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Recibir poder divino
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Recibir poder divino

Doctrina y Convenios 84

Ilustración por Bryan Beach.

“… en las ordenanzas [del Sacerdocio de Melquisedec] se manifiesta el poder de la divinidad” (Doctrina y Convenios 84:20).

Cómo progresar en la senda de los convenios

Las ordenanzas del sacerdocio que recibimos son más que una lista de cosas que hacer. Tad R. Callister, quien fue Presidente General de la Escuela Dominical, enseñó que “cada una da acceso a un poder divino” en nuestra vida1.

Actividad

Materiales necesarios: Lápiz, una hoja de papel con dos columnas tituladas “Nombre” y “Plan para la ordenanza siguiente o necesaria”2.

Instrucciones: Escriba el nombre de cada integrante de la familia y considere lo que les ayudará a prepararse para la siguiente ordenanza (incluida la Santa Cena). Por ejemplo, algunos padres podrían tener a un hijo que se esté acercando a la edad del bautismo, o puede que los adolescentes tengan a un hermano mayor que se esté preparando para recibir las ordenanzas del templo. Podrían llevar a cabo esta actividad en la noche de hogar y elaborar planes específicos para ayudarse el uno al otro a seguir avanzando en la senda de los convenios.

Bendiciones

Al recibir el poder de las ordenanzas del sacerdocio podemos llegar a ser más semejantes a Jesucristo. El don del Espíritu Santo nos iluminará la mente y nos ablandará el corazón para que pensemos y sintamos más como Él3. Además, al estar más plenamente conectados con el poder de Dios, su familia podrá superar incluso las pruebas más difíciles4.

Análisis

¿De qué manera ha traído más poder a su vida el hecho de participar en las ordenanzas? ¿Cómo puede ayudar a sus familiares a prepararse para que reciban su siguiente ordenanza?

Notas

  1. Tad R. Callister, “La expiación de Jesucristo”, Liahona, mayo de 2019, pág. 87.

  2. Véase la descripción de la sugerencia ofrecida por el élder David A. Bednar en Gary E. Stevenson, “Sus cuatro minutos”, Liahona, mayo de 2014, pág. 86.

  3. Véase Tad R. Callister, “La expiación de Jesucristo”, pág. 87.

  4. Véase Neil L. Andersen, “La prueba de vuestra fe”, Liahona, noviembre de 2012, pág. 40.