Liahona
Zapatillas de deporte en el templo
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Zapatillas de deporte en el templo

¿Me juzgarían los demás como yo había juzgado injustamente a otra persona?

Fotografía de Getty Images.

Durante una reunión del sacerdocio, observé que un miembro del cuórum llevaba pantalones de mezclilla y zapatillas de deporte. Me pregunté: “¿Por qué vendría a la Iglesia con ropa informal? ¿Está siendo rebelde? ¿Es duro de corazón? ¿No siente el Espíritu en su vida?”.

Si, en verdad, tuviera un testimonio vibrante, ciertamente mostraría más respeto por las reuniones y lugares sagrados.

Una semana después, mientras mi esposa y yo visitábamos a nuestra hija, quisimos ir al templo con ella. Al abrir la maleta, ¡me sorprendió descubrir que había olvidado mis zapatos de vestir! Como la sesión del templo empezaba pronto, no tenía tiempo de comprar un par nuevo, de modo que decidí ponerme las zapatillas de deporte.

Mientras me ponía las zapatillas, inmediatamente recordé la reunión del sacerdocio. Ahí estaba, preparándome para ir a uno de los lugares más sagrados de la tierra, vestido con zapatillas de deporte. Me pregunté qué pensarían los demás. ¿Me juzgarían por ser rebelde y duro de corazón o por mi falta del Espíritu o de un testimonio vibrante?

Estaba avergonzado de mi previo juicio rápido e injusto. ¿Quién era yo para cuestionar el testimonio de alguien por su ropa? No sabía nada de sus circunstancias.

El Salvador se centró en el progreso espiritual de todos los hijos de Su Padre. Como Él le recordó a Samuel: “Jehová no mira lo que el hombre mira, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7).

La ropa, la apariencia, la raza o el sexo de una persona no debería importar. Todos somos hermanos y hermanas. El hecho de que ese hermano estuviera asistiendo a la Iglesia debería haber sido el centro de mi atención.

Siempre debemos tratar de llevar nuestra mejor ropa cuando vamos a la Iglesia o al templo1. Sin embargo, no debemos juzgar a los demás por lo que llevan puesto, porque nunca sabemos cuáles son sus circunstancias.

Todos los que nos rodean realmente tienen un potencial divino. Debemos ofrecer un amor semejante al de Cristo a todos nuestros hermanos y hermanas sin importar su apariencia externa, ¡incluso si llevan zapatillas de deporte al templo!

Nota

  1. Véase Manual General: Servir en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 38.8.17, ChurchofJesusChrist.org.