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Recomendados al Señor
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Recomendados al Señor

Comiencen ahora el proceso para llegar a ser “recomendados al Señor”, para que Su Espíritu esté con ustedes en abundancia.

Buenos días, hermanos y hermanas. Como discípulo de nuestro Salvador Jesucristo, he esperado con anhelo la oportunidad de reunirnos de manera virtual desde todos los rincones del mundo para esta conferencia.

Este ha sido un año de lo más inusual. Para mí, comenzó con una asignación de la Primera Presidencia de dedicar al Señor un santo templo en Durban, Sudáfrica. Nunca olvidaré la grandiosidad del edificio, pero más que el entorno, atesoraré por siempre la dignidad de las personas que estaban tan bien preparadas para entrar en ese sagrado edificio. Llegaron listas para participar de una de las bendiciones supremas de la Restauración: la dedicación de una Casa del Señor. Llegaron con corazones llenos de amor por Él y por Su expiación; llegaron rebosantes de gratitud hacia nuestro Padre Celestial por proporcionar las ordenanzas sagradas que llevan a la exaltación; llegaron dignas.

Los templos, sin importar dónde se encuentren, se elevan por encima de los caminos del mundo. Todos los templos Santos de los Últimos Días en el mundo —los 168— se erigen como testimonios de nuestra fe en la vida eterna y del gozo de vivirla con nuestra familia y nuestro Padre Celestial. La asistencia al templo aumenta nuestra comprensión de la Trinidad y del Evangelio sempiterno, de nuestro compromiso de vivir y enseñar la verdad, y de nuestra disposición a seguir el ejemplo de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

En el exterior de cada templo de la Iglesia se encuentran las apropiadas palabras “Santidad al Señor”. El templo es la Casa del Señor y un santuario para resguardarse del mundo. Su Espíritu envuelve a quienes adoran dentro de esas paredes sagradas. Él establece las normas por las cuales entramos como Sus invitados.

Mi suegro, Blaine Twitchell, uno de los mejores hombres que he conocido, me enseñó una gran lección. La hermana Rasband y yo fuimos a visitarlo cuando se aproximaba al fin de su trayecto terrenal. Cuando entramos en la habitación, su obispo estaba a punto de irse. Al momento de saludar al obispo, pensé: “Qué obispo tan agradable. Se encuentra aquí ministrando a un miembro fiel de su barrio”.

Le dije a Blaine: “Qué amable de parte del obispo venir a visitarte”.

Blaine me miró y respondió: “Fue mucho más que eso. Le pedí que viniera porque deseaba tener mi entrevista para la recomendación para el templo. Deseo irme recomendado al Señor”. ¡Y lo hizo!

La frase “recomendado al Señor” ha permanecido conmigo; le ha dado una perspectiva completamente nueva al hecho de ser entrevistados con regularidad por nuestros líderes de la Iglesia. La recomendación para el templo es tan importante que, en los primeros días de la Iglesia y hasta 1891, el Presidente de la Iglesia firmaba todas las recomendaciones1.

Ya sean jóvenes o adultos, su entrevista para la recomendación para el templo no tiene que ver con qué hacer y qué no hacer. La recomendación no es una lista de verificación, un permiso o un boleto para conseguir asientos especiales; tiene un propósito mucho más elevado y santo. A fin de ser merecedores del honor de tener una recomendación para el templo, deben vivir en armonía con las enseñanzas de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

En la entrevista, tienen la oportunidad de examinar su alma con respecto a su fe personal en Jesucristo y Su expiación. Tienen la bendición de expresar su testimonio del Evangelio restaurado; su disposición a sostener a quienes el Señor ha llamado para dirigir Su Iglesia; su fe en la doctrina del Evangelio; el cumplimiento de sus responsabilidades familiares; y sus cualidades de honradez, castidad, fidelidad, obediencia y observancia de la Palabra de Sabiduría, la ley del diezmo y la santidad del día de reposo. Esos son principios fundamentales de una vida dedicada a Jesucristo y a Su obra.

