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Capítulo 8: 2 Nefi 4–8
Notas al pie de página
Tema

Capítulo 8

2 Nefi 4–8

Introducción

En las postrimerías de su vida, Lehi bendijo a sus hijos con la promesa de que si guardaban los mandamientos prosperarían, pero, si eran desobedientes, serían desechados de la presencia del Señor (véase 2 Nefi 4:4). El Señor le hizo esta misma promesa a Nefi a principios de su ministerio, cuando le prometió que si guardaba los mandamientos de Dios prosperaría y “serían conducidos a una tierra de promisión… una tierra escogida sobre todas las demás” (1 Nefi 2:20). Además, el Señor dijo que si los hermanos de Nefi se rebelaban contra él, serían “separados de la presencia del Señor” (1 Nefi 2:21). Esta promesa se cumplió cuando el pueblo de Nefi se apartó de los rebeldes seguidores de Lamán y Lemuel.

Todos debemos escoger entre el bien y el mal. La importancia de tomar decisiones acertadas se ve reflejada en 2 Nefi 4–8: (1) cuando Lehi bendijo a sus nietos, (2) en las manifestaciones y expresiones del sincero salmo de Nefi, (3) durante la división entre nefitas y lamanitas y (4) en las enseñanzas de Jacob sobre el esparcimiento y recogimiento de Israel.

Comentario

2 Nefi 4:3–11. Lehi bendijo a su familia

  • Hasta el fin de su vida, Lehi enseñó el Evangelio a sus hijos. En nuestros días, los siervos del Señor siguen recalcando la importancia de la responsabilidad que tienen los padres de enseñar a sus hijos. La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles declararon: “Advertimos que las personas… que no cumplen con sus responsabilidades familiares, un día deberán responder ante Dios” (véase “La familia: Una proclamación para el mundo”, Liahona, octubre de 2004, pág. 49; véase también D. y C. 68:25–29).

    Al igual que Lehi, la mayor parte de los padres Santos de los Últimos Días se toman esta responsabilidad con mucha seriedad. El élder M. Russell Ballard, del Quórum de los Doce Apóstoles, habló sobre la forma en que el centrarnos en la importancia de la familia debe influir en nuestra labor como padres: “Nuestra perspectiva centrada en la familia deberá hacer que los Santos de los Últimos Días se esfuercen por ser los mejores padres del mundo; nos deberá hacer sentir un enorme respeto por nuestros hijos, quienes en verdad son nuestros hermanos espirituales, y nos deberá motivar a dedicar el tiempo que sea necesario para fortalecer a nuestras familias. En efecto, nada está más íntimamente relacionado con la felicidad, tanto la nuestra como la de nuestros hijos, que la forma en que nos amemos y apoyemos unos a otros dentro de la familia” (Liahona, noviembre de 2005, pág. 42).

2 Nefi 4:7–10. Los hijos de Lamán y Lemuel

  • Dios ha cumplido y sigue cumpliendo la promesa hecha a Lehi de ser misericordioso con los hijos de Lamán y Lemuel. En el Libro de Mormón se muestran varios casos en los que se cumplió la promesa de Lehi a dichos hijos (véanse Alma 17–26; Helamán 5–6; 13–15). En los últimos días, Dios continúa cumpliendo la promesa de misericordia para con los descendientes de Lamán y Lemuel. El presidente Henry B. Eyring, del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó lo siguiente:

    Jerry Thompson, © IRI

    “Nuestro fiel esfuerzo por ofrecer a nuestra familia el testimonio que tenemos de la verdad se multiplicará en potencia y se extenderá en el tiempo…

    “Todos hemos visto evidencias de ello en familias conocidas. Yo lo vi en Sudamérica, al mirar los rostros de algunos misioneros; cientos de ellos pasaron a estrecharme la mano y me miraron fijamente a los ojos. Era maravilloso ver la confirmación de que estos hijos de Lehi y de Saríah estaban allí al servicio del Señor porque nuestro Padre Celestial honra Sus promesas a las familias. Casi hasta su último aliento, Lehi enseñó y testificó y trató de bendecir a sus hijos. Hubo tragedias terribles entre sus descendientes cuando rechazaron su testimonio, el de otros profetas y el de las Escrituras; pero en los ojos y los rostros de aquellos misioneros sentí la confirmación de que Dios ha guardado Sus promesas de hacer sentir Su influencia en los hijos del convenio de Lehi y que hará lo mismo con los nuestros” (véase Liahona, julio de 1996, pág. 70).

