2020
Cómo motivar a la nueva generación
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Cómo motivar a lanueva generación

La autora vive en Utah, EE. UU.

A continuación, se describen cuatro formas de ayudar a sus hijos aestablecer y lograr metas importantes para progresar como el Salvador.

Hands Helping Woman

Ilustraciones por David Green

Los padres y los líderes deseamos contribuir a que los niños y los jóvenes se conviertan en discípulos de Jesucristo para toda la vida, y a que sientan la motivación interior de servir al Señor y de llevar a cabo sus misiones personales.

La iniciativa Niños y jóvenes es un sencillo pero potente conjunto de recursos para ayudar a los niños y a los jóvenes a progresar espiritual, social, física e intelectualmente, como lo hizo el Salvador (véase Lucas 2:52). Eso es posible si ellos aprenden el evangelio de Jesucristo y lo viven, si participan en servicio y actividades edificantes y emocionantes, y si establecen metas y las logran. No obstante, como los padres del relato que aparece a continuación, quizás nos sintamos ya agobiados sin agregar las metas de otra persona a nuestra lista; o tal vez nos preocupe la idea de que nuestros hijos no progresarán a menos que los empujemos.

Conversación sobre el establecimiento de metas, ejemplo 1:

Alana, de quince años, se sentó con Rachel, su mamá, a revisar una lista de posibles metas que podría tratar de lograr. En ese momento Jeff, su padre, pasó por allí. “¿Cuál de estas metas debería escoger, papá?”, le preguntó Alana.

Jeff miró su reloj haciendo una mueca disimulada, y echó una mirada a la lista. “Mm”, dijo. “Pienso que esta es fácil. ‘Memorizar un himno’, ¿qué te parece? Podrás marcarla muy pronto como lograda. ¿Qué otra sería fácil?”.

Rachel intervino de inmediato, al recordar lo renuente que había estado Alana de presentarse a la prueba para el equipo de atletismo de la escuela. “En realidad, ¡tal vez lo que necesites sea algo más difícil! ¿Qué te parece algo con ejercicios?”, le preguntó.

“¡Uf!”, masculló la joven, al extender la mano para alcanzar su teléfono. “Creo que ya me cansé”.

¿Qué deben hacer los padres y los líderes para ayudar?

Los padres y los líderes pueden hacer mucho por contribuir a que los niños y los jóvenes se motiven ellos mismos para adoptar buenos valores, tomar decisiones correctas y disfrutar tanto de su progreso como de sus logros.

Piensen en un momento de su vida en el que hayan estado sumamente motivados para lograr una meta. ¿Qué les motivó? Es probable que hayan visto una oportunidad, deseado desarrollar una habilidad o afrontado un problema que debían resolver, y el ejemplo y apoyo de otras personas les hayan inspirado para intentarlo.

Del mismo modo, los niños y los jóvenes sentirán más fuerte esa motivación interior si (1) deciden por medio de la oración lo que quieren lograr (no lo que otros quieran para ellos); (2) preparan un plan para lograrlo; (3) no se dejan influenciar demasiado por premios ni castigos; y (4) sienten que sus padres y líderes los apoyan.

1. Ayúdenles a darse cuenta de qué es lo que más desean

Todos deseamos algo: ser seleccionados para el equipo, dormir más, sentirnos menos solos, estar más cerca de Dios. El Señor y Sus mensajeros a menudo preguntan a las personas qué es lo que ellas desean (véanse Marcos 11:24; 1 Nefi 11:1–2; Alma 18:15; 3 Nefi 27:1–2; Éter 2:23–25). Pero, el saber qué es lo que más deseamos, no solo lo que queremos en el momento, requiere experiencia e introspección.

Cuando piensen en un niño o joven al que deseen ayudar, pregúntense:

  • ¿De qué manera puedo presentarle nuevas experiencias, valores e ideas en el contexto de relaciones interpersonales y diversión positivas?

  • ¿Debo dejarle sufrir las consecuencias de decisiones equivocadas para que sienta el deseo de tomar otras mejores?

  • ¿Cuándo sería un buen momento para preguntarle en qué cree y qué valora? (Véase la lista “Preguntas útiles y esclarecedoras”, en este artículo).

  • ¿Qué le digo para señalar sus puntos fuertes? (Prueben esto: “He notado que eres muy bueno(a) para ________________. ¿Cómo utilizarías ese talento para servir al Señor?”).

2. Colaboren con ellos para preparar un plan

Una vez que se fijan una meta, los jóvenes son bastante buenos para preparar un plan; es posible que los niños necesiten más ideas. Ofrézcanles sugerencias solo cuando ellos ya no tengan más ideas que aportar; pero si ellos prefieren sus propias ideas, ¡muéstrense entusiasmados, no a la defensiva!

Para ayudarles a preparar un plan, podrían preguntarles:

  • ¿Cuál es tu meta? (Las metas imprecisas, como “Ser más amable”, son difíciles de definir a menos que incluyan acciones específicas como “Decir algo agradable a alguien todos los días” o “Pedir disculpas cuando me haya enojado”).

  • ¿Por qué es importante para ti esa meta? (¿Cómo le ayudará a vivir de conformidad con sus valores o a llegar a ser más parecido(a) al Salvador?).

  • ¿Es este un buen momento para hacer un esfuerzo por lograrla? (¿Por qué sí o por qué no?).

  • ¿Cuál sería un paso sencillo y fácil para comenzar? (Háganle recordar que la acción estimula la motivación; ayúdenle a comenzar, o a recomenzar, con algo elemental y sencillo).

  • ¿Qué pasos te ayudarían a apoyar el plan? (Consideren: ponerse recordatorios y notas de ánimo, hacer una gráfica o calendario para marcar el progreso, eliminar tentaciones, conseguir los instrumentos o herramientas adecuados, o pedir ayuda).

