2020
Predicar el Evangelio — Ordenanzas del sacerdocio: La respuesta con la confirmación de la Autoridad
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Mensaje de Setenta de Área

Predicar el Evangelio — Ordenanzas del sacerdocio

La respuesta con la confirmación de la autoridad

Predicar el Evangelio

Durante muchos años, tuve una pregunta que nadie me podía responder. Necesitaba definir claramente si Dios era uno o tres personajes diferentes en un solo ser, o simplemente tres personajes diferentes con un solo propósito. Sabía que solo había una respuesta, ya que Dios nunca cambia. Después de un estudio bíblico continuo, me confundí más. En un versículo se declara que solo hay un Dios y en otro versículo se declara que Él comprende tres personajes separados. Buscando una respuesta a mi pregunta, pregunté a varios líderes espirituales de diferentes denominaciones. Recibí una variedad de respuestas y seguí confundido.

En 2004 almorcé con un compañero de trabajo, John Hernández. Le pregunté sobre su creencia en Dios. Su simple respuesta me llamó la atención. Él dijo: “Son tres personajes diferentes con un solo propósito, Dios el Padre, Dios el Hijo —refiriéndose a Jesucristo— y Dios el Espíritu Santo”. Me animó a complementar mi estudio bíblico leyendo El Libro de Mormón, otro testamento de Jesucristo. También nos invitó a mi esposa y a mí a asistir a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, donde era presidente de rama. Yo no sabía nada sobre la Iglesia, pero recordaba los excelentes mensajes televisivos de mi infancia.

Mi esposa y yo oramos y decidimos visitar la Iglesia. ¡Ese día cambió nuestras vidas! Los miembros fueron muy amables y nos dieron una cálida bienvenida haciéndonos sentir como parte de la congregación. Dos hombres jóvenes que llevaban una placa con su nombre también nos ayudaron a sentirnos cómodos.

El élder Woods y el élder Knickerbocker nos preguntaron si podían visitar nuestra casa para enseñarnos de Jesucristo, y nosotros aceptamos. Durante la primera lección, hice la pregunta: “¿Quién es Dios?”. Su respuesta simple me ayudó a sentir algo especial que nunca antes había sentido. Sentí paz en mi corazón y obtuve un testimonio de que eran verdaderos mensajeros de Dios. Tenían algo especial.

Los élderes nos desafiaron a leer el Libro de Mormón y a preguntar a Dios, el Padre Eterno, en el nombre de Jesucristo, si el libro contenía el verdadero evangelio de Jesucristo. Dijeron que, si le pedíamos a Dios con fe, recibiríamos una respuesta. Nos enseñaron a orar.

Esa misma noche mi esposa y yo hicimos nuestra tarea. Leímos el testimonio de los tres testigos, ocho testigos, el testimonio de José Smith y la breve explicación del Libro de Mormón que figura en el libro. También leímos Moroni 10:35, que dice que debemos preguntarle al Padre Eterno, en el nombre de Jesucristo, si esas cosas son ciertas y, si preguntamos “con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo”, él nos manifestará la verdad a nosotros, por el poder del Espíritu Santo. Y por el poder del Espíritu Santo podremos “conocer la verdad de todas las cosas”.

Recibimos nuestra respuesta esa misma noche mediante la paz en nuestros corazones. Recibí confirmación de que el Libro de Mormón era verdadero, que José Smith era un profeta de Dios y que la Iglesia de Jesucristo fue restaurada en la tierra. También recibí revelación de que los élderes que nos enseñaban eran verdaderos mensajeros de Dios. Mi esposa también recibió la confirmación de esas verdades.

Cuando los élderes visitaron nuestra casa para la segunda lección, inmediatamente les preguntamos si podíamos ser bautizados. Se miraron y comenzaron a llorar de felicidad sabiendo que habíamos recibido una respuesta directa de Dios. Dos semanas después, los dos nos bautizamos. Qué bendición tan maravillosa que un compañero de trabajo y su esposa abrieran la boca para predicar el evangelio de Jesucristo y nos ayudaran a encontrar la Iglesia de Dios en la tierra. También nos enseñaron personalmente sobre el templo y estuvieron presentes para nuestro día de sellamiento un año después en el Templo de Santo Domingo, en la República Dominicana.

Predicar el Evangelio es un deber de todos. El Señor dijo: “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19).

Ordenanzas del sacerdocio

Una semana después de bautizarme, fui ordenado presbítero en el Sacerdocio Aarónico. Ahora tenía la autoridad de Dios para bendecir y pasar los sacramentos de la Santa Cena del Señor, ayudar a los necesitados y ministrar a los demás. El Sacerdocio Aarónico me preparó para recibir el Sacerdocio de Melquisedec. Pronto fui ordenado al oficio de élder y estaba listo para seguir el ejemplo de Cristo al servir a los demás. El Señor dijo: “Por tanto, aprenda todo varón su deber, así como a obrar con toda diligencia en el oficio al cual fuere nombrado. El que sea perezoso no será considerado digno de permanecer, y quien no aprenda su deber y no se presente aprobado, no será considerado digno de permanecer. Así sea. Amén” (Doctrina y Convenios 107:99–100).

Las ordenanzas como bautismos, confirmaciones, ministrar a los enfermos, bendecir y repartir el Sacramento, conferir y ordenar al sacerdocio, consagrar aceite, dedicar una tumba, bendiciones de padre y bendiciones de consuelo, nombrar y bendecir a los niños, sellamiento en el templo, son siempre realizadas bajo la autoridad del sacerdocio y en el nombre de Jesucristo.

Tenemos una gran responsabilidad de ministrar a los demás como lo hizo Jesús. El presidente Russell M. Nelson dijo: “Los dones innatos de las hermanas y el poder incomparable del sacerdocio permiten los esfuerzos efectivos de ministrar”1. No estamos solos con estos importantes deberes del sacerdocio. Nuestras esposas, hijas y mujeres líderes también están listas para ministrar. ¡Somos un equipo! También son una parte esencial del plan de Dios. Con ellas podemos cumplir mejor nuestros llamamientos en el sacerdocio.

¡Qué agradecidos estamos de tener amigos que nos predicaron el Evangelio! Al predicar el Evangelio y honrar el sacerdocio con diligencia, estamos preparando el reino del Señor en la tierra para Su segunda venida. ¡Hagámoslo con amor y alegría!