2 Nefi 4:15–16. “Mi alma se deleita en las Escrituras”

  • La hermana Cheryl C. Lant, Presidenta General de la Primaria, analizó la forma en que el pasaje de 2 Nefi 4:15 revela tres formas eficaces de leer las Escrituras: primero, deleitarse en las Escrituras; segundo, meditarlas; y tercero, aplicarlas a nuestra propia vida:

    “En este pasaje se nos enseña la manera de leer el Libro de Mormón y se mencionan tres ideas importantes.

    “Primero: ‘Mi alma se deleita’. ¡Me encanta esa frase! Al leer las Escrituras he pensado en tener hambre y sed de conocimiento, pero el deleitarse en ellas es algo diferente. He descubierto que el provecho que saque de las Escrituras está relacionado con la forma en que yo me prepare. Cada vez que las leo, en cierto sentido llevo a esa experiencia una nueva persona, con otro punto de vista. La etapa de la vida en la que me encuentre, las experiencias por las que esté pasando y mi actitud, todas esas cosas determinan el provecho que sacaré de ellas. Amo las Escrituras; atesoro las verdades que descubro al leerlas. El corazón se me llena de gozo al recibir aliento, dirección, consuelo, fortaleza y respuesta a mis necesidades. Cada vez que las leo, la vida parece ser más brillante y el sendero se despeja delante de mí. Recibo la seguridad del amor y de la preocupación que mi Padre Celestial siente por mí. Eso es en verdad un deleite para mí. Como dijo un niñito de la clase de Rayitos de Sol: ‘¡Las Escrituras me hacen feliz!’.

    “Segundo: ‘Mi corazón las medita’. ¡Me encanta llevar las Escrituras en mi corazón! Allí descansa el espíritu de lo que he leído para traerme paz y consuelo. El conocimiento que he logrado me brinda guía y dirección; siento la confianza que nace de la obediencia…

    “[Tercero, yo], naturalmente, no escribo Escrituras como lo hizo Nefi, pero cuando leo las Escrituras y vivo los principios que de ellas aprendo, esas Escrituras se escriben en mi vida, gobiernan mis acciones y allí se quedan escritas para que mis hijos las vean y las sigan. Puedo edificar un patrimonio y una tradición de un vivir recto, basados en los principios que aprendo de las Escrituras” (Liahona, noviembre de 2005, págs. 76–77).

2 Nefi 4:15–35. El salmo de Nefi

  • Un salmo es un “poema o himno inspirado” (Guía para el Estudio de las Escrituras, “Salmo”). Incluso aquellos que no tengan un entendimiento de la antigua poesía hebrea pueden reconocer las sinceras plegarias del salmo de Nefi en 2 Nefi 4 e identificarse con ellas. Los salmos deben leerse en voz alta. Haga la prueba de leer el salmo de Nefi en voz alta para darse una idea del espíritu con que se escribió.

2 Nefi 4:17–18. Venzamos nuestros pecados y flaquezas

  • A lo largo del Libro de Mormón notamos la rectitud de Nefi, su fidelidad ante la tribulación y su dedicación a Dios; aun así exclamó: “¡Oh, miserable hombre que soy!… Me veo circundado a causa de las tentaciones y pecados que tan fácilmente me asedian” (2 Nefi 4:17–18). El profeta José Smith (1805–1844) enseñó que “cuanto más se acerca el hombre a la perfección, tanto más claros son sus pensamientos y tanto mayor su gozo, hasta que llega a vencer lo malo de su vida y pierde todo deseo de pecar” (History of the Church, tomo II, pág. 8). Tal vez Nefi se sentía sumamente abrumado por lo que nosotros consideraríamos flaquezas banales, las cuales le causaban pesar, y procuraba librarse de cualquier vestigio de pecado.