Su recomendación para el templo refleja la intención profunda y espiritual de que se están esforzando por vivir las leyes del Señor y de amar lo que Él ama: la humildad, la mansedumbre, la constancia, la caridad, el valor, la compasión, el perdón y la obediencia. Y ustedes se comprometen a vivir esas normas cuando firman ese documento sagrado.

Su recomendación para el templo abre las puertas del cielo para ustedes y para otras personas con ritos y ordenanzas de significado eterno, entre ellas bautismos, investiduras, matrimonios y sellamientos.

Al ser “recomendados al Señor” se nos recuerda lo que se espera de un Santo de los Últimos Días que guarda sus convenios. Mi suegro, Blaine, lo veía como una valiosa preparación para el día en que se presentara humildemente ante el Señor.

Piensen en la ocasión en que Moisés subió al monte Horeb y el Señor Jehová apareció ante él en una zarza ardiente. Dios le dijo: “Quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás tierra santa es”2.

El quitarse los zapatos en la puerta del templo implica despojarse de los deseos o placeres mundanos que nos distraen de nuestro crecimiento espiritual, dejar de lado aquellas cosas que nos desvían de nuestra preciada vida terrenal, elevarnos por encima de un comportamiento contencioso y dedicar tiempo a ser santos.

Por designio divino, nuestro cuerpo físico es una creación de Dios, un templo para nuestro espíritu y al que se debe tratar con reverencia. Son muy ciertas las palabras de la canción de la Primaria: “Mi cuerpo es un templo que siempre he de cuidar”3. Cuando el Señor se apareció a los nefitas, Él mandó: “… que seáis santificados por la recepción del Espíritu Santo, a fin de que en el postrer día os presentéis ante mí sin mancha”4. “¿Qué clase de hombres habéis de ser?”, preguntó el Señor y luego respondió: “Aun como yo soy”5. Para ser “recomendados al Señor“ debemos esforzarnos por ser como Él.

Recuerdo cuando escuché al presidente Howard W. Hunter en su primer discurso de conferencia general como décimo cuarto Presidente de la Iglesia. Él dijo: “Lo que deseo de todo corazón es que todos los miembros de la Iglesia sean dignos de entrar en el templo. Complacería mucho al Señor que todo miembro adulto fuera digno de recibir una recomendación para el templo y obtuviera una”6. Yo agregaría que una recomendación de uso limitado establecerá una senda clara para nuestros preciados jóvenes.

El presidente Nelson recordó las palabras del presidente Hunter: “Ese día, 6 de junio de 1994, la recomendación para el templo se convirtió en un objeto diferente en mi billetera. Antes de eso, era un medio para lograr un fin. Era el medio que me permitía entrar a una sagrada Casa del Señor, pero luego de que él hiciera esa declaración, se convirtió en un fin en sí mismo. Se convirtió en mi símbolo de obediencia a un profeta de Dios”7.

Si aún no han recibido una recomendación o si esta ha caducado, pónganse en fila frente a la puerta del obispo tal como hicieron los primeros santos frente a la puerta del Templo de Nauvoo en 18468. Mis antepasados se encontraban entre esos fieles. Estaban abandonando su hermosa ciudad y dirigiéndose al oeste, pero sabían que en el templo les esperaban experiencias sagradas. Sarah Rich, al referirse al escarpado sendero de Iowa, escribió: “De no haber sido por la fe y el conocimiento que se nos impartió en ese templo […], nuestro viaje habría sido como […] dar un salto al vacío”9. Eso es lo que nos perdemos si vamos por esta vida solos, sin la inspiración y la paz que se prometen en el templo.

Comiencen ahora el proceso para llegar a ser “recomendados al Señor” para que Su Espíritu esté con ustedes en abundancia y Sus normas les brinden “paz de conciencia”10.

