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Capítulo 41: 3 Nefi 12–14
Notas al pie de página
Tema

Capítulo 41

3 Nefi 12–14

Introducción

Durante Su ministerio terrenal, Jesús predicó el Sermón del Monte con el fin de alentar a Sus discípulos a esmerarse con íntegro propósito de corazón por lograr la perfección. Después de Su resurrección, Jesús se apareció en el hemisferio occidental a la gente del Libro de Mormón y volvió a pronunciar ese sermón.

Las normas del Evangelio que se hallan en dicho sermón se han reafirmado mediante las revelaciones modernas. El presidente James E. Faust (1920–2007), de la Primera Presidencia, indicó: “El mensaje trascendental del Salvador en el Sermón del Monte tiene para todos nosotros la importancia de una zarza ardiente: ‘…buscad primeramente edificar el reino de Dios, y establecer su justicia’ [Traducción de José Smith, Mateo 6:38; véase también Mateo 6:33]. Es preciso que ese mensaje penetre nuestro corazón y nuestra alma. Al aceptarlo, estamos estableciendo nuestra postura personal en esta vida” (véase Liahona, mayo de 2004, pág. 67).

Al estudiar estos principios sagrados en el Libro de Mormón, podrá obtener perspectivas que le ayuden a mantenerse fiel y a permanecer en el camino que lleva a la perfección.

Comentario

3 Nefi 12–14. Un proyecto para nuestras vidas

  • El Sermón del Monte, como figura en la Biblia y en el Libro de Mormón, es el plan detallado del Señor para lograr la perfección. En cuanto a este sermón, el presidente Harold B. Lee (1899–1973) dijo: “Cristo vino al mundo no sólo para expiar los pecados del género humano sino para dar el ejemplo al mundo de la norma de perfección de la ley de Dios y de obediencia al Padre. En Su Sermón del Monte, el Maestro nos ha revelado en cierto modo Su propio carácter, que fue perfecto, o lo que se podría considerar ‘una autobiografía, de la cual cada sílaba se ha expresado en hechos’, y, al hacerlo, nos ha dado un plano para nuestra propia vida” (Decisions for Successful Living, 1973, págs. 55–56).

3 Nefi 12:1–2. Prestar atención a los apóstoles

  • El Salvador empezó el sermón a los nefitas subrayando la importancia de seguir a los doce discípulos nefitas, a quienes Él había llamado y les había dado poder y autoridad. Las revelaciones modernas también han hecho hincapié en la seguridad y las bendiciones que se reciben al seguir a los siervos escogidos del Señor (véase D. y C. 1:38

    Scripture logo
    ; 21:6). El élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó por qué es de suma importancia que en la actualidad sigamos a la Primera Presidencia y al Quórum de los Doce Apóstoles:

    Book of Mormon Stories Art

    Jerry Thompson, © IRI

    “El objeto del fundamento apostólico y profético de la Iglesia era bendecir en todo momento, pero especialmente en los momentos de adversidad o peligro, cuando quizás nos sintamos como niños, confusos y desorientados, tal vez un poco temerosos, momentos en que la mano engañosa del hombre o la malicia del diablo intentan inquietar o desviar. A causa de esos momentos que ocurren en nuestros días, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles han sido comisionados por Dios y sostenidos por ustedes como profetas, videntes y reveladores…

    “…Ese fundamento en Cristo era y siempre deberá ser una protección… En épocas como la que estamos viviendo ahora —y que más o menos estaremos viviendo siempre—, las tormentas de la vida no tendrán ‘poder para arrastraros…’ [Helamán 5:12]” (véase Liahona, noviembre de 2004, pág. 7).

3 Nefi 12:3–12. Las Bienaventuranzas

  • El sermón del Salvador empieza con declaraciones a las cuales se les llama bienaventuranzas, que comienzan con una serie de afirmaciones que declaran que “bienaventurados son…” (véase 3 Nefi 12:1–11). La palabra bienaventuranza quiere decir “ser próspero”, “ser feliz” o “ser bendecido” (Mateo 5:3a). El diccionario de la Real Academia Española define el vocablo como “prosperidad o felicidad humana” (Diccionario de la Lengua Española, vigésimo segunda edición, 2001). Estas palabras describen el resultado cuando los santos aplican las enseñanzas de este sermón.

    The Sermon on the Mount
    El LDS Bible Dictionary [Diccionario bíblico SUD] explica que las Bienaventuranzas “describen ciertos elementos que sirven para formar el carácter refinado y espiritual, los cuales estarán todos presentes cuando ese carácter exista en su perfección. En lugar de ser declaraciones aisladas, las Bienaventuranzas se relacionan entre sí y se presentan en orden progresivo” (“Beatitudes”, pág. 620). La Guía para el Estudio de las Escrituras agrega: “Las Bienaventuranzas están ordenadas de tal manera que cada una de ellas se basa en la anterior” (“Bienaventuranzas”).

    El presidente Harold B. Lee enseñó que las Bienaventuranzas representan la “constitución de una vida perfecta”: “Cuatro de ellas tienen que ver con nuestro yo individual” y cuatro “tienen que ver con la relación del hombre con las demás personas en el medio social” (Decisions for Successful Living, 1973, págs. 57, 60). El siguiente cuadro ilustra esa relación:

    Con el yo individual

    Con las demás personas

    Bienaventurados son los pobres en espíritu.

