Guía profética
Hermanas en Sion
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Hermanas en Sion

Serán una fuerza esencial en el recogimiento de Israel y en la creación de un pueblo de Sion.

Mis amadas hermanas, tengo la bendición de hablar en esta maravillosa época de la historia del mundo. Cada día nos acercamos más al glorioso momento en que el Salvador, Jesucristo, regresará a la tierra. Sabemos algo sobre los acontecimientos terribles que precederán Su venida; sin embargo, nuestro corazón se llena de gozo y confianza al saber también sobre las gloriosas promesas que se cumplirán antes de que Él vuelva.

Como amadas hijas del Padre Celestial, y como hijas del Señor Jesucristo en Su reino1, ustedes desempeñarán un papel crucial en los grandes momentos que se avecinan. Sabemos que el Salvador vendrá a un pueblo que ha sido recogido y preparado para vivir como lo hicieron las personas de la ciudad de Enoc. Esas personas estaban unidas por la fe en Jesucristo y se habían vuelto tan completamente puras que fueron llevadas al cielo.

Esta es la descripción que el Señor reveló en cuanto a lo que le sucedería al pueblo de Enoc y lo que ocurrirá en esta última dispensación del cumplimiento de los tiempos:

“[Y] llegará el día en que descansará la tierra, pero antes de ese día se obscurecerán los cielos, y un manto de tinieblas cubrirá la tierra; y temblarán los cielos así como la tierra; y habrá grandes tribulaciones entre los hijos de los hombres, mas preservaré a mi pueblo;

“y justicia enviaré desde los cielos; y la verdad haré brotar de la tierra para testificar de mi Unigénito, de su resurrección de entre los muertos, sí, y también de la resurrección de todos los hombres; y haré que la justicia y la verdad inunden la tierra como con un diluvio, a fin de recoger a mis escogidos de las cuatro partes de la tierra a un lugar que yo prepararé, una Ciudad Santa, a fin de que mi pueblo ciña sus lomos y espere el tiempo de mi venida; porque allí estará mi tabernáculo, y se llamará Sion, una Nueva Jerusalén.

“Y el Señor dijo a Enoc: Entonces tú y toda tu ciudad los recibiréis allí, y los recibiremos en nuestro seno, y ellos nos verán; y nos echaremos sobre su cuello, y ellos sobre el nuestro, y nos besaremos unos a otros;

“y allí será mi morada, y será Sion, la cual saldrá de todas las creaciones que he hecho; y por el espacio de mil años la tierra descansará”2.

Hermanas: ustedes, sus hijas, sus nietas y las mujeres a las que han nutrido, serán una parte fundamental para crear esa comunidad de personas que se unirán en gloriosa asociación con el Salvador. Serán una fuerza esencial en el recogimiento de Israel y en la creación de un pueblo de Sion que vivirá en paz en la Nueva Jerusalén.

El Señor, a través de Sus profetas, les ha hecho una promesa. En los primeros días de la Sociedad de Socorro, el profeta José Smith les dijo a las hermanas: “Si viven de acuerdo con estos privilegios, no se podrá impedir que los ángeles las acompañen3.

Dentro de ustedes se encuentra ese maravilloso potencial, y se les está preparando para ello.

El presidente Gordon B. Hinckley dijo:

“[U]stedes, hermanas […], de ninguna manera ocupan un segundo lugar en el plan de nuestro Padre para la felicidad eterna y el bienestar de Sus hijos, sino que constituyen una parte absolutamente esencial de ese plan.

“Sin ustedes el plan no podría funcionar. Sin ustedes la totalidad del programa se vería truncado […].

“Cada una de ustedes es una hija de Dios, herederas de un legado divino”4.

Nuestro profeta actual, el presidente Russell M. Nelson, ha brindado esta descripción de la función de ustedes en preparación para la venida del Salvador:

“Sería imposible medir la influencia que tienen [las] mujeres, no solo en la familia, sino también en la Iglesia del Señor, como esposas, madres y abuelas; como hermanas y tías; como maestras y líderes; y, en especial, como devotas defensoras de la fe.

“Esto ha sido cierto en cada dispensación del Evangelio desde los días de Adán y Eva. Sin embargo, las mujeres de esta dispensación son singulares debido a que esta dispensación es distinta de cualquier otra. Esta diferencia conlleva tanto privilegios como responsabilidades”5.

Esta dispensación es singular porque el Señor nos guiará a fin de que estemos preparados para ser como la ciudad de Enoc. Él ha descrito, a través de sus apóstoles y profetas, lo que esa transformación en un pueblo de Sion implicará.

El élder Bruce R. McConkie enseñó:

“[Los días de Enoc] eran días de iniquidad, maldad, oscuridad y rebelión; de guerra y desolación; días previos a la purificación de la tierra por medio de las aguas.

