2020
Ministrar de una manera más elevada y santa
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Mensaje de Área

Ministrar de una manera más elevada y santa

Cuando viajo a través del Área, me sorprendo al ver cuántos miembros fieles están cumpliendo con la solicitud del presidente Nelson de que ministremos a las personas individualmente en una manera más elevada y santa. En la Conferencia General de abril de 2018, él nos compartió su visión de la ministración: “… constantemente buscamos la dirección del Señor sobre cómo podemos ayudar a nuestros miembros a guardar los mandamientos de Dios, especialmente esos dos grandes mandamientos de amar a Dios y a nuestro prójimo”1.

Estoy agradecido de tener profetas, videntes y reveladores que buscan la guía del Señor para ayudarnos a guardar nuestros convenios a fin de que podamos volver a la presencia de nuestro Padre Celestial con nuestras familias.

Usualmente, prefiero compartir ejemplos específicamente del Área, pero, si me permiten, me gustaría compartir un ejemplo personal que me ha enseñado qué significa ministrar de una manera más elevada y santa. Recientemente, una querida amiga de nuestra familia, Linda Smith, falleció después de haber luchado contra el cáncer por años. Ella es el mejor ejemplo que he visto en mi vida sobre ministrar a otros, tal como el presidente Nelson enseñó, con “un esfuerzo mayor, más enfocado en amar y en cuidar realmente a otros”.

Mientras pensaba en el impacto que Linda ha tenido en mi vida y en la de muchos, muchos otros, vinieron a mi mente cuatro maneras en las que ella ministró, que realmente hicieron la diferencia.

  1. Enfocarse: Se centraba siempre en los demás y nunca en cómo ella podría ganar o beneficiarse. Su enfoque estaba puesto en bendecir a otras personas y ayudarlas a experimentar un cambio en el corazón (Alma 5:14).

  2. Deseo justo: Ella quería simplemente que los demás se sintieran amados. Su deseo era ayudar a otros a entender que ellos son hijas e hijos de un amoroso Padre Celestial. Ella enseñó las doctrinas que se encuentran en “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, para asegurarse de que todos pudieran sentir el consuelo de tener un amoroso Padre Celestial.

  3. Amorosa bondad: Nunca escuchamos una palabra poco amable de Linda. Cada comentario y cada expresión fue de amor puro y estímulo positivo. Nunca escuchamos una palabra negativa ni crítica. Literalmente, nunca. Ella trató de elevar a los demás para que pudieran ver su verdadero potencial (Proverbios 31:26).

  4. Testimonio: No podemos ministrar como el Señor desea sin completa fe y conocimiento del Plan de Salvación. Cada acto y cada palabra de Linda testificaba de su creencia en el gran plan de felicidad y en cómo todos podemos, como familias y amigos, regresar a vivir con nuestro Padre Celestial (2 Nefi 9:13).

Cuando pienso en cómo puedo ministrar de una manera más elevada y santa, pienso en mi dulce amiga Linda. Me da consuelo saber que podemos ayudar a que otros se sientan amados, edificados, y bendecidos tal como Linda lo hizo con nuestra familia. Creo que la clave es ministrar sin importar el resultado que podamos ver. Si seguimos los susurros del Espíritu, que siempre vienen con la amorosa ministración, seremos inspirados a enfocarnos en qué es lo que las personas necesitan para experimentar su propio cambio en el corazón y sentir el amor eterno de nuestro Padre Celestial.

Ruego que puedan pensar en estos cuatro puntos y orar a nuestro Padre Celestial para saber cómo y a quién podemos ministrar de una manera más elevada y santa.