    Bienaventurados son los mansos.

    Bienaventurados son todos los que lloran.

    Bienaventurados son los misericordiosos.

    Bienaventurados son todos los que padecen hambre y sed de rectitud.

    Bienaventurados son todos los pacificadores.

    Bienaventurados son todos los de corazón puro.

    Bienaventurados son todos los que son perseguidos por causa de mi nombre.

3 Nefi 12:3. “Bienaventurados son los pobres en espíritu que vienen a mí”

  • El presidente Harold B. Lee definió lo que es ser pobre en espíritu:

    “El Maestro dijo: ‘Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos’ (Mateo 5:3). Ser pobre en espíritu, naturalmente, significa estar espiritualmente necesitado, sentirse espiritualmente tan empobrecido que se busca ayuda en ese aspecto con gran anhelo…

    “Cada uno de nosotros, si deseamos alcanzar la perfección, debe preguntarse en alguna ocasión: ‘¿Qué más me falta?’, si desea comenzar a ascender por la carretera que lleva a la perfección…” (Stand Ye in Holy Places, 1974, pág. 210).

  • La frase “que vienen a mí” (3 Nefi 12:3) no se encuentra en la versión del Sermón del Monte que aparece en el Nuevo Testamento, pero aclara lo que enseña el Salvador. Bienaventurado es ser pobre en espíritu si se viene a Cristo. En 3 Nefi 12:2, el Salvador describió cómo comenzamos a venir a Él. La frase “que vienen a mí” se puede aplicar en principio a las otras bienaventuranzas. A fin de ser consolados (versículo 4), de heredar la tierra (versículo 5), de ser llenos del Espíritu Santo (versículo 6), de alcanzar misericordia (versículo 7) o de ver a Dios (versículo 8), tenemos que “venir a Cristo”.

    Cuando el Salvador se preparaba para predicar Su sermón sobre venir a Él, mencionó el bautismo diecinueve veces entre 3 Nefi 11:21 y 12:2. “Venir a Cristo” plenamente supone, entre otras cosas, aceptar las ordenanzas de salvación.

    El presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) describió otras formas de “venir a Cristo”: “Venir a Cristo, proclamando el Evangelio, perfeccionando nuestra vida y redimiendo a nuestros muertos. Cuando venimos a Cristo, nos bendecimos a nosotros mismos, y bendecimos a nuestra familia y a los hijos de nuestro Padre Celestial, tanto a los que viven como a los que han muerto” (véase Liahona, julio de 1988, pág. 85).

3 Nefi 12:4. “Bienaventurados son todos los que lloran”

  • El élder Spencer J. Condie, de los Setenta, explicó la forma en que se puede considerar que las Bienaventuranzas tienen un orden progresivo: “Las Bienaventuranzas se pueden ver como una receta para lograr la rectitud mediante pasos que van en aumento, la cual empieza con ‘los pobres en espíritu que vienen a [Cristo]’ (3 Nefi 12:3). El siguiente paso en dirección celestial es llorar, especialmente por nuestros pecados, ya que ‘la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación’ (2 Corintios 7:10)” (Your Agency, Handle with Care, 1996, pág. 8).

3 Nefi 12:5. “Bienaventurados son los mansos”

  • El presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) explicó que la mansedumbre no es debilidad:

    “Si el Señor fue manso y modesto y humilde, entonces para llegar a ser humildes debemos hacer lo que hizo Él al denunciar con valentía el mal, al hacer avanzar osadamente las obras de justicia, al enfrentar de forma valerosa cada problema, al llegar a ser dueño de Sí mismo y de las situaciones que lo rodeaban y al ser casi ajeno a recibir cualquier crédito personal.

    “La humildad no es pretenciosa, impertinente ni orgullosa. Tampoco es débil, irresoluta o servil…

    “Las palabras humilde y manso propiamente sugieren virtudes, no flaquezas. Dan a entender un temperamento constantemente tranquilo y una ausencia de ira y pasión… No es servil ni sumisa, ni tampoco se intimida ni atemoriza…

    “¿Cómo se vuelve uno humilde? Para mí, se debe recordar constantemente la dependencia que se tiene. ¿Dependencia con respecto a quién? Al Señor. ¿Cómo recordarlo? Mediante la oración real, constante, de adoración y de gratitud” (The Teachings of Spencer W. Kimball, editado por Edward L. Kimball, 1982, págs. 232–233).

3 Nefi 12:6. “Hambre y sed de rectitud”

  • Cuando servía en la presidencia general de la Sociedad de Socorro, la hermana Sheri L. Dew explicó la conexión que existe entre el deseo (padecer hambre y sed) y la acción, o la capacidad de esmerarse por lograr el deseo anhelado: “La facultad que tengamos de escuchar al Espíritu está ligada a nuestra disposición de esforzarnos por hacerlo. El presidente Hinckley ha dicho a menudo que la única manera que él conoce de lograr algo es arrodillarse y suplicar ayuda y entonces levantarse y poner manos a la obra. Esa combinación de fe y trabajo arduo es el mejor programa de estudio para aprender el lenguaje del Espíritu. El Salvador enseñó: ‘…bienaventurados son todos los que padecen hambre y sed de rectitud, porque ellos serán llenos del Espíritu Santo’ (3 Nefi 12:6; cursiva agregada). Hambre y sed se traducen como puro esfuerzo espiritual. El adorar en el templo, el arrepentirnos para ser cada vez más puros, el perdonar y el buscar el perdón y el sincero ayuno y la oración aumentan nuestra capacidad de recibir el Espíritu. El esfuerzo espiritual sí surte efecto, y es la clave para aprender a escuchar la voz del Señor” (véase “No estamos solas”, Liahona, enero de 1999, pág. 114).

