Liahona
Las bendiciones de conectarnos con los antepasados
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Las bendiciones de conectarnos con los antepasados

Mi difunta abuela me ayudó a aceptar el evangelio de Jesucristo y a obtener un testimonio de la obra de historia familiar.

A lo largo de mi vida, creía que debía haber un vínculo espiritual entre mis antepasados y yo.

Mis abuelos a menudo contaban historias y mostraban fotografías de mis antepasados, y yo me sentía más cerca de ellos cada vez que conversábamos al respecto. Aunque mi familia y yo no éramos miembros de la Iglesia, mi abuela me enseñó a orar a diario. A través de esas oraciones, comencé a creer en Dios y en la idea de que mis antepasados ​fallecidos de alguna manera seguían viviendo.

Día de todos los Santos

En Hungría celebramos una festividad el día después de Halloween (Noche de brujas), llamada Día de Todos los Santos. En esa ocasión, todos visitamos los cementerios donde están enterrados nuestros antepasados y seres queridos, colocamos flores en sus tumbas y encendemos velas para recordarlos y honrarlos.

Cuando era pequeña, me sentí privilegiada de tener una conexión aún más profunda con mis antepasados, ya que nací precisamente el Día de Todos los Santos. Siempre fue un día particularmente especial para mí.

Sin embargo, a veces me quejaba por tener que visitar a mis antepasados porque no quería pasar mi cumpleaños yendo a cementerios. No entendía qué tenía de especial visitar las mismas tumbas todos los años, especialmente cuando eran de antepasados​ a los que nunca había conocido.

Sin embargo, al crecer y obtener un testimonio del Evangelio, he llegado a conocer mucho más sobre el plan de felicidad de Dios y el carácter sagrado de la obra de historia familiar. Sé que todos pueden y deben atesorar a sus antepasados y esforzarse por tener una conexión profunda con esos miembros vitales de nuestras familias.

El deseo de ayudar a mi abuela

Conocí la Iglesia a comienzos de 2018. Me encantaban las enseñanzas de los misioneros, y no me sorprendió cuando me hablaron de la importancia de la obra de historia familiar y del templo. Ya sabía que era importante aprender y servir a los miembros de la familia que habían partido antes.

El élder Dale G. Renlund, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó:

“La obra del templo y de historia familiar no es solo para los muertos, sino que también bendice a los vivos […].

Esto es mucho más que una afición que se nos recomienda adoptar, ya que las ordenanzas de salvación son necesarias para todos los hijos de Dios”1.

Al escuchar eso, me sentí animada a seguir aprendiendo sobre el Evangelio y con el tiempo efectuar la obra del templo por mis antepasados y conectarme más con ellos.

El 1.º de noviembre de 2018, mi familia y yo visitamos la tumba de mi abuela. La había conocido bien a lo largo de mi vida y la extrañaba desde que había fallecido. Todavía estaba aprendiendo sobre la Iglesia en ese momento, y estaba bastante segura de que si mi abuela estuviera viva no habría aprobado mi interés en la Iglesia y lo habría desalentado. Ella había sido muy tradicional en su religión.

Por eso me sorprendí cuando, estando frente a su tumba y orando por ella, tuve la clara impresión de que ella ya conocía las verdades del evangelio de Jesucristo. Sentí que ella estaba orgullosa de mí porque tenía la oportunidad de vivir mi vida de acuerdo con el ejemplo del Salvador.

Quedé atónita.

Los misioneros recién me habían enseñado que aquellos que están al otro lado del velo tienen la oportunidad de aprender sobre el Evangelio si no tienen la oportunidad de aprender sobre él en la tierra (véase Doctrina y Convenios 138:22–24). De alguna manera supe que a mi abuela le habían enseñado esas verdades y que estaba lista para aceptar el Evangelio. Sabía que ella necesitaba mi ayuda para completar su obra en el templo.

Y para llevarla a cabo, yo misma necesitaba ser bautizada.

Por un tiempo, había estado considerando si realmente quería convertirme en miembro de la Iglesia de Jesucristo, y fue esa experiencia que tuve en la tumba de mi abuela lo que finalmente me llevó a fijar una fecha bautismal con los misioneros.

Un milagroso viaje al templo

Meses después, los jóvenes adultos solteros de la región donde vivía estaban planeando un viaje para visitar el Templo de Freiberg, Alemania, al año siguiente. Se nos desafió a preparar de antemano nombres de nuestras propias familias para llevarlos con nosotros.

A fin de recopilar información y registros, visité a muchos familiares y a un sacerdote en un pueblo donde habían vivido mis antepasados. También oré para pedir guía para encontrar a otros familiares que necesitaban que se hiciera la obra por ellos.

Al final, reuní y preparé unos 40 nombres de mi familia para bautizarme por ellos en mi primer viaje al templo. No obstante, había un antepasado en particular por quien estaba realmente emocionada.

El día que visitamos el templo, uno de mis amigos más queridos (que finalmente se convirtió en mi esposo) me tomó de la mano y me condujo a la pila bautismal para efectuar el bautismo de mi abuela, y cuando me sumergió en el agua y me levantó de nuevo, me invadió el sentimiento más cálido del Espíritu Santo.

Supe de inmediato que mi abuela estaba conmigo y que estaba agradecida de convertirse finalmente en miembro de la Iglesia. Estaba agradecida a ella por ayudarme comprender de verdad cuán importante es para nuestros antepasados la obra que llevamos a cabo en los templos.

Nos necesitamos el uno al otro

Estoy muy agradecida por esa experiencia con mi abuela, porque me confirmó lo que había sospechado toda mi vida: que nuestros antepasados y seres queridos que fallecieron siguen viviendo y que podemos fortalecer nuestras conexiones con ellos.

Podemos obtener fuerza, amor y muchas otras bendiciones de nuestros antepasados a medida que aprendemos sobre ellos, sentimos gratitud por ellos y realizamos ordenanzas sagradas por ellos en el templo.

Al invitar a los miembros de la Iglesia a dedicar más tiempo a la obra de historia familiar, el élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, prometió: “Si responden con fe a esta invitación, el corazón de ustedes se volverá a los padres […]. El amor y la gratitud que sienten hacia sus antepasados aumentará. Su testimonio del Salvador y su conversión a Él serán profundos y perdurables. Y les prometo que serán protegidos contra la creciente influencia del adversario”2.

Estoy eternamente agradecida por mi dulce abuela. No puedo esperar el día en que nos reunamos y pueda decirle cómo me ayudó a aceptar por completo el evangelio de Jesucristo. Sé que a medida que nos esforzamos por conectarnos con nuestros antepasados y por fortalecer nuestras relaciones con ellos, podemos fortalecer nuestra fe y acercarnos a Cristo.

Ellos nos necesitan y nos están esperando. Y nosotros también los necesitamos (véase Doctrina y Convenios 128:18).

Notas

  1. Dale G. Renlund, “La obra del templo y de historia familiar: Sellamiento y sanación”, Liahona, mayo de 2018, págs. 46–49.

  2. David A. Bednar, “El corazón de los hijos se volverá”, Liahona, noviembre de 2011, págs. 26–27.