Guía profética
Con esto los probaremos
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Con esto los probaremos

(Abraham 3:25)

Ahora es el momento de prepararnos y probarnos a nosotros mismos que estamos dispuestos y somos capaces de hacer todo lo que el Señor nuestro Dios nos mande.

Ruego que todos tengamos la ayuda del Espíritu Santo mientras les comparto los pensamientos y sentimientos que han acudido a mi mente y corazón en preparación para esta conferencia general.

La importancia de las pruebas

Durante más de dos décadas antes de ser llamado a servir a tiempo completo en la Iglesia, trabajé como profesor y administrador universitario. Mi responsabilidad principal como profesor era ayudar a los alumnos a que aprendieran por sí mismos. Un elemento vital de mi trabajo consistía en crear, calificar y brindar comentarios sobre el desempeño de los alumnos en las pruebas. Como sabrán por experiencia personal, ¡las pruebas no suelen ser la parte del proceso de aprendizaje que más gusta a los alumnos!

Sin embargo, las pruebas periódicas son absolutamente esenciales para el aprendizaje. Una prueba eficaz nos ayuda a comparar lo que necesitamos saber con lo que realmente sabemos sobre un tema específico; proporciona además un estándar con el cual evaluar nuestro aprendizaje y desarrollo.

Asimismo, las pruebas en la escuela de la vida terrenal son un elemento vital de nuestro progreso eterno. Sin embargo, es curioso que la palabra prueba no se encuentra ni una sola vez en el texto de los libros canónicos en inglés. Más bien se utilizan palabras como probar, examinar y escudriñar para describir varios modelos a fin de demostrar debidamente nuestro conocimiento espiritual, nuestra comprensión y devoción al eterno plan de felicidad de nuestro Padre Celestial y nuestra capacidad de procurar las bendiciones de la expiación del Salvador.

Aquel que fue el autor del Plan de Salvación describió el propósito mismo de nuestra probación terrenal al utilizar las palabras probar, examinar y escudriñar en las Escrituras antiguas y modernas. “… y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare”1.

Consideren esta súplica del salmista David:

Pruébame, oh Jehová, y examíname; escudriña mi mente y mi corazón.

“Porque tu misericordia está delante de mis ojos, y en tu verdad he andado”2.

Y en 1833, el Señor declaró: “No temáis, pues, a vuestros enemigos, porque he decretado en mi corazón probaros en todas las cosas, dice el Señor, para ver si permanecéis en mi convenio aun hasta la muerte, a fin de que seáis hallados dignos”3.

El ser probados y escudriñados hoy en día

El año 2020 lo ha caracterizado, en parte, una pandemia mundial que nos ha probado, examinado y escudriñado de muchas formas. Ruego que, como personas y familias, estemos aprendiendo las valiosas lecciones que solo las experiencias difíciles nos pueden enseñar. Espero también que todos reconozcamos más plenamente la “grandeza de Dios” y que Él “consagr[e] [nuestras] aflicciones para [nuestro] provecho”4.

Hay dos principios básicos que pueden guiarnos y fortalecernos al enfrentar circunstancias que nos prueban y escudriñan en nuestra vida, cualesquiera que sean: (1) el principio de la preparación y (2) el principio de seguir adelante con firmeza en Cristo.

El ser probados y la preparación

Como discípulos del Salvador, se nos manda lo siguiente: “… preparad todo lo que fuere necesario; y estableced una casa, sí, una casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción, una casa de gloria, una casa de orden, una casa de Dios”5.

También se nos promete que “si estáis preparados, no temeréis.

“Y para que os escapéis del poder del enemigo y vengáis a mí, un pueblo justo, sin mancha e irreprochable”6.

Estos pasajes de las Escrituras proporcionan un marco perfecto para organizar y preparar nuestra vida y nuestro hogar, tanto temporal como espiritualmente. Nuestros esfuerzos por prepararnos para las experiencias probatorias de la vida terrenal deben seguir el ejemplo del Salvador que de modo progresivo “crecía en sabiduría, y en estatura y en gracia para con Dios y los hombres”7, un equilibrio combinado de preparación intelectual, física, espiritual y social.