3 Nefi 12:8. “De corazón puro”

  • El élder Joseph B. Wirthlin (1917–2008), del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó lo que quiere decir ser puro de corazón:

    “Ser una persona en quien no hay engaño es ser puro de corazón, una virtud esencial de aquellos que desean ser contados entre los verdaderos seguidores de Cristo…

    “Si en nosotros no hay engaño, somos honrados, verídicos y rectos. Todos éstos son atributos de la Deidad y se exigen también a los santos. Los que son honrados son ecuánimes y verídicos al hablar, sinceros en sus tratos con los demás, libres de trampa, y están por encima del robo, la falsedad o cualquier otra acción fraudulenta. La honestidad es de Dios; la deshonestidad, del diablo, quien fue mentiroso desde el principio. Tener rectitud significa vivir en armonía con las leyes, los principios y las ordenanzas del Evangelio” (Finding Peace in Our Lives, 1995, págs. 181–182).

3 Nefi 12:9. Pacificadores

  • El élder Russell M. Nelson, del Quórum de los Doce Apóstoles, dio testimonio de cuál es la gran fuente a la que acudir para llegar a ser pacificadores: “El venir a Jesucristo que es el ‘Príncipe de paz’ [Isaías 9:6] es el camino que conduce a la paz en la tierra y a la buena voluntad entre los hombres [Lucas 2:14]” (Liahona, noviembre de 2002, pág. 39).

  • El élder Bruce R. McConkie (1915–1985), del Quórum de los Doce Apóstoles, describió la forma de llegar a ser pacificadores: “Pacificadores: En toda la extensión del significado, sólo quienes creen en la plenitud del Evangelio y la diseminan son pacificadores en lo referente al significado perfecto de esta bienaventuranza. El Evangelio es el mensaje de paz a todo el género humano. Hijos de Dios: Aquellos que han sido adoptados en la familia de Dios como resultado de la devoción que le tienen a la verdad. Al seguir tal curso, llegan a ser herederos de Dios y coherederos con Cristo (Rom. 8:14–18; Gal. 3:26–29; 4:1–7)” (Doctrinal New Testament Commentary, tres tomos, 1971–1973, tomo I, pág. 216).

3 Nefi 12:13. “La sal de la tierra”

  • El relato del Libro de Mormón indica que “ser la sal de la tierra” es una meta a la que deben aspirar los miembros de la Iglesia (3 Nefi 12:13). En los rituales de los sacrificios mosaicos, la sal servía de recordatorio de que debíamos tener presentes y preservar nuestros convenios con Dios (véanse Números 18:19; 2 Crónicas 13:5). De modo parecido, los santos deben ayudar a restaurar y preservar los convenios en estos últimos días. Doctrina y Convenios 101:39–40 explica lo que uno debe hacer para ser considerado “la sal de la tierra”.

    Ser considerado “la sal de la tierra” conlleva un significado importante. Mientras servía como miembro de la Presidencia de los Setenta, el élder Carlos E. Asay (1926–1999) explicó esto a los poseedores del sacerdocio:

    “‘Cuando los hombres son llamados a mi evangelio eterno, y pactan con un convenio sempiterno, se les considera como la sal de la tierra y el sabor de los hombres.

    “‘Son llamados para ser el sabor de los hombres…’ (D. y C. 101:39–40; cursiva agregada).

    “El término sabor denota gusto, sazón agradable, cualidad interesante y muy estimada…

    “Un químico mundialmente famoso me dijo que la sal no pierde su sabor con el paso del tiempo, sino que lo pierde sólo cuando se mezcla y contamina. De igual manera, el poder del sacerdocio no se disipa con el paso del tiempo, sino que también se pierde cuando se mezcla y contamina…

    “El sabor y la virtud se apartan del hombre que contamina su mente con pensamientos impuros, que profana su boca al no ser totalmente verídico, que hace mal uso de su fuerza en actos inicuos…

    “Quisiera ofrecerles unas pautas sencillas, especialmente a los hombres jóvenes, como medio para que preserven el sabor: Si no es limpio, no lo piensen; si no es verdadero, no lo digan; si no es bueno, no lo hagan (véase Marco Aurelio, ‘The Meditations of Marcus Aurelius’, en The Harvard Classics, editado por Charles W. Eliot, Nueva York, P. F. Collier and Son, 1909, pág. 211)” (véase Liahona, julio de 1980, págs. 87–88).

3 Nefi 12:14–16. “Así alumbre vuestra luz”

  • El élder Robert D. Hales, del Quórum de los Doce Apóstoles, se valió de su propia experiencia para recalcar la importancia de ser una luz para los demás:

    Lighthouse
    “Yo crecí en Long Island, Nueva York, donde entendí cuán vital es la luz para aquellos que viajan por el mar abierto en la oscuridad. ¡Cuán peligroso es el faro que falla! ¡Cuán devastador es el faro cuya luz no funciona!