    El ruego sincero de Nefi al Señor para que lo ayudase a vencer sus debilidades nos permite entender cómo conquistar nuestras propias flaquezas. La experiencia personal nos enseña que debemos hacer lo mismo. El élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce Apóstoles, nos recordó por qué se nos manda arrepentirnos y se nos advierte que debemos aprovechar el poder redentor del Señor:

    “¿Por qué nos mandan arrepentirnos nuestro Padre y Su Hijo? Porque nos aman. Ellos saben que todos violaremos leyes eternas. Ya sea pequeña o grande, la justicia requiere que se satisfaga toda ley quebrantada para conservar la promesa de gozo en esta vida y el privilegio de regresar con nuestro Padre Celestial. Si no se satisface, en el Día del Juicio la justicia hará que seamos desterrados de la presencia de Dios y quedemos bajo el control de Satanás. [Véase 2 Nefi 9:8–10; 2:5.]

    “Nuestro Maestro y Su acto redentor es lo que hace posible que podamos evitar esa condenación. Eso se realiza por medio de la fe en Jesucristo, la obediencia a Sus mandamientos y la perseverancia hasta el fin con rectitud.

    “¿Estás aprovechando plenamente el poder redentor del arrepentimiento en tu vida, con el fin de tener mayor paz y gozo? La confusión y el desaliento muchas veces son señales de la necesidad de arrepentirse. A su vez, la falta de dirección espiritual que buscas en la vida podría ser el resultado de leyes quebrantadas. Si fuera necesario, el arrepentimiento total pondrá tu vida en orden y resolverá todos los complicados dolores espirituales que provienen de la transgresión. Pero en esta vida no se pueden remediar algunas de las consecuencias físicas que los pecados graves traen como resultado. Sé prudente y vive siempre dentro de los límites de la rectitud que ha fijado el Señor” (véase Liahona, enero de 2001, pág. 31).

  • El élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó que, sin importar cuáles sean las susceptibilidades o tendencias de cada uno, tenemos la obligación de ejercer nuestro albedrío para vencer nuestras debilidades personales.

    “Tal vez estas personas, como dice el dicho, ‘nacieron así’. ¿Pero qué quiere decir eso? ¿Quiere decir que las personas con propensiones o tendencias fuertes no tienen opción, que no tienen albedrío en estos asuntos? Nuestra doctrina nos enseña lo contrario. Independientemente de cualquier susceptibilidad o tendencia, su voluntad no tiene grilletes. Su albedrío es absoluto. Lo que se daña es su libertad… Todos somos responsables del ejercicio de nuestro albedrío.

    “…La mayoría de nosotros nacemos con aguijones en la carne, algunos más visibles y más graves que otros. Todos parecemos ser propensos a un trastorno u otro, pero cualesquiera que sean estas tendencias, poseemos la voluntad y el poder para dominar nuestros pensamientos y acciones. Esto debe ser así. Dios ha declarado que nos hará responsables de lo que hagamos y de lo que pensemos, de modo que mediante el albedrío debemos poder dominar nuestros pensamientos y nuestras acciones. Una vez que hayamos llegado a la edad o la etapa de responsabilidad, la afirmación ‘Es que así nací’ no sirve para excusar nuestras acciones o nuestros pensamientos que no estén en conformidad con los mandamientos de Dios. Debemos aprender a vivir de manera tal que una debilidad terrenal no nos impida lograr la meta que es eterna.

    “Dios ha prometido que consagrará nuestras aflicciones para nuestro provecho (véase 2 Nefi 2:2). Los esfuerzos que hagamos por tratar de superar cualquier debilidad heredada nos infundirán una fortaleza espiritual que nos acompañará a través de la eternidad. Por eso, cuando Pabló oró tres veces para que le fuese quitado el ‘aguijón en [la] carne’, el Señor le contestó: ‘Te basta mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad’ [2 Corintios 12:9]” (“Free Agency and Freedom”, en Monte S. Nyman y Charles D. Tate Jr., editores, The Book of Mormon: Second Nephi, the Doctrinal Structure, 1989, págs. 13–14).

