Liahona
Por qué guardo la Palabra de Sabiduría cuando repetidamente me enfrento a la tentación
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Por qué guardo la Palabra de Sabiduría cuando repetidamente me enfrento a la tentación

La autora vive en Utah, EE. UU.

Beber alcohol y tomar café era parte de la rutina diaria de mis compañeros de trabajo, por eso a menudo me sentía como una extraña. Pero recordar el porqué de la Palabra de Sabiduría me ayudó a permanecer firme.

Al crecer, a menudo estaba expuesta al alcohol, té y café, sobre todo cuando pasaba tiempo con mis otros parientes. Mi familia inmediata y yo somos los únicos miembros de la Iglesia de entre todos mis parientes y a veces me sentía desalentada y aislada cuando otros veían mis creencias con desprecio. Sin embargo, sabía que Dios era real, tenía fe en Su evangelio restaurado y en mis convenios bautismales, y sabía que Él quería que tomara buenas decisiones.

Cuando me mudé a Londres, Inglaterra, a los veintitantos años de edad, comencé a trabajar en un banco internacional. Todos allí dependían del té y del café para sobrellevar la jornada laboral en nuestra agitada planta de comercio. En mi segundo día de trabajo, mi gerente me hizo una taza de té. Le agradecí, pero le expliqué que no bebía té, por lo que rápidamente me ofreció café.

Sabía que solo intentaba ser amable, pero yo tenía la determinación de mantener mis normas. Aunque me sentí un poco incómoda, le expliqué con más detalle por qué no bebo té ni café, y tuve la oportunidad de compartir con ella algunas de mis creencias, incluso la Palabra de Sabiduría.

Fue una gran experiencia, pero otras situaciones similares no siempre marchaban tan bien.

Enfrentar la tentación

A medida que pasaba el tiempo, el estar rodeada por personas que normalmente bebían alcohol hizo que fuera más difícil para mí guardar mis normas. Ir a los bares con clientes y compañeros de trabajo era una situación en la que a menudo me encontraba. Me comencé a cansar de tener que dar explicaciones cuando rechazaba una bebida y a veces simplemente quería encajar.

No obstante, más que encajar, quería ser un ejemplo de una discípula de Jesucristo, así que aprendí algunas maneras que me ayudaran a resistir la tentación:

  1. Cada mañana oraba para pedir fortaleza para tomar decisiones correctas.

  2. A menudo escuchaba discursos de conferencias o himnos de camino al trabajo.

  3. En el espejo de mi baño coloqué mi Escritura favorita para leerla todos los días: “Sí, yo sé que nada soy; en cuanto a mi fuerza, soy débil; por tanto, no me jactaré de mí mismo, sino que me gloriaré en mi Dios, porque con su fuerza puedo hacer todas las cosas” (Alma 26:12).

  4. Pedí ayuda a mis compañeros de trabajo más cercanos para que me apoyaran cuando otras personas me ofrecieran “solo una bebida”. Ellos se daban cuenta cuando me sentía incómoda y amablemente intercedían y pedían “agua mineral con hielo” para mí, a fin de evitar que me sintiera fuera de lugar en esas reuniones.

  5. Trabajé con muchas personas de otras religiones que tenían principios similares. Me hice amiga de unos cuantos musulmanes practicantes y a menudo nos sentábamos juntos en los eventos del trabajo, ya que la unión hace la fuerza. El rodearme de personas afines que respetaban mis normas me ayudó enormemente (véase Eclesiastés 4:9–10).

  6. Me esforcé por centrarme en mi convenio bautismal de “recordarle siempre” (véase Doctrina y Convenios 20:77, 79), lo que me ayudó a sentir el Espíritu con más abundancia. Había prometido seguir a Dios y ser una discípula de Cristo, y el procurar recordar siempre al Salvador me sirvió para conservar una perspectiva eterna e infinita en los momentos finitos de tentación.

Recordar el fin más elevado

Sin embargo, lo que más me ha ayudado a resistir la tentación es saber que el Señor tiene un propósito más alto para que guardemos todos Sus mandamientos, incluso la Palabra de Sabiduría. Sé que ser obediente a los mandamientos ha bendecido siempre mi vida de muchas maneras. (Véase Doctrina y Convenios 82:10).

Me he dado cuenta de que la Palabra de Sabiduría es más que simplemente no beber alcohol ni otras bebidas fuertes. El Padre Celestial no dio ese mandamiento para ayudarnos a mantener una buena salud y desarrollar dominio propio, para protegernos de posibles adicciones paralizantes y otras consecuencias, y para permitirnos hallar sabiduría y conocimiento más grandes (véase Doctrina y Convenios 89).

He visto que cuando demostramos obediencia en las cosas sencillas que el Señor nos pide, nuestra capacidad y deseo de obedecer todos Sus mandamientos aumenta y podemos aprender a superar incluso tentaciones y desafíos más grandes (véase 2 Nefi 28:30).

Sé que el Padre Celestial me ama y que mediante Su fortaleza y la del Salvador, puedo superar la presión de grupo y la tentación. Siempre me acuerdo de Alma 7:11–12, que explica cómo el Salvador comprende todo lo que afrontamos: dolores, aflicciones e incluso tentaciones. Él sabe cómo “socorrer a su pueblo de acuerdo con las debilidades de ellos”.

Al confiar en Jesucristo para que me ayude en mis debilidades, he sentido Su fortaleza en mi vida y veo más plenamente que Él de verdad nos comprende. Y cuando enfrentamos tentaciones, Él está listo para ayudarnos a ver una perspectiva más amplia y escoger lo correcto. Todo lo que tenemos que hacer es recurrir a Él.