    “Nosotros que tenemos el don del Espíritu Santo debemos ser fieles a Sus susurros para que seamos una luz para los demás.

    “‘Así alumbre vuestra luz delante de los hombres’, dijo el Señor, ‘para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos’ [Mateo 5:15–16].

    “Nunca sabemos quiénes pueden estar dependiendo de nosotros, y, como dijo el Salvador, no sabemos ‘si tal vez vuelvan, y se arrepientan, y vengan a mí con íntegro propósito de corazón, y yo los sane; y vosotros seréis el medio de traerles la salvación’ [3 Nefi 18:32]” (véase Liahona, julio de 2002, pág. 79).

3 Nefi 12:17–20, 46–47. La ley de Moisés se cumplió en Jesucristo

  • En el tiempo en que el Salvador efectuó Su ministerio terrenal, la ley de Moisés había sido el fundamento de la vida religiosa y social de los israelitas durante más de mil años. Los nefitas tenían escrita la ley en las planchas de bronce, y los profetas nefitas enseñaron y obedecieron esa ley. Cuando el Salvador visitó a los nefitas, les enseñó que la ley se había cumplido totalmente en Él, mas no debían pensar que la ley de Moisés había sido “abrogada” ni que “había pasado” (3 Nefi 12:17–18). ¿Cómo es que el Salvador “cumplió” pero no “abrogó” la ley de Moisés? La ley de Moisés incluía aspectos tanto morales como rituales.

    Los aspectos morales abarcaban mandamientos como “No matarás” y “No cometerás adulterio”. Jesucristo les enseñó a los nefitas que además de evitar el asesinato y el adulterio, también tenían que evitar el enojo y los deseos lujuriosos, condiciones del corazón que llevan al asesinato y al adulterio (véase 3 Nefi 12:21–30). Así el evangelio de Jesucristo cumplió la ley en el sentido de que amplió los aspectos morales de la ley de Moisés al ser una ley superior; incluía los imperativos morales de la ley de Moisés y los colocó en el contexto más amplio de los principios del Evangelio que requieren un cambio de corazón.

    Los aspectos rituales de la ley de Moisés abarcaban los mandamientos pertinentes al sacrificio de animales y a los holocaustos, lo que Abinadí llamó “prácticas” y “ordenanzas” (Mosíah 13:30). Los profetas nefitas entendían que estas partes de la ley tenían como fin ayudar al pueblo a mirar hacia lo futuro al sacrificio expiatorio de Jesucristo (véanse 2 Nefi 25:24; Jacob 4:5; Mosíah 16:14–15). Por lo tanto, cuando terminó la misión terrenal del Salvador, estas ordenanzas orientadas hacia lo que habría de venir ya no tenían acontecimiento al que señalar en el futuro, porque ese acontecimiento ya había ocurrido, y así las ordenanzas se cumplieron en el sentido de que éste se había llevado cabo. Es por ello que el Salvador enseñó a los nefitas que los sacrificios de animales y los holocaustos tenían que “cesar”, y en su lugar Sus seguidores debían ofrecer el “sacrificio” de “un corazón quebrantado y un espíritu contrito” (3 Nefi 9:19–20). En lugar de las ordenanzas que miraban hacia lo futuro a la Expiación, el Salvador instituyó la Santa Cena, una ordenanza de recordatorio, para mirar hacia lo pasado, al sacrificio expiatorio del Salvador (véase 3 Nefi 18:1–11).

  • El élder Bruce R. McConkie declaró: “Jesús vino a restaurar la plenitud del Evangelio de la que los hombres habían gozado antes de la época de Moisés, antes de los tiempos del orden menor. Obviamente, no vino a abrogar lo que Él mismo había revelado a Moisés, de la misma forma en que un profesor universitario no abroga la aritmética al revelar los principios del cálculo integral a sus alumnos. Jesús vino a edificar sobre los cimientos establecidos por Moisés. Al restaurar la plenitud del Evangelio, cumplió la necesidad de la adherencia a los términos y condiciones del evangelio preparatorio. Ya nadie tenía por qué andar a la luz de la luna, dado que el sol había salido en todo su esplendor” (Doctrinal New Testament Commentary, tomo I, págs. 219–220; véase también Stephen E. Robinson, “The Law after Christ”, Ensign, septiembre de 1983, págs. 68–73).

3 Nefi 12:19. “Un corazón quebrantado y un espíritu contrito”

  • El élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce Apóstoles, testificó sobre el valor de tener el corazón quebrantado y el espíritu contrito: “Testifico que ‘la redención viene en el Santo Mesías y por medio de él… [a] todos los de corazón quebrantado y de espíritu contrito; y por nadie más se pueden satisfacer las demandas de la ley’ [2 Nefi 2:6–7; cursiva agregada]. Este requisito absoluto de un ‘corazón quebrantado y un espíritu contrito’ exige ser sumiso, dócil, humilde (o sea, fácil de enseñar) y de disposición obediente” (véase Liahona, julio de 1997, pág. 65).

