2020
Estableciendo el reino de Dios
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Estableciendo el reino de Dios

Entre los grandes y poderosos que se hallaban reunidos en la numerosa congregación de justos que vio en visión el presidente Joseph F. Smith (véase Doctrina y Convenios 138), se encontraba “Daniel, que previó el establecimiento del reino de Dios en los postreros días, para nunca jamás ser derribado ni dado a otro pueblo” (Doctrina y Convenios 138:44). Efectivamente, el profeta Daniel, por medio de la interpretación del sueño del rey Nabucodonosor (véase Daniel 2), había anticipado lo que en miles de años sucedería con los grandes poderes de los hombres, representados por los diferentes reinos y otros tipos de gobiernos que regirían los destinos de la humanidad, hasta llegar a los acontecimientos extraordinarios correspondientes a la restauración de la Iglesia de Jesucristo en los últimos días.

La profecía explicada por Daniel indicaba que el reino que el Señor levantaría nunca sería destruido ni sería dejado a otro pueblo, sino que permanecería para siempre. La restauración del evangelio de Jesucristo, incluyendo la restauración del sacerdocio, de las doctrinas y de las ordenanzas de exaltación, fue una parte fundamental del cumplimiento de esa profecía. Además de ello, se requiere de la participación entusiasta y decidida de parte de personas justas y rectas en el establecimiento del reino de Dios sobre la tierra.

En una revelación dirigida a James Covill, el Señor le dijo: “Eres llamado para obrar en mi viña y edificar mi iglesia y establecer Sion, a fin de que se regocije sobre los collados y florezca” (Doctrina y Convenios 39:13). Cada miembro fiel de la Iglesia de Jesucristo recibe similar mandato, el de obrar en Su viña y edificar Su iglesia para así contribuir en el establecimiento y fortalecimiento de Sion.

¿Y cómo se establece Sion? De manera similar a lo que ocurre en el caso de la edificación de un edificio, en la que se requiere de planos y especificaciones técnicas, de personal calificado que trabaja dedicada y responsablemente y sigue las instrucciones de sus líderes. De la misma manera, Sion se edifica según el modelo revelado por el Padre y Su Hijo Jesucristo, con la activa y entusiasta participación de todos aquellos que han sido invitados a formar parte de esta magnífica obra; cada cual poniendo lo mejor de sí, en un esfuerzo unido y entusiasta.

El establecimiento de la Iglesia ocurre cuando cada uno de sus miembros desarrolla su fe y su testimonio por medio del estudio diario de las Escrituras, especialmente el Libro de Mormón. Ocurre cuando cada uno comparte el Evangelio, cuando recibe cariñosa y cálidamente a los investigadores y a los nuevos conversos. Ocurre al llenar el templo con participantes dignos haciendo la obra por sus antepasados. Ocurre cuando miles de jóvenes salen a predicar el evangelio de Jesucristo, poniendo todos sus demás intereses en un segundo plano. Ocurre cuando todo miembro de la Iglesia se esfuerza por vivir al nivel que el evangelio de Jesucristo enseña, es decir, a un nivel celestial.

El presidente Spencer W. Kimball declaró que el reino de Dios que buscamos establecer “solo puede ser hecho por medio del esfuerzo diario consistente y concertado de parte de cada miembro de la Iglesia” (“Llegando a ser puros de corazón”, Conferencia General de abril de 1978). Se requiere del verdadero esfuerzo de cada uno, no tan solo de los que han sido llamados a ejercer posiciones de liderazgo en la Iglesia. Cada uno tiene mucho que aportar en el establecimiento del reino de Dios en la tierra con la entrega de sus talentos, de sus habilidades, de su tiempo para bendecir las vidas de otros hijos de Dios, de sus deseos para ser parte de esta magnífica obra, la obra de llevar a cabo el plan divinamente preparado por el Padre de nuestros espíritus. Hay mucho por hacer y no hay tiempo que perder. Ahora es el tiempo para ser parte decidida, entusiasta y responsable en el establecimiento de la Iglesia de Jesucristo.

Por medio de una visión, el Señor dijo a Nefi: “… bienaventurados aquellos que procuren establecer a mi Sion en aquel día, porque tendrán el don y el poder del Espíritu Santo; y si perseveran hasta el fin, serán enaltecidos en el último día y se salvarán en el reino eterno del Cordero; y los que publiquen la paz, sí, nuevas de gran gozo, ¡cuán bellos serán sobre las montañas!” (1 Nefi 13:37).

Al recién iniciarse un nuevo año, tomemos las decisiones, hagamos los ajustes necesarios para que cada uno ocupe el lugar que le corresponde para participar activa y responsablemente en el establecimiento de Sion. Como lo declara el pasaje de las Escrituras anterior, al poner lo mejor de nosotros y unirlo con la perseverancia que nos exigen las leyes celestiales, podremos acceder nada menos que a los mayores dones que nuestro Padre tiene dispuestos para Sus hijos que le son obedientes, es decir, el don y el poder del Espíritu Santo en nuestra vida en la tierra y la vida eterna en la siguiente etapa de nuestra existencia, junto a nuestro Padre Eterno.