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Profecía de guerra, receta para la paz
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Profecía de guerra, receta para la paz

Doctrina y Convenios 87

José vio en una revelación la Guerra Civil de Estados Unidos y otras calamidades, pero también recibió guía divina sobre como tener paz.

Grabado y fondo por Getty Images.

Hace años, después de pasar un día particularmente edificante y lleno de diversión celebrando la Navidad con mi familia, uno de mis hijos me miró y me preguntó: “¿Cuánto falta para que vuelva a ser Navidad?”.

Aunque estemos en agosto, muchos de nosotros, sea cual sea nuestra edad, podemos imaginar con facilidad y esperar con ansiedad las cosas que podríamos hacer y disfrutar el próximo 25 de diciembre.

A pesar de la inminente posibilidad de que haya una fatiga mundial debido a la prolongada amenaza del COVID-19, los problemas económicos y las divisiones políticas y culturales, es probable que la mayoría de nosotros dejemos a un lado esas cosas para disfrutar de lleno la celebración espiritual del nacimiento de nuestro Salvador. No obstante, dadas las circunstancias actuales, tal vez entendamos lo que ocupaba la mente de José Smith el 25 de diciembre de 1832.

Las preocupaciones dieron pie a la revelación

Conforme se acercaba el fin de año, el Profeta estaba alarmado por el aumento en “la aparición de problemas entre las naciones” (Doctrina y Convenios 87, encabezamiento de la sección). En particular, mencionó una pandemia mundial de cólera y la amenaza de la “inmediata disolución” de los Estados Unidos. En sus propias palabras, el estado de Carolina del Sur, por estar en desacuerdo con el rumbo y las políticas del gobierno federal, “aprobó leyes mediante las cuales declaraba su estado como una nación libre e independiente”1.

El 25 de diciembre de 1832, esas preocupaciones abrieron el corazón y la mente de José a una extraordinaria revelación que hoy conocemos como la sección 87 de Doctrina y Convenios. En la revelación se predijeron aspectos fundamentales de la Guerra Civil de Estados Unidos casi 30 años antes de su inicio. También dio una dirección clara y espiritual para todas las épocas de calamidad.

¿Observador o profético?

La revelación empieza con la advertencia de que los Estados Unidos pronto se verían atormentados por la guerra, comenzando con “la rebelión de Carolina del Sur” (versículo 1). En el conflicto que tuvo lugar a continuación, “los estados del sur se dividirán en contra de los del norte” (versículo 3).

Si ese fuera el alcance de la profecía, se podría decir que José Smith estaba siendo observador, no profético. En 1832 parecía que en Carolina del Sur ya había una rebelión y que la guerra estaba a punto de estallar.

Sin embargo, hay mucho más en esta profecía y en los acontecimientos en torno a ella.

A José se le dijo que:

  • El conflicto precedería a una guerra que se “derramar[ía] […] sobre todas las naciones” (versículo 3). A menos de 50 años de haber concluido la Guerra Civil, comenzó la primera de las dos guerras mundiales.

  • De todos esos conflictos “finalmente resultar[ían] la muerte y la miseria de muchas almas” (versículo 1). Hasta el día de hoy, en la Guerra Civil se perdieron más vidas estadounidenses que en todas las demás guerras combinadas que ha habido en el país2. El propio presidente de Estados Unidos, Abraham Lincoln, señaló lo siguiente en su segundo discurso de toma de posesión: “Ninguno de los partidos se esperaba una guerra, ni la magnitud y la duración que ya ha cobrado”3. Además, por sangrienta que haya sido la Guerra Civil, la cifra de muertes parece diminuta comparada con la de las dos guerras mundiales subsiguientes, en las cuales, la cantidad estimada de muertes fluctúa entre los 70 y los 160 millones4.

  • Los estados del sur “llamar[ían] a […] la Gran Bretaña” para pedir apoyo (versículo 3), y “después de muchos días […], los esclavos se sublevar[ían] contra sus amos, los cuales ser[ían] movilizados […] para la guerra” (versículo 4). Ambas cosas sucedieron5.

Sujeto al ridículo

Después de que pasó la crisis de 1832 con Carolina del Sur y antes del estallido de la Guerra Civil en 1861, casi nadie consideraba a José como “observador”. A él y a otras personas que creían en la revelación se les ridiculizaba.

El élder Orson Pratt (1811–1881), del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo que él predicó sobre esa profecía en todo el norte de Estados Unidos desde que tenía 19 años. Por lo general, su enseñanza se tomaba como un “total disparate” y la gente “se burlaba de él”. De manera específica, él observó una reacción en Kansas, donde muchos aseguraban que, si estallaba una guerra, sin duda comenzaría en ese lugar, donde las fuerzas a favor y en contra de la esclavitud a menudo entraban en un intenso conflicto que a veces se volvía sangriento.

No obstante, el élder Pratt declaró: “¡Porque he aquí!, con el tiempo [estos acontecimientos] sucedieron [como José lo había profetizado], demostrando nuevamente la divinidad de esta obra, y dando otra prueba de que Dios está en ella y está llevando a cabo lo que dijo”6.

La sección 87 —con una descripción detallada e infalible que se dio 30 años antes de los acontecimientos clave de la Guerra Civil y de lo que serían las guerras mundiales (entre otras) que pronto estallarían— es un poderoso testimonio de la naturaleza inspirada y del llamamiento profético de José Smith. No obstante, ofrece más detalles.

Permaneced en lugares santos

Grabado y fondo por Getty Images.