3 Nefi 12:22. “Quien se enoje con su hermano”

  • La versión del Nuevo Testamento de las enseñanzas del Salvador dice: “…cualquiera que se enoje con su hermano será culpable de juicio…” (Mateo 5:22). En el Libro de Mormón, las enseñanzas del Salvador sobre este tema son las mismas. Esto indica que lo mejor es no enojarse.

3 Nefi 12:27–29. Evitar los deseos lujuriosos

  • El élder Richard G. Scott comparó tanto los resultados como la motivación del amor y de la lujuria: “El amor según el Señor eleva, protege, respeta y ennoblece a otro; y motiva a sacrificarse el uno por el otro. Satanás fomenta el amor falso, que es la lujuria, la cual motiva el deseo de saciar el apetito personal. Al que practica esta falsedad le importan muy poco el dolor y la destrucción que causa en los demás. Aunque a menudo se disfraza con halagos, lo que lo motiva es el deseo de saciar sus propios deseos” (véase Liahona, julio de 1991, pág. 36).

3 Nefi 12:30. “Tomando así vuestra cruz”

  • El élder Neal A. Maxwell (1926–2004), del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó lo que significa la frase “tomar nuestra cruz”:

    “Tomar nuestra cruz cada día quiere decir negarnos cada día los apetitos de la carne.

    “Al seguir el ejemplo del Maestro, que ‘sufrió tentaciones pero no hizo caso de ellas’, nosotros también podemos vivir en un mundo lleno de tentaciones ‘que [son] humanas’ (1 Corintios 10:13). Desde luego, Jesús advirtió las grandes tentaciones que lo acecharon, pero no las albergó repetidamente en sus pensamientos. En vez de ello, las rechazaba en el acto. Si recibimos a las tentaciones, ¡éstas no tardan en empezar a entretenernos! El rechazar a estos indeseables huéspedes en el umbral de las puertas de nuestra mente es una de las maneras de ‘no hacer caso’. Además, esos posibles huéspedes son en realidad bárbaros que, una vez que se los alberga, allí se quedan, y sólo puede desalojárselos tras gran sufrimiento” (véase Liahona, julio de 1987, pág. 71).

3 Nefi 12:31–32. “Cualquiera que se case con la divorciada, comete adulterio”

  • El élder Bruce R. McConkie explicó a quiénes hablaba el Salvador y cómo se aplica esto a nosotros hoy en día:

    “Esta estricta ley que regía el divorcio no se dio a los fariseos, ni al mundo en general, sino únicamente a los discípulos, ‘en casa’, como más adelante explica Marcos. Además, Jesucristo le puso límites a su aplicación de forma expresa. No todos los hombres podían vivir conforme a una norma tan elevada, por lo que se aplicaba sólo a ‘aquellos a quienes es dado’.

    “…Puede haber estado en vigor en diferentes épocas entre distintos pueblos, pero la Iglesia en la actualidad no se encuentra sujeta a ella. En esta época se permiten los divorcios en la Iglesia por varios motivos además de la inmoralidad sexual, y a las personas divorciadas se les permite volver a casarse y gozar de todas las bendiciones del Evangelio” (Doctrinal New Testament Commentary, tomo I, págs. 548–549).

  • Parece ser que uno de los propósitos de las palabras del Salvador no era condenar a quienes se casan con personas divorciadas, sino enseñar que la gente no debe buscar el divorcio como solución a todas las molestias menores que surgen en el matrimonio. Al hablar del divorcio, el presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) ha enseñado:

    “Por supuesto, no todo es dicha en el matrimonio. Hace años recorté de una columna del periódico estas palabras escritas por Jenkins Lloyd Jones:

    “‘Pareciera existir un concepto erróneo entre los miles de jóvenes que se toman de la mano y se besan en los autocines de que el matrimonio es una casita eternamente rodeada de perennes malvas a la que llega el siempre joven y apuesto esposo y donde lo espera su eternamente joven y bellísima esposa. Entonces, cuando las malvas se marchitan y aparecen el aburrimiento y las cuentas, los tribunales se llenan de pleitos de divorcio…

    “‘Cualquiera que piense que esa dicha es lo normal va a perder mucho tiempo quejándose de que lo han engañado’ (“Big Rock Candy Mountains”, Deseret News, 12 de junio de 1973, pág. A4)…

    “…Una de las más grandes tragedias, y creo que una las más comunes, es el divorcio. Se ha vuelto una gran maldición. En el ejemplar más reciente del World Almanac [Almanaque mundial] dice que en los Estados Unidos, durante los doce meses anteriores a marzo de 1990, se casaron unos 2 423 000 de parejas, pero que durante ese mismo período, se divorciaron aproximadamente 1 177 000 matrimonios (véase The World Almanac and Book of Facts 1991, Nueva York, World Almanac, 1990, pág. 834).

    “Eso quiere decir que en los Estados Unidos hubo prácticamente un divorcio por cada dos casamientos…

    “El egoísmo es muy a menudo la base de los problemas…

    Courtship and marriage

    © 1986 Derek Smith

    “Demasiadas son las personas que llegan al matrimonio habiendo sido malcriadas y consentidas, habiéndoseles inculcado de alguna forma la idea de que todo debe andar perfectamente bien en todo momento, de que la vida es una serie de entretenimientos y de que las pasiones deben satisfacerse aun sacrificando principios. ¡Qué trágicas son las consecuencias de esas ideas superficiales y poco razonables!…

    “…El remedio para la mayoría de las presiones matrimoniales no es el divorcio sino el arrepentimiento. No es la separación sino la integridad que impulsa a un hombre a armarse de valor y cumplir con sus obligaciones. El remedio se encuentra en la Regla de Oro…

    “Deben estar dispuestos a pasar por alto los errores pequeños, a perdonar y entonces olvidar.