2 Nefi 5:5–9. Apartémonos de la iniquidad

  • Hay ocasiones en que se hace necesario huir físicamente del mal, como en el caso de Nefi y sus seguidores. Observe que los que fueron con Nefi eran “aquellos que creían en las amonestaciones y revelaciones de Dios” (2 Nefi 5:6). En forma semejante, en la actualidad aquellos que dan oído a las amonestaciones y revelaciones de los profetas modernos son los que los siguen espiritualmente. No obstante, no siempre podremos apartarnos físicamente de la iniquidad. El élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce Apóstoles, compartió algunas ideas sobre cómo podemos protegernos:

    “Dios ha proporcionado el modo de vivir en este mundo y de no ser contaminados por las presiones degradantes que los agentes malignos siembran en él. Tú puedes vivir una vida virtuosa, productiva y recta al seguir el plan de protección que nuestro Padre Celestial creó; es Su plan de felicidad, que se encuentra en las Escrituras y en las declaraciones inspiradas de Sus profetas…

    “Evita la iniquidad del mundo; debes saber que Dios tiene el control. En su tiempo, Satanás fracasará por completo y será castigado por su perversa maldad. Dios tiene un plan específico para tu vida. Él te revelará partes de ese plan a medida que las busques con fe y obediencia constantes. Su Hijo te ha hecho libre, no de las consecuencias de tus actos sino libre de hacer elecciones. El propósito eterno de Dios es que tengas éxito en esta vida terrenal y, a pesar de lo inicuo que se vuelva el mundo, tú puedes obtener esa bendición. Busca y presta atención a la guía que se te brinda por medio del Espíritu Santo, y sigue digno de recibirla. Ayuda a quienes tropiecen y se encuentren desorientados, sin saber qué sendero seguir” (véase Liahona, mayo de 2004, págs. 100, 102).

2 Nefi 5:11, 13. “Prosperamos en gran manera”

  • En 2 Nefi 5:11, 13, Nefi contó que su pueblo tuvo éxito al criar sus rebaños y manadas y al cultivar sus cosechas. Frecuentemente relacionamos la prosperidad con las bendiciones tangibles, tal como la riqueza o las cosas materiales del mundo. El presidente Heber J. Grant (1856–1945) enseñó acerca de lo que es la verdadera prosperidad: “Al decir prosperidad, no estoy pensando sólo en el sentido del dinero… Lo que yo considero la verdadera prosperidad… es el crecimiento en el conocimiento de Dios, en el testimonio y en el poder de vivir el Evangelio y de inspirar a nuestra familia a hacer lo mismo. Esa es la verdadera prosperidad” (Gospel Standards, comp. de G. Homer Durham, 1941, pág. 58; también Liahona, enero de 1999, pág. 68).

  • Discursando sobre la forma en que pagar los diezmos trae verdadera prosperidad, el presidente James E. Faust (1920–2007), de la Primera Presidencia, citó una experiencia que había contado la hermana Yaeko Seki:

    “Habíamos ido a pasar el día al Parque Nacional de los Alpes Japoneses…Yo estaba embarazada de nuestro cuarto hijo y me sentía un tanto cansada, de modo que me acosté bajo los árboles… Comencé a pensar en nuestros problemas económicos; me sentí abrumada y comencé a llorar… ‘Señor, pagamos el diezmo íntegro; hemos hecho muchos sacrificios; ¿cuándo se abrirán las ventanas de los cielos para nosotros y cuándo se aligerarán nuestras cargas?’.

    “Oré con todo mi corazón y después volví la cabeza para observar a mi esposo y a nuestros hijos jugando y riendo juntos… De repente, el Espíritu me testificó que había recibido bendiciones en abundancia y que mi familia era la máxima bendición que podía darme nuestro Padre Celestial” (véase Liahona, enero de 1999, pág. 68).

2 Nefi 5:10–18, 26–27. “De una manera feliz”

  • El profeta José Smith explicó que hay un sendero que lleva a la felicidad: “La felicidad es el objeto y propósito de nuestra existencia; y también será el fin de ella, si seguimos el camino que nos conduce a la felicidad; y este camino es virtud, justicia, fidelidad, santidad y obediencia a todos los mandamientos de Dios” (History of the Church, págs. 134–135).