  • ¿Qué obstáculos pueden presentarse en tu camino? ¿De qué manera podrías hacerles frente? (Ayúdenles a recordar el plan, a despertar su curiosidad a fin de descubrir por qué algo no salió bien, a practicar más lo que sea difícil, a tratar una nueva táctica o a adaptar la meta).

Para ayudar a los demás en sus contratiempos, podrían contarles experiencias propias o de familiares en las que enfrentaron pruebas y persistieron en el esfuerzo. También podrían preguntarles:

  • ¿Qué has hecho para lograr la meta? ¿Qué otra cosa te parece que podrías hacer?

  • ¿Quién puede ayudarte? ¿De qué manera puedo ayudarte?

  • Cuando oras al respecto, ¿qué ideas se te ocurren?

3. Sean prudentes con los premios o los castigos

Las pequeñas recompensas pueden motivar a las personas a intentar algo nuevo, hacer que una tarea difícil sea más agradable o celebrar un éxito; sin embargo, si se exageran, es posible que los premios en realidad debiliten la motivación. Si se remunera a las personas que disfrutan de una tarea, llegarán a la conclusión de que no vale la pena hacerla solo por la recompensa, y muchas veces harán menos y no más. Y aunque los niños deben sufrir las consecuencias de las decisiones equivocadas, por otra parte llegarán a temer y a evitar a las personas que los castiguen en lugar de asimilar buenos valores.

Por supuesto, la gente espera que se le pague en su trabajo, donde las bonificaciones o reconocimientos pueden también denotar una labor bien realizada; pero cuando se trata de vivir el Evangelio y de lograr metas personales, a la larga las recompensas interiores son las más motivadoras. Entre las recompensas interiores están:

  • Sentir el Espíritu.

  • Sentir que se tiene una fuerte relación con padres, líderes y amigos.

  • Vivir de acuerdo con sus valores.

  • Aprender, intentar cosas nuevas y resolver dificultades.

  • Divertirse.

  • Ejercer influencia en cambios para el bien.

Ayuden a los jóvenes a reconocer y valorar esas recompensas interiores. Y, de vez en cuando, ¡ofrezcan una pequeña recompensa para celebrar una labor bien hecha!

4. Den pie a que los jóvenes sientan su amor

La relación en la que se demuestra amor es una de las formas más importantes de influir en los valores, las metas y la motivación de los demás. ¿Cómo les han comunicado las personas a ustedes que verdaderamente los aman y los aprecian? ¿Cómo deciden ustedes con quién pueden ser sinceros sobre los errores que han cometido y las luchas que han afrontado? Si en realidad no se sintieron amados en su hogar, ¿qué piensan que necesitaron que no obtuvieron?

Sus respuestas les ayudarán a saber cómo comunicar a los jóvenes que los aprecian y que están seguros con ustedes.

Con la práctica y la ayuda del cielo, podemos motivar e influir a la nueva generación.

Conversación sobre el establecimiento de metas, ejemplo 2:

Alana, de quince años, se sentó con Rachel, su mamá, a revisar una lista de posibles metas que ella pudiera esforzarse por lograr. En ese momento Jeff, su padre, pasó por allí. “¿Cuál de estas metas debería escoger, papá?”, le preguntó Alana.

Jeff miró su reloj haciendo una mueca disimulada, y echó una mirada a la lista. “Mm”, dijo. “Pienso que esta es fácil. ‘Memorizar un himno’, ¿qué te parece? Podrás marcarla muy pronto como lograda. ¿Qué otra sería fácil?”.

Jeff hizo una pausa; algo le inquietaba, por lo que se tomó tiempo para pensar de qué se trataba.

Se me hace tarde, pensó. Lo que quiero es terminar esta conversación. La verdad es que no soy muy bueno en esta cuestión de ser padre. Mm… Miró a su hija y se dio cuenta de que también sentía otras emociones: Esperanza. Dicha. No se trataba solo de marcar una lista, sino del progreso de la joven; y esa era una oportunidad de conectarse con ella. Le contestó, con una amplia sonrisa:

“¿Por qué no dedicamos un momento a pensar sobre esto?”, le dijo. “¿Qué les parece si cada uno de nosotros escribe lo que se haya sentido inspirado a hacer últimamente?”.

“Mm, está bien”, contestó Alana. La mamá buscó lápices y papel, y pasaron unos minutos pensando y escribiendo.

“Bueno”, dijo Rachel. “¿Y ahora qué hacemos?”.

Alana se acordó de algo: “Creo que teníamos que orar al respecto y luego elegir una meta y hacer un plan para lograrla. Pero papá, ¿de verdad crees que al Padre Celestial le importa qué meta elija?”.

Jeff lo pensó. “Tú tienes muchas ideas buenas, así que es posible que el Padre Celestial solo quiera que elijas una para empezar. Pero de una cosa estoy completamente seguro, y es de que tú eres importante para Él”.

“Sé que deseas emplear tus dones para lograr una diferencia”, dijo Rachel, “por lo que si una de estas es más importante, estoy segura de que el Padre Celestial hará que lo sientas así”.

Alana sonrió al recordar: “El presidente Nelson pidió a los jóvenes que hiciéramos una evaluación minuciosa de nuestra vida. ¿Puedo ir a buscar lo que escribí?”.

“¡Claro!”, dijo Jeff, sonriendo. Otra vez miró el reloj. “¡Uy, tengo que correr! Busca lo que escribiste y hablaremos a la hora de la cena, ¿está bien? Tengo algunas preguntas que pueden ser útiles”.

“¡Fantástico!”, contestó ella, devolviendo la sonrisa. “Y papá, mamá. ¡Muchas gracias!”.