    “Deben refrenar la lengua. El mal carácter es vicioso, corrosivo y destruye la unidad y el amor.

    “Debe haber autodisciplina para que se evite el maltrato …

    “De vez en cuando puede existir alguna causa legítima para el divorcio. No puedo decir que nunca se justifica; pero digo con toda seguridad que esta plaga, que parece estar en aumento en todos lados, no es de Dios, sino que es la obra del enemigo de la rectitud, de la paz y de la verdad” (véase Liahona, julio de 1991, págs. 78–80).

3 Nefi 12:48. “Quisiera que fueseis perfectos”

  • No es posible ser perfectos en esta vida. No obstante, el presidente James E. Faust explicó que debemos procurar la perfección ahora a fin de poder obtenerla en la vida venidera: “La perfección es una meta eterna. Aun cuando no podamos ser perfectos en la vida terrenal, el esforzarnos por lograrlo es un mandamiento que, al final, por medio de la Expiación, podemos guardar” (Liahona, julio de 1999, pág. 21).

  • El presidente Spencer W. Kimball también explicó que es necesario esforzarse por lograr la perfección: “‘Sed, pues, vosotros perfectos, así como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto’ (Mateo 5:48). Ahora bien, esa meta se puede lograr. No seremos exaltados, no lograremos llegar a destino, a menos que seamos perfectos, y el mejor momento para empezar a andar en el camino a la perfección es ahora. Tengo poca paciencia con las personas que dicen: ‘Ah, nadie es perfecto’, con lo que se insinúa: ‘así que, ¿para qué intentarlo?’. Claro, nadie es totalmente perfecto, pero encontramos a algunos que ya han subido gran parte de la escalera” (Teachings of Spencer W. Kimball, pág. 165).

3 Nefi 13:1–8, 16–18. No hagas tus obras de rectitud en público

  • Estos versículos de 3 Nefi enseñan que se debe evitar dar dinero a los pobres en público o ayunar y orar en público para ser vistos por los demás. El Señor nos alienta a ejercer la rectitud en lo secreto. El presidente Thomas S. Monson explicó el valor de prestar servicio anónimo:

    Monson, Thomas S.
    “Me acerqué al mostrador de información de un gran hospital para averiguar el número de habitación de un paciente a quien deseaba visitar. El hospital, al igual que casi todos los hospitales del lugar, llevaba a cabo un proyecto enorme de ampliación, y, detrás del mostrador donde estaba la recepcionista, contra la pared, había una magnífica placa colgada en la que se leía una inscripción de agradecimiento a los benefactores que mediante sus contribuciones monetarias habían hecho posible esa ampliación. Los nombres de aquellos que habían donado cien mil dólares figuraban con letras en cursiva en placas individuales de bronce, cada una sujeta a la placa principal con una reluciente cadena.

    “Los nombres de los benefactores eran bien conocidos. Renombradas figuras del comercio, gigantes de la industria, catedráticos; todos ellos figuraban allí. Sentí agradecimiento por su benévola caridad. De pronto, mi vista se detuvo en una placa distinta, en la que no había ningún nombre. Una palabra, apenas una palabra, estaba inscrita en ella: ‘Anónimo’. Sonreí y me pregunté quién sería ese benefactor desconocido. De seguro que dicha persona habría experimentado un callado gozo desconocido para los demás…

    “Un año antes del invierno pasado [1981], un moderno avión jet de pasajeros se precipitó, pocos minutos después de levantar vuelo, en las congeladas aguas del río Potomac. Ese día se vieron varias proezas de valentía y heroísmo, y el piloto de uno de los helicópteros de rescate fue testigo de la más dramática. Una soga de salvamento fue lanzada a uno de los sobrevivientes que se debatía en las aguas. En vez de asirse a ella para llegar a un lugar seguro, el hombre la ató a otra de las víctimas. La soga le fue arrojada una segunda vez, y también la cedió a otra persona que así fue salvada. Cinco fueron los sobrevivientes rescatados de las congeladas aguas, mas entre ellos no se encontraba el héroe anónimo. Aun cuando no se le conocía por nombre, ‘dejó el vivo aire firmado con su honor’ (Stephen Spender, ‘I think continually of those—’ en Masterpieces of Religious Verse, editado por James Dalton Morrison, Nueva York, Harper and Brothers Publishers, pág. 291)…

    “Ruego que esta verdad [el servicio] guíe nuestras vidas. Mantengamos nuestra vista en alto a medida que avanzamos en el servicio de nuestro Dios y de nuestro prójimo. Dirijamos el oído a Galilea, para tal vez escuchar el eco de las palabras del Salvador cuando enseñó: ‘…no deis vuestra limosna delante de los hombres…’ (Mateo 6:1). ‘…no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha’ (Mateo 6:3). Y en cuanto a nuestras buenas obras: ‘…no lo digas a nadie…’ (Mateo 8:4). Entonces nuestro corazón será más alegre, nuestra vida tendrá más luz y nuestra alma será más rica.