  • El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) enseñó algo parecido acerca de la felicidad: “El Señor desea que seamos felices. Nefi dijo algo grandioso: ‘Y… vivimos de una manera feliz’. (2 Ne. 5:27.) ¡Qué cosa maravillosa! Yo quiero que mis hijos sean felices. Quiero que les vaya bien. Quiero que vivan bien y vivan de forma recta, adecuada y de esa misma forma, salvo que el amor de mi Padre en los cielos se extiende mucho más allá que el poder de cualquier amor que tenga yo. Creo que Él quiere que Sus hijos e hijas sean felices. La felicidad viene de la rectitud. ‘La maldad nunca fue felicidad’. (Alma 41:10.) El pecado nunca fue felicidad. Tampoco el egoísmo. Ni la codicia. La felicidad radica en vivir los principios del evangelio de Jesucristo” (“Fast-Paced Schedule for the Prophet”, Church News, 20 de abril de 1996, pág. 3).

2 Nefi 5:20–25. Los lamanitas fueron maldecidos

  • Los versículos 20–25 de 2 Nefi 5 contestan por lo menos cuatro preguntas sobre la maldición que recayó sobre los lamanitas:

    1. ¿Cuál era la maldición?

      La maldición queda claramente definida en el versículo 20 como estar “separados de la presencia del Señor”.

    2. ¿Qué causó la maldición?

      Según el versículo 21, la maldición llegó “a causa de su iniquidad” porque “habían endurecido sus corazones”. Desde los días de la caída de Adán, la iniquidad ha tenido como resultado el ser separados de la presencia del Señor (véanse 1 Nefi 2:21; 2 Nefi 4:4; 9:6; Alma 9:13; Éter 10:11).

    3. ¿Cuál era la marca o señal que se les puso a los lamanitas?

      En la época de Nefi, la maldición de los lamanitas fue que fueron “separados de la presencia del Señor […] a causa de su iniquidad” (2 Nefi 5:20–21). Eso significaba que el Espíritu del Señor fue retirado de sus vidas. Cuando los lamanitas más tarde abrazaron el evangelio de Jesucristo, “la maldición de Dios no los siguió más” (Alma 23:18).

      El Libro de Mormón también declara que a los lamanitas les sobrevino una marca de piel oscura después de que los nefitas se separaron de ellos. La naturaleza y la apariencia de esa marca no se comprenden plenamente. Al principio, la marca distinguía a los lamanitas de los nefitas. Posteriormente, al entremezclarse los nefitas y los lamanitas, pasando por períodos de iniquidad y rectitud, la marca se volvió irrelevante.

      Los profetas afirman en nuestros días que la piel oscura no es una señal de desaprobación o maldición divina. La Iglesia suscribe la enseñanza de Nefi de que el Señor “a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres” (2 Nefi 26:33). El presidente Russell M. Nelson declaró: “… El Señor ha hecho hincapié en Su doctrina esencial de igual oportunidad para Sus hijos […]. Las diferencias culturales, de idioma, de sexo, de raza y de nacionalidad se vuelven insignificantes a medida que los fieles entran en la senda de los convenios y van a nuestro amado Redentor” (Véase Russell M. Nelson, “Edificar puentes”, discurso del 1 de junio de 2018 en “Sed Uno”, la celebración del 40 aniversario de la revelación de 1978 sobre el sacerdocio, Liahona, diciembre de 2018, pág. 51).

    4. ¿Cuál fue el resultado de la maldición?

      Finalmente, en el versículo 24 nos enteramos de que el resultado de la maldición—de ser separados de la presencia del Señor— fue que “se convirtieron en un pueblo ocioso, lleno de maldad y astucia”.

      Una bendición enorme es que la maldición sólo tiene vigencia mientras las personas sean inicuas. Si se arrepienten, “la maldición de Dios no [las sigue] más” (Alma 23:18). Hay muchos ejemplos de lamanitas rectos que se arrepintieron y gozaron del Espíritu del Señor, uno de los cuales incluso llegó a ser profeta (véase Helamán 13:5).