Además de las guerras que asolarían la tierra en los últimos días, a José también se le dijo de hambre, plagas, terremotos, truenos y violentos e intensos relámpagos que “se har[ían] sentir a los habitantes de la tierra” hasta que se habrían “destruido por completo a todas las naciones” (versículo 6). A fin de sobrevivir todo eso, el Señor da un mandamiento sumamente claro: “… permaneced en lugares santos y no seáis movidos, hasta que venga el día del Señor” (versículo 8).

Como lo explicó hace poco el élder Ronald A. Rasband, del Cuórum de los Doce Apóstoles: “Cuando permanecemos en lugares santos —nuestros hogares rectos, nuestras capillas dedicadas, los templos consagrados—, sentimos el Espíritu del Señor con nosotros. Encontramos respuestas a las preguntas que nos preocupan o la paz de simplemente dejarlas de lado. Ese es el Espíritu en acción. Estos lugares sagrados en el reino de Dios sobre la tierra requieren nuestra reverencia, nuestro respeto por los demás, lo mejor de nosotros mismos al vivir el Evangelio y nuestra esperanza para apartar nuestros temores y buscar el poder sanador de Jesucristo mediante Su expiación”7.

Sin embargo, como lo sugiere el élder Rasband, incluso en esos lugares tangibles de santidad, el cómo permanecemos es aún más importante que el dónde permanecemos. Debemos vivir siempre en la luz plena del Señor Jesucristo y de conformidad con ella. Si nos mantenemos inmutables al hacerlo, siempre permaneceremos en un lugar santo estemos donde estemos y pese a los peligros que nos rodeen.

Un lugar de seguridad

En 1942, en Kelsey, Texas, en el apogeo de la Segunda Guerra Mundial, un grupo de Santos de los Últimos Días se acercó al presidente Harold B. Lee (1899–1973), que en ese entonces era miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, y le preguntó: “¿Es este el día en que debemos irnos a Sion […] donde podemos ser protegidos de nuestros enemigos?”.

El presidente Lee tomó la pregunta con seriedad. Después de meditar, estudiar y orar por un tiempo, concluyó: “Sé que el lugar de seguridad en este mundo no está en ningún lugar determinado. No importa dónde vivamos, lo importante es cómo vivimos. Esta seguridad viene a Israel solamente cuando obedecemos los mandamientos, cuando gozamos del compañerismo, de la dirección, del consuelo, y de la guía personal del Espíritu Santo del Señor, cuando estamos dispuestos a escuchar a estos hombres a quienes Dios ha puesto para presidir como Sus portavoces, y cuando obedezcamos los consejos de la Iglesia”8.

Una guía para hallar paz

La sección 87 resultó ser sorprendentemente profética. Una profecía como esta debería ayudarnos a aumentar nuestra fe en Cristo y en Sus siervos escogidos. Necesitamos esa fe más que nunca porque esta revelación es también un solemne recordatorio de los posibles retos que nos aguardan en el futuro.

A medida que el mundo continúa escuchando de “guerras y rumores de guerras” (Doctrina y Convenios 45:26) y de toda una gama de desastres naturales y causados por el hombre, todos deberíamos estar agradecidos de que un festivo 25 de diciembre de 1832, un reflexivo e inspirado profeta de Dios se tomara el tiempo para escuchar y minuciosamente escribir las palabras de advertencia y el mandamiento de salvación dado por Jesucristo mismo. Un regalo de Navidad tan preciado como ese nos alienta de esta manera: “… tendrás gran consuelo y sentirás paz”9.

Notas

  1. Véase José Smith, “History, 1838–1856, volume A-1 [23 December 1805–30 August 1834]”, pág. 244, josephsmithpapers.org; se han estandarizado el uso de las mayúsculas y la puntuación. Para ver una explicación más amplia del contexto histórico de esta revelación, véase Scott C. Esplin, “‘Have We Not Had a Prophet Among Us?’: Joseph Smith’s Civil War Prophecy”, en Civil War Saints, editado por Kenneth L. Alford, 2012, págs. 41–59. Véase también la útil selección de documentos relacionados en A Companion to Your Study of the Doctrine and Covenants, 1978, tomo I, págs. 444–449; tomo II, págs. 277–278.

  2. Véase American Battlefield Trust, “Civil War Casualties”, battlefields.org; Guy Gugliotta, “New Estimate Raises Civil War Death Toll”, New York Times, 2 de abril de 2012, nytimes.com.

  3. Segundo discurso de toma de posesión de Abraham Lincoln, Biblioteca del Congreso, loc.gov/item/mal4361300.

  4. Véase Encyclopaedia Britannica, “World War II: Costs of the War”, Britannica.com.

  5. Para ver un análisis detallado de Gran Bretaña y la guerra, véase Amanda Foreman, A World on Fire: Britain’s Crucial Role in the American Civil War, 2010. Para obtener información sobre esclavos que lucharon, véase Archivo Nacional, “Black Soldiers in the U.S. Military during the Civil War”, archives.gov/education/lessons/blacks-civil-war.

  6. Véase Orson Pratt, en Journal of Discourses, tomo XVIII, pág. 224; tomo XIII, pág. 135.

  7. Ronald A. Rasband, “No os turbéis”, Liahona, noviembre de 2018, pág. 19.

  8. Harold B. Lee, en Conference Report, abril de 1943, pág. 129.

  9. “Siempre obedece los mandamientos” Himnos, nro. 197.