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Llegar a ser como Él
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Llegar a ser como Él

Solo con la ayuda divina del Salvador todos podemos progresar para llegar a ser como Él.

Incluso para el estudiante minucioso de la vida y del ministerio de Jesucristo, la admonición del Salvador de ser “aun como yo soy”1 resulta desalentadora y en apariencia inalcanzable. Quizás ustedes son como yo, demasiado conscientes de sus defectos y fracasos, así que podría resultarles más cómodo mentalmente caminar por un sendero sin cuestas arriba y con poco crecimiento. “Sin duda, esta enseñanza es poco realista y exagerada”, nos justificamos, ya que elegimos la comodidad del camino de menor resistencia, quemando así menos calorías de las que necesitamos para cambiar.

Pero ¿qué pasa si el llegar a ser “aun como [Él es]” no es algo metafórico, ni siquiera durante nuestra condición mortal? ¿Y si es, hasta cierto punto, alcanzable en esta vida y, de hecho, un prerrequisito para estar con Él de nuevo? ¿Y si “aun como yo soy” significa con exactitud y precisión lo que quiere decir el Salvador? Entonces, ¿qué? ¿Qué nivel de esfuerzo estaríamos dispuestos a dar para invitar Su milagroso poder a nuestra vida con el fin de que podamos cambiar nuestra propia naturaleza?

El élder Neal A. Maxwell enseñó: “Al reflexionar sobre el hecho de que Jesús nos mandara ser como Él, vemos que nuestra circunstancia actual es una en la que no somos necesariamente inicuos, sino que, más bien, es una en la que somos muy tibios y tenemos muy poco entusiasmo por Su causa, ¡que en realidad es también nuestra causa! Alabamos a Jesús, pero rara vez lo emulamos”2. Un joven ministro religioso, Charles M. Sheldon, expresó sentimientos similares de esta manera: “A nuestro cristianismo le agrada la facilidad y la comodidad demasiado como para cargar con algo tan áspero y pesado como una cruz”3.

De hecho, todos estamos sujetos al mandato de llegar a ser como Él, tal como Jesucristo llegó a ser como el Padre4. Según progresamos, llegamos a ser más completos, íntegros y plenamente desarrollados5. Tal enseñanza no se basa en las doctrinas de ninguna religión, sino que proviene directamente del Maestro mismo. Es a través de esta lente que se debe vivir la vida, considerar la comunicación con los demás y fomentar las relaciones. En verdad, no hay otra forma de sanar las heridas de las relaciones quebrantadas o de una sociedad fracturada que la de que cada uno de nosotros emule más plenamente al Príncipe de Paz6.

Pensemos en cómo empezar una búsqueda reflexiva, deliberada e intencional de llegar a ser como Él es, obteniendo los mismos atributos de Jesucristo.

Decidirse y comprometerse

Hace unos años, mi esposa y yo estábamos al principio del camino hacia la montaña más alta de Japón, el monte Fuji. Al comenzar el ascenso contemplamos la distante cumbre y nos preguntamos si podríamos llegar allí.

A medida que progresábamos, la fatiga, los músculos doloridos y los efectos de la altitud se hicieron sentir. Mentalmente, centrarnos en el paso siguiente se convirtió en lo único importante. Decíamos: “Quizás no pueda alcanzar pronto la cumbre, pero ahora mismo puedo dar el siguiente paso”. Con el tiempo, la desalentadora tarea llegó a ser alcanzable, paso a paso.

El primer paso en esta senda para llegar a ser como Jesucristo es tener el deseo de conseguirlo. Es bueno entender la admonición de ser como Él, pero esa comprensión tiene que ir acompañada por un anhelo de transformarnos a nosotros mismos, un paso a la vez, más allá del hombre natural7. Para desarrollar ese deseo, debemos saber quién es Jesucristo. Debemos saber algo de Su carácter8 y debemos buscar Sus atributos en las Escrituras, los servicios de adoración y otros lugares santos. Al comenzar a saber más acerca de Él, veremos Sus atributos reflejados en los demás. Esto nos animará en nuestra propia búsqueda, porque si otras personas pueden lograr, en cierta medida, Sus atributos, nosotros también podemos.

Si somos sinceros con nosotros mismos, la Luz de Cristo9 en nuestro interior nos susurra que hay una distancia entre el lugar donde estamos y el carácter deseado del Salvador10. Esa sinceridad es vital a fin de progresar para llegar a ser como Él. En efecto, la sinceridad es uno de Sus atributos.

Ahora bien, aquellos de nosotros que seamos valientes podríamos preguntarle a un familiar, al cónyuge, a un amigo o a un líder espiritual de confianza, qué atributo de Jesucristo necesitamos. ¡Y quizás tengamos que agarrarnos para no caernos ante la respuesta! A veces nos vemos con espejos que distorsionan, que nos muestran o bien mucho más gordos o mucho más delgados de lo que realmente somos.

Los amigos de confianza y la familia pueden ayudarnos a vernos con más exactitud, pero incluso ellos, por muy cariñosos y serviciales que quieran ser, pueden ver las cosas de manera imperfecta. Como resultado, es vital que también le preguntemos a nuestro amoroso Padre Celestial qué necesitamos y dónde debemos centrar nuestros esfuerzos. Él tiene una visión perfecta de nosotros y con amor nos mostrará nuestras debilidades11. Quizás averigüen que necesitan mayor paciencia, caridad, amor, esperanza, diligencia u obediencia, por nombrar algunos atributos12.

