2020
Rachel Lighthall—California, EE. UU.
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Tema

Retratos de fe

Rachel Lighthall

California, EE. UU.

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Al caminar por las cenizas y los escombros del lugar donde Rachel vivía, por supuesto que uno se da cuenta de que todo se ha perdido; pero incluso después del incendio que destruyó Paradise, California, se puede ver la fe que manifiesta Rachel mientras habla de cómo ha visto la mano de Dios en su vida.

Richard M. Romney, fotógrafo

Estamos acostumbrados a los incendios de esta región, así que cuando esa mañana vi que el cielo se oscurecía por el humo, no me preocupé demasiado. Hacía relativamente poco tiempo que me había trasladado a ese lugar, pero a las personas que han vivido en Paradise desde hace mucho tiempo, especialmente aquellos que viven en los cañones, se les ha tenido que evacuar en otras ocasiones.

Esta vez, sin embargo, los fuertes vientos arrastraron el fuego de manera tan rápida que los funcionarios del pueblo subestimaron por completo el tiempo que le tomaría llegar hasta donde estábamos. La mayoría de nosotros no teníamos idea de lo que estaba sucediendo hasta que el pueblo ardía por todas partes. En menos de una hora, nuestra situación pasó de estar “un poco preocupados” a: “¡Emergencia! ¡Salgan!”.

La evacuación fue caótica y rápida. La mayoría de las personas tuvieron que conducir a través del fuego para salir del pueblo. A medida que conducía con mis hijos, había humo por doquier. Las brasas habían volado por todo el pueblo causando incendios por todos lados. Mucha gente se fue, dejando sus casas o las casas de sus vecinos en llamas. Yo no sabía si nuestra casa sería destruida o no.

Mientras conducíamos, tuve una conversación con Dios. Oré para que saliéramos a salvo y que nuestra casa fuese preservada. Solo habíamos estado en nuestra casa unos dos años. Como familia, trabajamos juntos para renovarla. Mi esposo y mis hijos me ayudaron a reconstruir las encimeras de la cocina y los pisos. La llamamos nuestra “cabaña en el bosque”. Amaba mi casa, pero intenté ser lo suficientemente fuerte como para someter mi voluntad a la voluntad de Dios.

Unos días más tarde, descubrimos que nuestra casa ya no existía. La habíamos hecho hermosa, y ahora se había quemado. Pero al mirar atrás, el tiempo que pasamos en nuestra casa fue sumamente maravilloso. Estoy muy agradecida de que Dios le haya dado a nuestra familia ese tiempo en esa casa.

Una de las cosas más hermosas que he visto y escuchado como resultado de ese incendio son los testimonios de personas que tienen lo que yo llamo “gran fe”. Esas personas vieron cómo Dios estaba en los detalles de su vida. Una “gran fe” como esa no es algo que se pueda obtener de la noche a la mañana; lleva mucho tiempo edificarla.

Me recuerda la parábola de las diez vírgenes. Si la persona no tiene su lámpara llena, el momento de recurrir a Dios es antes de la crisis. Cuando ocurren desastres como ese incendio, ese no es el momento de comenzar a llenar su lámpara. Es como cuando uno sube al auto y le pide a sus hijos que se pongan el cinturón de seguridad. Imagínense que dijeran: “No necesito el cinturón de seguridad. Cuando te escuche gritar, me lo abrocharé”. En una crisis, nunca tendrían tiempo.

Después del incendio, he notado que las personas de este lugar que tienen “aceite en sus lámparas” no han sufrido tanto. Aún se lamentan, todavía tienen desafíos, pero siguen creyendo que Dios se preocupa por ellos y que está en los detalles de su vida. Saben que Dios es lo suficientemente poderoso como para haber podido salvar su casa del fuego, pero tampoco se enojan cuando las cosas no son justas. Aceptan Su voluntad. A eso lo llamo tener “gran fe”.