Sin embargo, Enoc era fiel, y ‘vi[o] al Señor’ y habló con Él ‘cara a cara’, tal como un hombre habla con otro. (Moisés 7:4.) Él le mandó llamar al mundo al arrepentimiento, y lo comisionó para que bautizara ‘en el nombre del Padre, y del Hijo, lleno de gracia y de verdad, y del Espíritu Santo, que da testimonio del Padre y del Hijo’. (Moisés 7:11) Enoc hizo convenios y reunió una congregación de creyentes, quienes llegaron a ser tan fieles, que ‘el Señor vino y habitó con su pueblo, y moraron en rectitud’, y fueron bendecidos desde lo alto. ‘Y el Señor llamó Sion a su pueblo, porque eran uno en corazón y voluntad, y vivían en rectitud; y no había pobres entre ellos’(Moisés 7:18) […].

“Después que el Señor llamó a Su pueblo Sion, las Escrituras dicen que ‘Enoc edificó una ciudad que se llamó la Ciudad de Santidad, a saber, Sion’, y que Sion ‘fue llevada al cielo’, donde ‘Dios la llevó a su propio seno, y desde entonces se extendió el dicho: Sion ha huido’ (Moisés 7:19, 21, 69) […].

“Esta misma Sion que fue llevada a los cielos va a volver […], traída nuevamente por el Señor, y sus habitantes se reunirán con la Nueva Jerusalén, que entonces será establecida”6.

Si el pasado es un prólogo, al tiempo de la venida del Salvador, las hijas que estén profundamente comprometidas con sus convenios con Dios serán más de la mitad de las que estén preparadas para recibirle cuando Él venga. Sin embargo, sea cual sea la cifra, su contribución para crear unidad entre las personas preparadas para esa Sion será mucho más que la mitad.

Les diré por qué creo que eso será así. El Libro de Mormón ofrece un relato de un pueblo de Sion. Recordarán que tuvo lugar después de que el Salvador resucitado les enseñara, amara y bendijera: “… no había contenciones en la tierra, a causa del amor de Dios que moraba en el corazón del pueblo”7.

La experiencia me ha enseñado que las hijas del Padre Celestial poseen el don de apaciguar la contención y promover la rectitud con su amor a Dios y con el amor a Dios que generan en aquellos a quienes sirven.

Eso lo presencié en mi juventud, cuando nuestra pequeña rama se reunía en la casa donde me crie. Mi hermano y yo éramos los únicos poseedores del Sacerdocio Aarónico y mi padre el único poseedor del Sacerdocio de Melquisedec. La presidenta de la Sociedad de Socorro de la rama era una conversa cuyo esposo estaba descontento con el servicio que ella prestaba en la Iglesia. Los miembros eran todos hermanas mayores sin un poseedor del sacerdocio en su hogar. Vi a mi madre y a esas hermanas amarse, edificarse y cuidarse las unas a las otras sin cesar. Es ahora que me doy cuenta de que se me permitió vislumbrar, de forma anticipada, Sion.

Mi aprendizaje sobre la influencia de las mujeres fieles continuó en una pequeña rama de la Iglesia de Albuquerque, Nuevo México. Vi a la esposa del presidente de rama, a la esposa del presidente de distrito y a la presidenta de la Sociedad de Socorro alegrar el corazón de cada recién llegado y converso. El domingo que salí de Albuquerque, después de dos años de estar observando la influencia de las hermanas allí, se creó la primera estaca. En la actualidad, el Señor ha puesto allí un templo.

Me mudé cerca de Boston, donde serví en la presidencia del distrito que presidía pequeñas ramas repartidas por dos estados. Hubo contenciones que más de una vez fueron resueltas por mujeres amorosas y dispuestas a perdonar que ayudaron a ablandar corazones. El domingo que salí de Boston, un miembro de la Primera Presidencia organizó la primera estaca en Massachusetts. Hoy en día, hay un templo allí, cerca de donde vivía el presidente de distrito. Le habían ayudado a volver a la Iglesia y más tarde fue llamado para servir como presidente de estaca y luego como presidente de misión, con la influencia de una esposa fiel y amorosa.

Hermanas, a ustedes se les dio la bendición de ser hijas de Dios con dones especiales. Trajeron consigo a la vida terrenal una capacidad espiritual para nutrir a los demás y elevarlos hacia el amor y la pureza que los hará merecedores de vivir juntos en una sociedad de Sion. No es casualidad que la Sociedad de Socorro, la primera organización de la Iglesia específica para las hijas del Padre Celestial, tenga como lema “La caridad nunca deja de ser”.

La caridad es el amor puro de Cristo, y es la fe en Él y los efectos completos de Su expiación infinita lo que las hará merecedoras a ustedes, y a los que aman y sirven, de recibir el don supremo de vivir en la sociabilidad de una largamente esperada y prometida Sion. Allí serán hermanas en Sion, amadas en persona por el Señor y por aquellos a quienes hayan bendecido.

Doy testimonio de que ustedes son ciudadanas del Reino del Señor en la tierra. Son hijas de un amoroso Padre Celestial, que las envió al mundo con dones únicos que prometieron utilizar para bendecir a otras personas. Les prometo que el Señor las llevará de la mano, por medio del Espíritu Santo. Él irá delante de su faz a medida que le ayuden a preparar a Su pueblo para convertirse en Su prometida Sion. Testifico de ello, en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.