No hace mucho, tuve una experiencia que hizo crecer mi alma, cuando un amoroso líder de la Iglesia me sugirió de manera muy directa que debería mostrar en mayor medida cierto atributo. Con amor, él suprimió cualquier posible tergiversación. Esa noche, compartí esa experiencia con mi esposa. Ella fue caritativa y misericordiosa, aunque estuvo de acuerdo con su sugerencia. El Espíritu Santo me confirmó que el consejo de ambos provenía de un amoroso Padre Celestial.

También podría ser útil completar con sinceridad la actividad de atributos del capítulo 6 de Predicad Mi Evangelio13.

Una vez que hayan realizado una sincera evaluación y decidido comenzar la escalada a la montaña, tendrán que arrepentirse. El presidente Russell M. Nelson enseñó con amor: “Al escoger arrepentirnos, ¡escogemos cambiar! Permitimos que el Salvador nos transforme en la mejor versión de nosotros. Escogemos crecer espiritualmente y recibir gozo; el gozo de la redención en Él. Al escoger arrepentirnos, escogemos llegar a ser más semejantes a Jesucristo”14.

Llegar a ser como Jesucristo requerirá cambiar el corazón y la mente, de hecho, nuestro propio carácter, y el hacerlo solo es posible a través de la gracia salvadora de Jesucristo15.

Reconocer y actuar

Ahora que han decidido cambiar y arrepentirse y han buscado guía por medio de la oración, han meditado con sinceridad y posiblemente hayan deliberado en consejo con otras personas, tendrán que seleccionar un atributo que se convertirá intensamente en su centro de atención. Necesitarán comprometerse a realizar un esfuerzo significativo. Esos atributos no resultarán fáciles ni aparecerán de repente, pero mediante Su gracia llegarán de forma gradual al ir esforzándose.

Los atributos de Cristo son dones de un amoroso Padre Celestial para bendecirnos a nosotros y a quienes nos rodean. Por lo tanto, los esfuerzos para obtener esos atributos requerirán súplicas sinceras para obtener Su ayuda divina. Si buscamos dones para servir mejor a los demás, Él nos bendecirá en nuestros esfuerzos. La búsqueda egoísta de un don de Dios terminará en desilusión y frustración.

Al centrarse profundamente en un atributo necesario, a medida que progresen en la obtención de ese atributo, comenzarán a acumular otros atributos. ¿Cómo puede alguien que se centra profundamente en la caridad no aumentar en amor y en humildad? ¿Cómo puede alguien que se centra en la obediencia no obtener mayor diligencia y esperanza? Sus esfuerzos significativos para obtener un atributo se convierten en la marea que levanta todos los barcos del puerto.

Registrar y sostener el esfuerzo

Es importante para mí, mientras me esfuerzo por llegar a ser como Él, registrar mis experiencias y lo que estoy aprendiendo. Mientras estudio uno de Sus atributos en lo profundo de mi mente, las Escrituras se convierten en nuevas al ver ejemplos de ese atributo en Sus enseñanzas, Su ministerio y Sus discípulos. Mi vista también se centra más en reconocer ese atributo en los demás. He observado a personas maravillosas, tanto dentro como fuera de la Iglesia, que tienen atributos que lo emulan a Él. Son poderosos ejemplos de cómo esos atributos pueden manifestarse en simples mortales por medio de Su amorosa gracia.

Para ver un progreso real, tendrán que efectuar un esfuerzo sostenido. Al igual que escalar una montaña requiere preparación previa, y resistencia y perseverancia durante el ascenso, también este trayecto requerirá esfuerzo y sacrificio verdaderos. El verdadero cristianismo, en el cual nos esforzamos por ser como nuestro Maestro, siempre ha requerido nuestros mejores esfuerzos16.

Ahora, una breve advertencia: el mandamiento de ser como Él no pretende hacerlos que se sientan culpables, indignos o no amados. Toda nuestra experiencia mortal se basa en progresar, intentar, fracasar y alcanzar el éxito. Por mucho que mi esposa y yo hayamos deseado poder cerrar los ojos y transportarnos mágicamente a la cumbre, la vida no se trata de eso.

Ustedes son lo suficientemente buenos, son amados, pero eso no significa que aún estén completos. Hay trabajo que efectuar en esta vida y en la venidera. Solo con Su ayuda divina podemos progresar para llegar a ser como Él.

En esta época, en que “todas las cosas [parecen estar] en conmoción; y […] el temor [está al parecer] sobre todo pueblo”17, el único antídoto, el único remedio, es esforzarse por ser como el Salvador18, el Redentor19 de toda la humanidad, la Luz del Mundo20, y buscar a Aquel que declaró: “… Yo soy el camino”21.

Sé que llegar a ser como Él por medio de Su ayuda divina y fuerza es alcanzable, paso a paso. Si no fuera así, Él no nos habría dado ese mandamiento22. Sé que esto es verdad, en parte porque veo atributos de Él en muchos de ustedes. De estas cosas testifico, en el nombre de Jesucristo. Amén.