Todos los que creen en Dios han visto Su mano en este incendio. Es probable que uno no pueda demostrarle a alguien que hay un Dios debido a un gran milagro, pero Dios ha llevado a cabo un millón de pequeños milagros aquí en Paradise. Si uno cree en Dios, puede ver Su mano en todas partes. A pesar de que ha sido difícil, también ha sido milagroso. Dios nos ha ayudado a aprender exactamente lo que necesitamos aprender.

El tener “gran fe” no libró a nadie de tener que lamentar sus pérdidas. Una de las cosas más difíciles de toda esta experiencia es ver el dolor de las personas a las que amo. Tal vez me he compadecido más por ellos que por mi propia situación. Sí, ha sido difícil para mi familia, y perdimos mucho, pero también ganamos mucho.

Los miembros de la Estaca Chico, California, hicieron mucho por servir a los afectados por el incendio. Cada persona que acudió al centro de estaca el día de la evacuación recibió alojamiento en cuestión de horas por parte de otros miembros de la estaca. Nos acogieron en sus hogares y nos ayudaron a obtener las cosas que necesitábamos. También me sorprendieron las donaciones de todo tipo que recibimos de miembros de la Iglesia de todo el mundo. Hemos sido bendecidos y apoyados, y podemos sentir su amor. Es maravilloso ser Santo de los Últimos Días. ¡Voy a proclamarlo a toda voz!

Cuando ocurrió el incendio, oré mucho porque era necesario pasar por el proceso de llorar nuestras pérdidas y tenía que enseñar a mis hijos cómo hacer lo mismo. Dios tenía algunas cosas hermosas que enseñarme. Aprendí la importancia de “llorar mis pérdidas de buena manera”. Lo que eso significa para mí es que uno no permite que su pena lo lleve a la depresión ni a tener miedo; uno no permite que sus pensamientos sean de ira o de vergüenza, sino que uno llora su pérdida como Dios lo haría. De esa manera, el duelo es hermoso y curativo; se percibe más como amor.

En esta situación, el mayor desafío es lo desconocido; para todos, surgen más preguntas que respuestas. No sabemos con cuánta rapidez se podrá reconstruir Paradise, o si se podrá lograr hacerlo, por la increíble cantidad de destrucción y pérdidas.

Dios ha obrado en mí durante años a fin de prepararme para esta situación. He tenido otros “desastres” en mi vida que me han ayudado a saber que Dios está guiando hermosamente mi vida.

No hay nada difícil por lo que atraviese que no tenga un propósito y un significado perfectos y hermosos. Me he dado cuenta de que cuando he permitido que Dios me enseñe, siempre he aprendido de mis desafíos. Dios nos permite pasar por estas pruebas para que podamos llegar a confiar en Él y amarlo. Sé que cuando las cosas se ponen difíciles, Él siempre está ahí.

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Rachel mira los restos de lo que una vez fue su hogar. “El tiempo que pasamos en nuestra casa fue sumamente maravilloso”, dice. “Estoy muy agradecida de que Dios le haya dado a nuestra familia ese tiempo en esa casa”.

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El edificio del Barrio Paradise Uno, que una vez fue un lugar de adoración, de estudio del Evangelio y de actividades, ahora es un montón de escombros. No obstante, los miembros han sentido el apoyo de los santos de todo el mundo. “Podemos sentir su amor”, dice Rachel. “Es maravilloso ser Santo de los Últimos Días. ¡Voy a proclamarlo a toda voz!”.

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“Todos los que creen en Dios han visto Su mano en este incendio”, afirma Rachel. “A pesar de que ha sido difícil, también ha sido milagroso. Dios nos ha ayudado a aprender exactamente lo que necesitamos aprender”.

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Cada uno de los miembros de la familia Lighthall sostiene un artículo recuperado de las cenizas de su hogar, los cuales son un recordatorio de las bendiciones de Dios. Hablando del incendio, Rachel dice: “Sí, ha sido difícil, y perdimos mucho; pero también ganamos mucho”.