    “El servicio con amor dado en forma anónima tal vez pasará inadvertido para el hombre, mas la dádiva y quien la otorga serán conocidos por Dios” (véase Liahona, julio de 1983, págs. 81–85).

3 Nefi 13:7. “No uséis vanas repeticiones”

  • El término vano significa “falto de realidad, sustancia o entidad; hueco, vacío y falto de solidez” (Diccionario de la Lengua Española, 2001). Nuestras oraciones son vanas cuando las hacemos por hábito, sin pensar mucho en lo que decimos ni ponerles mayor sentimiento.

    “El profeta Mormón advirtió que si una persona ‘ora y no lo hace con verdadera intención de corazón… de nada le aprovecha, porque Dios no recibe a ninguno de éstos’ (Moroni 7:9). Para que tus oraciones sean más significativas, debes orar con sinceridad y ‘con toda la energía de [tu corazón]’ (Moroni 7:48)… Considera seriamente tu actitud y las palabras que utilices” (Leales a la fe: Una referencia del Evangelio, 2004, págs. 129–130).

  • El élder Joseph B. Wirthlin advirtió que tengamos cuidado con la repetición al orar: “Las oraciones se tornan vacías cuando decimos palabras similares de formas parecidas una y otra vez con tanta frecuencia que éstas se convierten en una recitación en vez de en un acto de comunicación. Eso es lo que el Salvador describió como ‘vanas repeticiones’ (véase Mateo 6:7)” (véase “Cómo mejorar nuestras oraciones”, Liahona, agosto de 2004, pág. 16; véase también Alma 34:27–28).

3 Nefi 13:9–13. El padrenuestro

  • Podemos emplear los principios que se encuentran en el padrenuestro como modelo para cuando prestamos servicio en el reino. El presidente Henry B. Eyring, de la Primera Presidencia, enseñó:

    “La oración comienza con reverencia por nuestro Padre Celestial. A continuación el Salvador habla del reino y de su venida. El siervo que tiene un testimonio de que ésta es la verdadera Iglesia de Jesucristo siente gozo en el progreso de ella y desea hacer todo lo que esté a su alcance por edificarla.

    New Testament stories [art]

    Paul Mann, © 1999 IRI

    “El Salvador mismo fue ejemplo de la norma que debemos seguir cuando dio las siguientes palabras de oración: ‘Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra’ (Lucas 11:2). Esa fue Su plegaria durante la extremadamente difícil ofrenda de la Expiación por toda la humanidad y por todo el mundo (véase Mateo 26:42). El siervo fiel ora para que hasta la tarea aparentemente más pequeña se haga como Dios querría que fuese hecha. El trabajar y orar por Su éxito en vez de por el nuestro marca toda la diferencia.

    “A continuación, el Salvador nos dio este modelo de pureza personal: ‘Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal’ (Lucas 11:4). La fortaleza que debemos dar a aquellos a quienes cuidamos viene del Salvador. Tanto ellos como nosotros debemos perdonar para ser perdonados por Él (véase Mateo 6:14). Ellos y nosotros podemos tener esperanza de permanecer limpios gracias únicamente a Su protección y al cambio en nuestros corazones que la Expiación hace posible. Necesitamos ese cambio para tener la compañía constante del Espíritu Santo…

    “Pueden tener confianza al servir al Señor. El Salvador les ayudará a hacer aquello a lo que les ha llamado, ya sea por una corta temporada como obrero en la Iglesia o por siempre como padres. Pueden orar en busca de ayuda para hacer la obra y saber que la recibirán” (véase Liahona, julio de 2000, pág. 81).

3 Nefi 13:19–24. “No os acumuléis tesoros sobre la tierra”

  • El presidente Ezra Taft Benson hizo referencia a la naturaleza temporal de los tesoros terrenales:

    “A menudo ponemos ambiciosamente nuestro afecto en objetos intrascendentes y perecederos. Los tesoros materiales de la tierra son únicamente para proveernos, por así decirlo, alojamiento y comida mientras estamos aquí en la escuela. A nosotros nos toca poner el oro, la plata, las casas, las acciones, las tierras, el ganado y otras posesiones terrenales en el lugar que les corresponde.

    “Sí, éste es tan sólo un lugar de duración temporal. Estamos aquí para aprender la primera lección hacia la exaltación: obediencia al plan del evangelio del Señor” (véase Liahona, abril de 1992, pág. 4).

  • El élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles, expresó una perspectiva referente a los tesoros que nos acumulamos: “El Salvador enseñó que no debemos hacernos tesoros en la tierra sino en el cielo (véase Mateo 6:19–21). Si consideramos el propósito principal del gran plan de felicidad, creo que, ya sea en la tierra o en el cielo, nuestro máximo tesoro deben ser nuestros hijos y nuestra posteridad” (véase Liahona, enero de 1994, pág. 87).

3 Nefi 13:34. “No os afanéis por el día de mañana”

  • El Libro de Mormón aclara el sentido de Mateo 6:25–32 e indica que Jesús, en esta parte del sermón, les hablaba a los doce discípulos nefitas que había escogido (véase 3 Nefi 13:25–34). Cuando Jesús les dio este cometido, se volvió y comenzó de nuevo a hablarle a la multitud (véase 3 Nefi 14:1). Es útil observar que Jesús en varias ocasiones se turnaba entre un público y otro a lo largo de Su sermón.