2 Nefi 6:1–3. Jacob enseñaba con autoridad

  • Jacob enseñaba con poder y autoridad de Dios. Fue “llamado por Dios y ordenado conforme a su santo orden” (recibió el santo sacerdocio) y “consagrado” (o apartado) por su hermano Nefi (2 Nefi 6:2; véase también 2 Nefi 5:26). Además, Jacob empleaba tres técnicas importantes para una enseñanza eficaz, según señaló el élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los Doce Apóstoles: “‘Porque os he exhortado con toda diligencia y os he enseñado las palabras de mi padre; y os he hablado tocante a todas las cosas que están escritas, desde la creación del mundo’ [2 Nefi 6:3; cursiva agregada]. Ésa es la fórmula por la cual siempre se ha enseñado el Evangelio, un proceso que se usa hasta el día de hoy: testimonio personal, las enseñanzas de los profetas vivientes y la constancia escrita de las Escrituras” (Christ and the New Covenant, 1997, pág. 65).

  • El presidente Joseph Fielding Smith explicó el “orden” del sacerdocio que ejercían los nefitas: “Los nefitas descendían de José. Lehi se enteró de ello al leer las planchas de bronce… Por lo tanto, a Lehi no lo acompañó ningún levita en su viaje al hemisferio occidental. Dadas esas condiciones, los nefitas oficiaban en virtud del Sacerdocio de Melquisedec, desde los días de Lehi hasta la aparición del Salvador entre ellos” (Answers to Gospel Questions, tomo I, pág. 124).

2 Nefi 6:4–18. Jacob narró la historia judía

  • Jacob citó a Isaías para enseñar “acerca de cosas que son y que están por venir” (2 Nefi 6:4). Aplicó las enseñanzas de Isaías a su pueblo porque éste era parte de la casa de Israel (véase el versículo 5). Algunos de estos versículos son los mismos que Nefi aplicó a los descendientes de Lehi en los últimos días (compárense los versículos 6–7; 1 Nefi 21:22–23). Esta aplicación de una misma profecía a situaciones distintas es un ejemplo de “aplicar las Escrituras” bajo la influencia del Espíritu (véase 1 Nefi 19:23

    ; 2 Nefi 11:8).

2 Nefi 6:6–11. El esparcimiento y el recogimiento de Israel

2 Nefi 7:10–11. Andando a la luz de su propio fuego

  • Isaías preguntó si hay entre los que temen y obedecen al Señor alguno que ande en tinieblas. La respuesta, claro, es “no”. Luego agregó que los que andan “a la luz de [su propio] fuego y de las centellas que encendi[eron]… en angustia yacer[án]” (2 Nefi 7:11). Muchas personas en la actualidad confían en sí mismas o en los demás más que en el Señor; confían en el brazo de su propia carne y siguen su propia luz en vez de depositar su confianza en Dios (véase D. y C. 1:19–20; 133:70–74).

  • El Salvador es la Luz del Mundo. No es prudente que intentemos reemplazar Su luz con la que nosotros mismos hemos creado (véase 3 Nefi 18:24). El presidente Joseph F. Smith (1838–1918) nos advirtió que debemos cuidarnos de los que enseñan falsedades y emplean su propia luz al enseñar “doctrinas falsas, disfrazadas como verdades del Evangelio”. Comentó que existen “los soberbios y los que se engrandecen a sí mismos, que leen a la luz de la lámpara de su propia vanidad, que interpretan según reglas por ellos mismos formuladas, que han llegado a ser una ley para sí mismos y se hacen pasar por únicos jueces de sus propios hechos” (Doctrina del Evangelio, quinta edición, 1939, pág. 367).

2 Nefi 8. El recogimiento de los últimos días

  • Las profecías de Isaías que aparecen en 2 Nefi 8 hablan del recogimiento de Israel en los últimos días. El Señor prometió que “consolará a Sión… y tornará su desierto en Edén” (versículo 3). Así los amonestó: “No temáis la afrenta del hombre” (versículo 7). También prometió que “los redimidos del Señor volverán e irán a Sión cantando” (versículo 11) y que los cubriría “con la sombra de [Su] mano” (versículo 16). Los primeros santos hallaron gozo en ésta y otras profecías de Isaías.

    El presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) explicó que “nuestros antepasados” (refiriéndose a los pioneros Santos de los Últimos Días) participaron en el cumplimiento de estas profecías sobre el recogimiento de Israel:

    “Nuestro antepasados… eran fuertes y valientes en el Señor, y sabían que Él era su defensa, su refugio, su salvación. Fortalecidos por su fe, confiaron en su preciada independencia, su frugalidad y su trabajo honrado, y la historia deja constancia de que hasta el clima fue templado a favor de ellos, y sus humildes e incansables esfuerzos hicieron que ‘el yermo floreciera como la rosa’.

