2018
Entendamos el islam
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Entendamos el islam

Understanding Islam

Fotografías de Getty Images

Mosaico del siglo XIX que ilustra la Kaaba en La Meca, la ciudad donde nació Mahoma y la más sagrada del mundo islámico.

Para bien o para mal, prácticamente no pasa un día sin que el islam o los musulmanes aparezcan en las noticias. Es de comprender que muchas personas que no son musulmanas —entre ellas los Santos de los Últimos Días— sientan curiosidad, y hasta preocupación. ¿Tenemos algo en común con nuestros vecinos musulmanes? ¿Podemos vivir y trabajar juntos?

En primer lugar, podría ser útil entender algunos antecedentes históricos:

En el año 610 d. C., un mercader árabe llamado Mahoma ascendió a los montes de su ciudad natal de La Meca para reflexionar y orar sobre la confusión religiosa que lo rodeaba. Luego comentó que había recibido una visión en la que fue llamado como un profeta para su pueblo. Este acontecimiento marca el inicio de la religión conocida como el islam, palabra que significa “sumisión” (a Dios). A un creyente del islam se le llama musulmán, lo cual significa “que se somete”.

A partir de entonces, Mahoma dijo que recibió muchas revelaciones hasta el día de su muerte casi 25 años después. Las compartió primero con los residentes de su ciudad natal, advirtiéndoles de juicios divinos que vendrían; llamando a quienes lo escuchaban a arrepentirse y a tratar debidamente a las viudas, los huérfanos y los pobres; y predicando la resurrección universal de los muertos y el juicio final de Dios.

Sin embargo, el ridículo y la persecución que él y sus seguidores padecieron se volvieron tan intensos que se vieron obligados a huir a la ciudad de Medina, a unos cuatro días a camello hacia el norte.

Allí, el rol de Mahoma cambió drásticamente1. De ser solamente un predicador y una voz de advertencia, llegó a ser el legislador, el juez y el líder político de una importante ciudad árabe y, con el tiempo, de la península arábiga. Ese primer establecimiento de una comunidad de creyentes le dio al islam una identidad religiosa arraigada en la ley y la justicia que continúa siendo una de sus características más notables y significativas.

Después de la muerte de Mahoma en el año 632 d. C., surgieron dos facciones principales entre sus seguidores, las cuales se dividieron inicialmente por estar en desacuerdo sobre quién debía sucederlo como líder de la comunidad islámica2. La mayor de ellas ha llegado a llamarse sunismo (debido a que afirma seguir la Sunna, o las prácticas habituales de Mahoma). La otra, que creció en torno al yerno de Mahoma, Alí, se llamó shi‘at ‘Ali (la facción de Alí) y en la actualidad es ampliamente conocida como el chiismo. A diferencia de los suníes, los chiíes (conocidos como musulmanes chiitas) creen que el derecho de suceder a Mahoma como líderes de la comunidad pertenece propiamente al familiar varón más cercano del profeta Mahoma, Alí, y a sus herederos.

A pesar de tales desacuerdos, el mundo islámico ha sido más unido, como religión, que el cristianismo. Es más, por varios siglos, hasta después de alrededor del año 800 d. C., podría decirse que la civilización islámica era la más avanzada del mundo en cuanto a la ciencia, la medicina, la matemática y la filosofía.

Fuentes de la doctrina y las prácticas musulmanas

Las revelaciones declaradas por Mahoma se agruparon en un libro llamado el Corán (del verbo árabe qara’a, “leer” o “recitar”) una década o dos después de su muerte. El Corán, que se compone de 114 capítulos, no es un relato acerca de Mahoma. Al igual que Doctrina y Convenios, no es una narrativa en lo absoluto; los musulmanes lo consideran la palabra (y las palabras) de Dios dadas directamente a Mahoma3.

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Los cristianos que lo lean hallarán temas familiares. Enseña, por ejemplo, que Dios creó el universo en siete días, que colocó a Adán y a Eva en el Jardín de Edén, que el diablo los tentó, que cayeron y que se llamó a una línea de profetas posteriores (la mayoría de los cuales también aparecen en la Biblia). Estos profetas se describen en el Corán como musulmanes, debido a que habían sometido su voluntad a Dios.

Abraham, quien se describe como un amigo de Dios, aparece de forma destacada en el texto4. (Entre otras cosas, se cree que él recibió revelaciones que escribió, pero que se han perdido5). Moisés, Faraón y el éxodo de los hijos de Israel también aparecen en el texto.

Sorprendentemente, María, la madre de Jesús, se menciona 34 veces en el Corán, en comparación con las 19 veces que se hace mención de ella en el Nuevo Testamento. (Ella es, de hecho, la única mujer que se nombra en el Corán).