Los líderes de los jóvenes, el presidente del cuórum de élderes, la presidenta de la Sociedad de Socorro y los hermanos y las hermanas ministrantes les ayudarán a prepararse, y su obispo o presidente de rama los guiará con amor.

Hemos estado viviendo una época en la que los templos han estado cerrados o se limitó su uso. Para el presidente Nelson y para quienes servimos junto a él, la decisión inspirada de cerrar los templos fue “dolorosa” y “llen[a] de preocupación”. El presidente Nelson se preguntó: “¿Qué le diría al profeta José Smith? ¿Qué le diría a Brigham Young, a Wilford Woodruff y a los otros presidentes hasta el presidente Thomas S. Monson?”11.

Ahora, de manera gradual y con gratitud estamos reabriendo los templos para sellamientos e investiduras a una escala limitada.

Sin embargo, la condición de ser dignos de asistir al templo no se ha suspendido. Permítanme recalcar que, ya sea que tengan acceso al templo o no, necesitan una recomendación vigente para el templo para permanecer firmes en la senda de los convenios.

A fines del año pasado, la hermana Rasband y yo nos encontrábamos en una asignación en Nueva Zelanda hablando a un grupo numeroso de jóvenes adultos solteros. No tenían acceso fácil a un templo; el de Hamilton se estaba renovando y aún estaban esperando la ceremonia de la palada inicial del templo en Auckland. Sin embargo, tuve la impresión de que debía animarlos a renovar o a recibir una recomendación para el templo.

Aun cuando no podían presentarla en el templo, estarían presentándose a sí mismos ante el Señor puros y preparados para servirle. El ser dignos de poseer una recomendación vigente para el templo es tanto una protección del adversario, porque han hecho un firme compromiso con el Señor con respecto a la vida de ustedes, así como una promesa de que el Espíritu estará con ustedes.

Llevamos a cabo la obra del templo cuando buscamos a nuestros antepasados y enviamos sus nombres para que se efectúen las ordenanzas por ellos. Mientras nuestros templos han estado cerrados, todavía hemos podido buscar los datos de nuestros familiares. Con el Espíritu de Dios en nuestro corazón, actuamos de manera vicaria, en representación de ellos para que sean “recomendados al Señor”.

Cuando trabajaba como director ejecutivo del Departamento de Templos, escuché al presidente Gordon B. Hinckley referirse a un pasaje de las Escrituras que pronunció el Señor acerca del Templo de Nauvoo: “Continúese sin cesar la obra de mi templo, así como todas las obras que os he señalado; y redóblense vuestra diligencia, perseverancia, paciencia y obras, y de ningún modo perderéis vuestro galardón, dice el Señor de las Huestes”12.

Nuestra obra en el templo está vinculada a nuestra recompensa eterna. Recientemente se nos ha puesto a prueba. El Señor nos ha llamado a trabajar en los templos con “diligencia, perseverancia [y] paciencia”13. El ser “recomendados al Señor” requiere esas cualidades. Debemos ser diligentes en vivir los mandamientos; perseverar en dar atención a nuestros convenios del templo y estar agradecidos por lo que el Señor continúa enseñándonos acerca de ellos; y ser pacientes mientras esperamos que se reabran los templos en su plenitud.

Cuando el Señor nos llama a “redoblar” nuestros esfuerzos, nos está pidiendo que aumentemos en rectitud. Por ejemplo, podemos extender nuestro estudio de las Escrituras, la investigación de nuestra historia familiar y nuestras oraciones de fe para que podamos compartir nuestro amor por la Casa del Señor con quienes se están preparando para recibir una recomendación para el templo, en especial los miembros de nuestra familia.

Como Apóstol del Señor Jesucristo, les prometo que a medida que se esfuercen por redoblar sus esfuerzos rectos, sentirán una renovada devoción a Dios el Padre y a Jesucristo, sentirán una abundancia de la guía del Espíritu Santo, se sentirán agradecidos por sus convenios sagrados, y sentirán paz al saber que son “recomendados al Señor”. En el nombre de Jesucristo. Amén.