    “Su fe fue renovada por dos extraordinarias profecías de Isaías referentes a los últimos días, los días en que ellos sabían que vivían. En la primera de ellas, Isaías anuncia: ‘Se alegrarán el desierto y el erial; y el yermo se regocijará y florecerá como la rosa’. (Isaías 35:1.) Y después: ‘Ciertamente consolará Jehová a Sión; consolará todas sus soledades, y convertirá su desierto en Edén y su soledad en huerto de Jehová; se hallarán en ella alegría y gozo, alabanza y voz de cántico’. (Isaías 51:3.)

    “Y, si bien sus ojos naturales no veían más que sus cabañas de troncos y su entorno inmediato, ellos vislumbraron el día en que se cumplirían las palabras de Miqueas: ‘Y acontecerá en los postreros días que el monte de la casa de Jehová será establecido como cabeza de los montes…’ (Miqueas 4:1–2.)

    “Hemos sido testigos del cumplimiento de estas profecías extraordinarias” (This Nation Shall Endure, 1977, pág. 42).

  • Sobre el recogimiento de los judíos en la tierra de Israel, el élder Bruce R. McConkie (1915–1985), del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó que el recogimiento espiritual precede al recogimiento físico: “En su debido tiempo Judá será recogida en la antigua Jerusalén; de ello no hay duda. Pero este recogimiento consistirá en aceptar a Jesucristo, unirse a la Iglesia y recibir nuevamente el convenio abrahámico tal como se administra en lugares santos. La congregación actual de personas de ascendencia judía en la nación palestina de Israel no es el recogimiento de Israel ni de Judá que se menciona en las Escrituras. Puede que sea un preludio de él, y que algunas de las personas así congregadas en su debido tiempo sean recogidas en la iglesia y el reino verdaderos de Dios en la tierra, y entonces podrán ayudar a edificar el templo que tiene por destino engalanar los terrenos de Jerusalén; pero un recogimiento político no es un recogimiento espiritual, y el reino del Señor no es de este mundo” (A New Witness for the Articles of Faith, 1985, págs. 519–520; véanse también las páginas 511, 564–565).

Para meditar

  • En 2 Nefi 5:5–8, el Señor advirtió a Nefi que “huyese al desierto”. ¿Hay aspectos de la vida de usted que se asemejen a la situación de Nefi? ¿Existen influencias de amigos, entretenimiento, trabajo, estudios o medios de comunicación que merezcan la consideración de alejarse de ellos?

  • En 2 Nefi 8:3–16 se enumeran muchas de las bendiciones que se ofrecen a los miembros de la casa de Israel en la medida en que se los “recoge”. ¿Cuáles de estas bendiciones ha experimentado usted? ¿Cuáles todavía puede buscar? ¿Qué debería hacer para recibirlas?

Tareas sugeridas

  • Al leer 2 Nefi 4:15–35, procure descubrir qué hizo Nefi para vencer sus flaquezas. Intente señalar los principios específicos que aplicó Nefi o que consideró que lo ayudarían a vencer sus debilidades. Escriba qué piensa y siente en cuanto a las verdades que encuentre; escuche los sentimientos que provienen del Espíritu. Tal vez desee escribir sobre cualquier compromiso que, al leer, le susurre el Espíritu que deba establecer.

  • El presidente Gordon B. Hinckley dio el siguiente consejo: “Mantengan el equilibrio en su vida. Cuídense de la obsesión, cuídense de la estrechez de pensamiento. Permitan que en sus intereses se incluyan muchas áreas buenas de estudio, mientras trabajan e incrementan la fortaleza en el campo de su profesión” (“Cuatro cosas imprescindibles para los maestros de religión”, discurso a los maestros de religión del Sistema Educativo de la Iglesia, 15 de septiembre de 1978, pág. 3; véase LDS.org, bajo gospel library/additional addresses/CES addresses). Lea 2 Nefi 5:10–18, 26–27 y determine cuáles son algunos principios sobre los que pueda aprender más, o que podría aprender a vivir, a fin de que le ayuden a hacer un aporte mayor al mundo.