Una tarde, hace unos meses, Susan y yo hicimos un inventario de nuestro almacenamiento de alimentos y suministros de emergencia. En ese momento, el COVID-19 se extendía rápidamente y una serie de terremotos habían sacudido nuestra casa en Utah. Desde los primeros días de nuestro matrimonio nos hemos esforzado por seguir el consejo profético sobre cómo prepararnos para desafíos imprevistos, por lo que el “examinar” nuestro estado de preparación en medio del virus y de los terremotos parecía algo bueno y oportuno. Queríamos saber la calificación que habíamos obtenido en esas pruebas inesperadas.

Aprendimos bastante. En muchos aspectos, nuestro trabajo de preparación era satisfactorio. Sin embargo, en otros aspectos, era necesario mejorar porque no habíamos reconocido ni atendido ciertas necesidades particulares de manera oportuna.

También nos reímos mucho. Descubrimos, por ejemplo, provisiones en un armario aislado que habían sido parte de nuestro almacenamiento de alimentos durante décadas. ¡Francamente, teníamos miedo de abrir e inspeccionar algunos de los recipientes por temor a desencadenar otra pandemia mundial! Se alegrarán al saber que desechamos apropiadamente los materiales peligrosos y que se eliminó el riesgo para la salud del mundo.

Algunos miembros de la Iglesia opinan que los planes y suministros de emergencia, el almacenamiento de alimentos y los kits de 72 horas ya no deben ser importantes porque las Autoridades Generales no han hablado recientemente y de manera extensa sobre esos y otros temas relacionados en conferencia general. Sin embargo, durante décadas, los líderes de la Iglesia han proclamado repetidas advertencias para que nos preparemos. La constancia del consejo profético a lo largo del tiempo crea un potente concierto de claridad y un volumen de advertencia mucho más fuerte que el que pueden producir las actuaciones de un solista.

Así como los tiempos difíciles ponen al descubierto las insuficiencias en la preparación temporal, es también durante las pruebas difíciles que las enfermedades de la indiferencia y la complacencia espirituales infligen sus efectos más perjudiciales. De la parábola de las diez vírgenes aprendemos, por ejemplo, que postergar la preparación conduce a no pasar la prueba con éxito. Recuerden cómo las cinco vírgenes insensatas no se prepararon adecuadamente para el examen que les dieron el día de la llegada del Esposo.

“Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite;

“mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas…

“Y a la medianoche se oyó un clamor: He aquí el novio viene; salid a recibirle.

“Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas.

“Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan.

“Pero las prudentes respondieron, diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden y comprad para vosotras mismas.

“Y mientras ellas iban a comprar, vino el novio; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.

“Y después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos!”8.

“Mas respondiendo él, dijo: De cierto os digo, que no me conocéis”9.

Al menos en este examen, las cinco vírgenes insensatas demostraron ser solo oidoras y no hacedoras de la palabra10.

Tengo un amigo que era un alumno concienzudo en la facultad de derecho. En el transcurso de un semestre, Sam invirtió tiempo todos los días para repasar, resumir y aprender de sus notas para cada curso en el que estaba inscrito. Seguía el mismo modelo para todas sus clases al final de cada semana y cada mes. Su enfoque le permitió aprender la ley y no simplemente memorizar detalles. Y a medida que se acercaban los exámenes finales, Sam estuvo preparado. De hecho, descubrió que el período de exámenes finales era una de las partes menos estresantes de su formación jurídica. La preparación eficaz y oportuna precede al hecho de pasar la prueba con éxito.

El enfoque de Sam en su formación jurídica destaca uno de los modelos principales del Señor para el crecimiento y el desarrollo. “Pues he aquí, así dice el Señor Dios: Daré a los hijos de los hombres línea por línea, precepto por precepto, un poco aquí y un poco allí; y benditos son aquellos que escuchan mis preceptos y prestan atención a mis consejos, porque aprenderán sabiduría; pues a quien reciba, le daré más”11.

