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    Luz de Cristo

    La Luz de Cristo “procede de la presencia de Dios para llenar la inmensidad del espacio”. Es “la luz que existe en todas las cosas, que da vida a todas las cosas, que es la ley por la cual se gobiernan todas las cosas” (D. y C. 88:12–13; véanse también los vers. 6–11). Dicho poder es una influencia para bien en la vida de todas las personas (véase Juan 1:9; D. y C. 93:2). En las Escrituras, la Luz de Cristo a veces se conoce como el Espíritu del Señor, el Espíritu de Dios, el Espíritu de Cristo o la Luz de la Vida.

    La Luz de Cristo no debe confundirse con el Espíritu Santo. No es un personaje, como lo es el Espíritu Santo. Su influencia guía a las personas hacia el verdadero Evangelio, el bautismo y la recepción del don del Espíritu Santo (véase Juan 12:46; Alma 26:14–15).

    La conciencia es una manifestación de la Luz de Cristo y nos permite juzgar entre el bien y el mal. El profeta Mormón enseñó: “A todo hombre se da el Espíritu de Cristo para que sepa discernir el bien del mal; por tanto, os muestro la manera de juzgar; porque toda cosa que invita a hacer lo bueno, y persuade a creer en Cristo, es enviada por el poder y el don de Cristo, por lo que sabréis, con un conocimiento perfecto, que es de Dios… Ahora bien, mis hermanos, en vista de que conocéis la luz por la cual podéis juzgar, la cual es la luz de Cristo, cuidaos de juzgar equivocadamente; porque con el mismo juicio con que juzguéis, seréis también juzgados” (Moroni 7:16, 18).