esfuerzos cuentan y son atesorados para nuestro beneficio eterno.

El élder Jeffrey R. Holland describió la ministración como “un compromiso más profundo de cuidar los unos de los otros de todo corazón, motivados únicamente por el amor puro de Cristo”1.

Antes de la dedicación del templo de Concepción, Chile, en 2018, un dedicado obispo sintió en su corazón que la manera de fortalecer a algunas familias alejadas de la Iglesia y de sus convenios de templo era invitarlos a ser parte de un coro del barrio. Todo el barrio cooperó para que fuera una experiencia especial para ellos en cada ensayo y cada reunión; comencé a seguirlos en sus pequeños detalles y caí rendido al talento de sus voces llenas del Espíritu y admirado por el amor que se demostraban unos a otros en todo lo que hacían. Les invitamos a ser parte de las conferencias de estaca; además ellos organizaban números especiales para el barrio, incluso invitando a toda la comunidad a escucharlos, al mismo tiempo empezaron a sentir y a poner las puertas de sus hogares en dirección al templo. Siguieron entrevistas, metas y uno a uno todos recibieron una recomendación para el templo. Una inesperada bendición vino cuando fueron invitados a ser el coro de una de las sesiones dedicatorias del Templo de Concepción, ¡ellos no lo podían creer!, dieron de su tiempo y sus esfuerzos para ensayos y reuniones, viajaron más de 500 kilómetros en una caravana de autos para quedarse juntos en la ciudad donde, en días posteriores, participarían de la dedicación de un templo para el Señor, el segundo templo de Chile.

La experiencia de la dedicación fue tan sublime y emocional para todos los asistentes que incluso un hermano de la estaca escribió posteriormente: “¿cómo pudieron cantar sin llorar?”, en Esdras leemos: “Y cantaban, alabando y dando gracias a Jehová: Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba con gran júbilo, alabando a Jehová, porque se habían echado los cimientos de la casa de Jehová”.2

Todos fuimos testigos de ese memorable momento, así como en la antigüedad. Esa experiencia de amor, esfuerzo y muchas horas como una ofrenda de tiempo tuvieron como consecuencia que tanto aquellos que ministraron como aquellos que recibieron esa ministración hallaron el gozo que viene de Dios; sus familias se fortalecieron a pesar de las pruebas que vinieron en sus vidas posteriormente, y se esfuerzan cada día para dar a otros lo que ellos mismos recibieron, enviando a sus hijos a misiones, sirviendo en el templo y en su barrio de todo corazón. Ellos son un ejemplo para mí y cada vez que puedo les hago saber cuánto les amo.

La ministración nos invita y enseña a concentrarnos en las personas por sobre las tareas que debamos realizar por ellos, de la misma forma nos invita a que la hagamos de forma sencilla mediante pequeños actos de bondad y amor por quienes se nos asigna bajo nuestro cuidado, comprendiendo que después de haber hecho nuestra parte, la relación personal que desarrolle nuestra hermana o nuestro hermano con el Señor hará posible tomar o restituir convenios sagrados que tienen que ver con la salvación y la vida eterna de cada uno.

El comparar nuestra forma de ministrar con la de otros podría desanimarnos. Haga lo mejor que pueda buscando revelación personal para encontrar maneras de ayudar a su prójimo, y por favor, ¡cuente sus bendiciones en el camino de su ministración!, comprenderá al poco andar que Jesucristo no está esperándolos al final del camino de sus esfuerzos por ministrar a otros para felicitarle o evaluarle, sino que comprenderá rápidamente que Él estuvo y está en todo momento a su lado, en sus subidas y en sus bajadas, porque ese es el carácter del Salvador del mundo, quien pagó por todos nuestros dolores y pesares.

Me siento bendecido por la oportunidad de ministrar a otros y representar al Señor en sus esfuerzos por “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”3. Sé que la fe crece en las personas cuando “escuchan el Evangelio de labios de los ministros autorizados y enviados por Dios”. Pablo enseñó: “¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?

“Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio de paz, de los que anuncian el evangelio de las buenas nuevas!”4. Al ministrar en estos tiempos acelerados, pongamos nuestra confianza en Aquel que tiene todas las cosas en Sus manos. No se afanen por las muchas cosas que tengan en sus vidas, antes bien elijan la buena parte y Él les ayudará con todo lo demás; elijan ministrar. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

  1. Jeffrey R. Holland, “Estar con ellos y fortalecerlos”, Liahona, mayo de 2018, 103.

  2. Esdras 3:11.

  3. Moisés 1:39.

  4. Véase Romanos 10:14–17.