Invito a que cada uno de nosotros “medit[emos] bien sobre [n]uestros caminos”12 y nos “examin[emos] a [n]osotros] mismos, para ver si est[amos] en la fe; [y nos] probe[mos] a [n]osotros mismos”13. ¿Qué hemos aprendido durante estos últimos meses sobre los ajustes y las restricciones en el estilo de vida? ¿Qué necesitamos mejorar en nuestra vida en el aspecto espiritual, físico, social, emocional e intelectual? Ahora es el momento de prepararnos y probarnos a nosotros mismos que estamos dispuestos y somos capaces de hacer todo lo que el Señor nuestro Dios nos mande.

Ser probados y seguir adelante

En una ocasión, asistí al funeral de un joven misionero que murió en un accidente. El padre del misionero habló en el servicio y describió el dolor de la inesperada separación terrenal de un hijo amado. Declaró con franqueza que, personalmente, no entendía las razones ni el momento de tal evento. Sin embargo, siempre recordaré que ese buen hombre también declaró que sabía que Dios conocía las razones y el momento de la muerte de su hijo, y eso era suficiente para él. Dijo a la congregación que él y su familia, aunque afligidos, estarían bien; sus testimonios permanecían firmes e inquebrantables. Concluyó con esta afirmación: “Quiero que sepan que, en lo que respecta al evangelio de Jesucristo, nuestra familia está totalmente entregada a él. Totalmente”.

Aunque la pérdida de un ser querido fue dolorosa y difícil, los miembros de esta valiente familia estaban preparados espiritualmente para probar o demostrar que podían aprender lecciones de importancia eterna a través de los sufrimientos14.

La fidelidad no es ser insensato ni fanático. Más bien, es confiar y depositar nuestra confianza en Jesucristo como nuestro Salvador, en Su nombre y en Sus promesas. Al “seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres”15, somos bendecidos con una perspectiva y una visión eternas que se extienden mucho más allá de nuestra limitada capacidad mortal. Se nos permitirá “congreg[arnos] y permane[cer] en lugares santos”16 y “no se[r] movidos, hasta que venga el día del Señor”17.

Mientras servía como presidente de la Universidad Brigham Young–Idaho, el élder Jeffrey R. Holland vino al campus en diciembre de 1998 para hablar en uno de nuestros devocionales semanales. Susan y yo invitamos a un grupo de alumnos a reunirse y conversar con el élder Holland antes de que él transmitiera su mensaje. Hacia el final de la conversación, le pregunté al élder Holland: “Si usted pudiera enseñar a estos alumnos tan solo una cosa, ¿cuál sería?”.

Él respondió:

“Estamos presenciando un movimiento cada vez mayor hacia la polaridad. Las opciones de un terreno intermedio para nosotros, los Santos de los Últimos Días, se eliminarán. Lo intermedio del camino desaparecerá.

“Si solo se mantienen a flote en la corriente de un río, van a llegar a cualquier sitio; simplemente a donde los lleve la corriente. Seguir la corriente, seguir la marea, ir a la deriva no será suficiente.

“Hay que elegir. El no elegir es una elección. Aprendan a elegir ahora mismo”.

La declaración del élder Holland sobre el aumento de la polarización ha probado ser profética a juzgar por los acontecimientos y las tendencias sociales en estos 22 años desde que le hice la pregunta. Al predecir la creciente divergencia entre los caminos del Señor y los del mundo, el élder Holland advirtió que los días de tener cómodamente un pie en la Iglesia restaurada y un pie en el mundo estaban desapareciendo rápidamente. Este siervo del Señor alentaba a los jóvenes a elegir, a prepararse y a llegar a ser devotos discípulos del Salvador. Él los estaba ayudando a prepararse y a seguir adelante a través de las experiencias de la vida que los probarían, examinarían y escudriñarían.

Promesa y testimonio

El proceso de probarnos a nosotros mismos es una parte fundamental del gran plan de felicidad del Padre Celestial. Prometo que en tanto nos preparemos y sigamos adelante con fe en el Salvador, todos podremos recibir la misma calificación en el examen final de la vida terrenal: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”18.

Testifico que Dios, el Padre Eterno, es nuestro Padre. Jesucristo es Su Hijo Unigénito y viviente, nuestro Salvador y Redentor. Testifico gozosamente de estas verdades, en el sagrado nombre del Señor Jesucristo. Amén.