3 Nefi 14:1–2. Juzgar

  • El élder Dallin H. Oaks aclaró lo que significan los versículos 1–2 de 3 Nefi 14 al explicar la diferencia que hay entre los juicios justos e injustos. Después procedió a delinear los principios justos:

    “Me ha sorprendido el que algunos pasajes de las Escrituras nos manden no juzgar mientras otros nos indican que debemos juzgar y hasta nos dicen cómo hacerlo. Pero a medida que he estudiado dichos pasajes, me he convencido de que estas instrucciones aparentemente contradictorias son coherentes cuando las vemos desde la perspectiva de la eternidad. La clave es entender que hay dos tipos de juicios: los juicios definitivos, que nos está prohibido emitir, y los juicios intermedios, que se nos manda emitir, pero con base en principios rectos…

    Primero, un juicio justo debe ser, por definición, intermedio…

    Segundo, un juicio justo contará con la guía del Espíritu del Señor, no del enojo, de la venganza, de los celos o del interés propio…

    Tercero, para que sea justo, el juicio intermedio tiene que estar dentro de nuestra mayordomía…

    Cuarto, de ser posible, debemos refrenarnos de juzgar hasta que tengamos un conocimiento adecuado de los hechos” (“‘Judge Not’ and Judging”, Ensign, agosto de 1999, págs. 7, 9–10).

3 Nefi 14:7–8. Pedir por medio de la oración

  • El presidente James E. Faust dio testimonio del don y privilegio que todos tenemos de acceder al Padre Celestial por medio de la oración: “El tener acceso a nuestro Creador por medio de nuestro Salvador es sin duda uno de los grandes privilegios y bendiciones de nuestras vidas… Ninguna autoridad terrenal puede separarnos del acceso directo a nuestro Creador. Nunca surgen fallas mecánicas ni electrónicas cuando oramos. No hay límite para el número de veces en que oremos al día ni para la duración de las oraciones. No hay una cantidad fija de asuntos por los que deseemos rogar en cada oración. No tenemos que pasar por secretarios ni tenemos que pedir hora para acercarnos al trono de la gracia. Podemos llegar a Él en cualquier momento y en cualquier lugar” (Liahona, julio de 2002, pág. 62).

3 Nefi 14:12. La Regla de Oro

  • El élder Russell M. Nelson citó la Regla de Oro e hizo estos comentarios:

    “[Jesús] enseñó la Regla de Oro: ‘…todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos…’ [Mateo 7:12]. Este principio se encuentra en casi todas las religiones principales. Otras personas, como por ejemplo, Confucio y Aristóteles, también lo enseñaron. Después de todo, el Evangelio no comenzó con el Niño de Belén. Es sempiterno. Fue proclamado en el principio a Adán y Eva. Partes del Evangelio se han conservado en diversas culturas. Aun las mitologías paganas se han engrandecido con fragmentos de la verdad de dispensaciones anteriores.

    “Esté donde esté y se exprese como se exprese, la Regla de Oro contiene el código moral del reino de Dios. Prohíbe el que una persona se inmiscuya en los derechos de otra. Es igualmente válida con respecto a las naciones, a las asociaciones y a las personas en forma individual. Con compasión y tolerancia, ella reemplaza el deseo de venganza del ‘ojo por ojo, y diente por diente’ [Mateo 5:38]. Si permaneciéramos en ese viejo e infructuoso camino, estaríamos todos ciegos y sin dientes” (Liahona, noviembre de 2002, págs. 39–40).

3 Nefi 14:15. “Guardaos de los falsos profetas”

  • El élder M. Russell Ballard, del Quórum de los Doce Apóstoles, hizo una advertencia en contra de los que enseñan o publican doctrina falsa: “Cuidémonos de los falsos profetas y de los falsos maestros, tanto hombres como mujeres, quienes se eligen a sí mismos para declarar las doctrinas de la Iglesia, y que buscan esparcir su falso evangelio y atraerse seguidores patrocinando simposios, libros y publicaciones cuyos contenidos desafían las doctrinas fundamentales de la Iglesia. Cuídense de los que hablan y escriben oponiéndose a los profetas verdaderos de Dios, que de forma activa buscan ganar prosélitos, desatendiendo así de manera imprudente el bienestar eterno de aquellos a quienes seducen… ‘Se [constituyen] a sí mismos como una luz al mundo, con el fin de obtener lucro y alabanza del mundo; pero no buscan el bien de Sión’ (2 Nefi 26:29)” (véase Liahona, enero de 2000, pág. 74).

Para meditar

  • ¿Qué diferencia existe entre hacer una buena obra de buena gana y hacer la misma obra a regañadientes?

  • Analice sus motivos para determinar si está buscando “primeramente el reino de Dios” (3 Nefi 13:33).

Tareas sugeridas

  • Parafrasee la mayor cantidad de bienaventuranzas que recuerde, y después fíjese en 3 Nefi 12:3–12 para ver cómo le fue.

  • ¿Qué tiene que hacer para abstenerse más plenamente de los pensamientos y los deseos que no son rectos? Ponga por escrito un plan para lograrlo.