Un refrán coránico constante es la doctrina del tawhid, una palabra que podría traducirse como “monoteísmo” o, más literalmente, “hacer uno”. Representa uno de los principios fundamentales del islam: que solo hay un único ser divino. “No ha engendrado ni ha sido engendrado”, declara el Corán, “y no hay nadie igual a Él”6. Lo que se desprende de esto es seguramente la distinción más importante entre el islam y el cristianismo: los musulmanes no creen en la deidad de Jesucristo o del Espíritu Santo. Esto también indica que, aunque todas las personas son creaciones de Dios por igual, según la doctrina islámica no somos Sus hijos.

Sin embargo, los musulmanes creen que Jesús ha sido un profeta de Dios sin pecado, nacido de una virgen y destinado a desempeñar un rol principal en los sucesos de los últimos días. Se lo menciona con frecuencia y reverencia en el Corán.

Enseñanzas y prácticas musulmanas básicas

Los denominados “cinco pilares del islam” —resumidos de forma más concisa no en el Corán sino en una declaración que tradicionalmente se atribuye a Mahoma— establecen una doctrina básica del islam:

1. El testimonio

Si el islam tiene un credo universal, es la shahada, “profesión de fe” o “testimonio”. El término hace referencia a una fórmula árabe que, traducida, dice lo siguiente: “Testifico que no hay más divinidad que Dios [Alá] y que Mahoma es el mensajero de Dios”. La shahada es la entrada al islam; el recitarla con una convicción sincera es convertirse en musulmán.

El equivalente árabe de la palabra Dios es Alá. Es una contracción de las palabras al- (“el”) y ilah (“dios”); no se trata de un nombre propio sino de un título y está íntimamente relacionado con la palabra hebrea Elohim.

Debido a que no existe el sacerdocio islámico, no hay ordenanzas del sacerdocio, ni tampoco hay una única “iglesia” islámica. Por consiguiente, profesar la shahada es, en cierto sentido, el equivalente islámico del bautismo. La actual falta de una estructura de liderazgo formal, unificada y mundial tiene otras implicaciones. Por ejemplo, no hay un líder global de los musulmanes, nadie que hable en nombre de toda la comunidad. (Mahoma es considerado casi universalmente el último profeta). Esto también significa que no existe una iglesia de la cual los terroristas o “herejes” puedan ser excomulgados.

2. La oración

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Muchos que no son musulmanes están al tanto del rito musulmán de la oración llamado salat, el cual implica un número específico de postraciones físicas, cinco veces al día. Recitar versículos prescritos del Corán y tocar el suelo con la frente demuestra una humilde sumisión a Dios. Una clase de oración más espontánea, llamada du‘a, puede ofrecerse en cualquier momento sin necesidad de que uno se postre.

Para las oraciones del viernes al mediodía, los musulmanes varones deben orar en una mezquita (del término árabe masjid, o “lugar de postración”) y se alienta a las mujeres musulmanas a que hagan lo mismo. Allí, en grupos separados por sexo, forman líneas y oran dirigidos por el imán (del término árabe amama, el cual significa “frente a”) de la mezquita y escuchan un breve sermón. Los viernes, sin embargo, no son el equivalente al día de reposo; si bien el “fin de semana” en la mayoría de los países musulmanes se centra en el yawm al-jum‘a (“el día de reunión”) o viernes, trabajar ese día no se considera un pecado.

3. La limosna

El zakat (que significa “aquello que purifica”) supone hacer donaciones caritativas para ayudar a los pobres, así como también a mezquitas y otros proyectos islámicos. Por lo general se estima que es el 2,5 por ciento del capital total de cada musulmán por encima de cierto monto mínimo. En algunos países musulmanes lo recaudan las instituciones gubernamentales; en otros es voluntario.

4. El ayuno

Cada año, los musulmanes devotos se abstienen de comer, beber y tener relaciones sexuales desde la salida hasta la puesta del sol durante todo el mes lunar de Ramadán. Además, se dedican a hacer actos de caridad especiales para los pobres y a leer el Corán durante el mes7.

5. La peregrinación

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Los musulmanes que cuenten con la salud y los recursos para hacerlo deben realizar una peregrinación hasta La Meca al menos una vez en la vida. (Por lo general se incluye, pero no se requiere, una visita a Medina, la segunda ciudad más sagrada del islam). Para los musulmanes fieles, dicha peregrinación es un acontecimiento profundamente espiritual y emotivo, algo similar a ir a la conferencia general en persona o a entrar en el templo por primera vez.

Algunos asuntos de actualidad

Los tres puntos centrales de la preocupación de los que no son musulmanes con respecto al islam son la violencia religiosa, la ley islámica —o sharia— y la forma en que el islam trata a las mujeres.

Algunos extremistas han utilizado el término yihad para referirse exclusivamente a la “guerra santa”, pero la palabra en realidad significa “esfuerzo práctico”, a diferencia de “simplemente” orar y estudiar las Escrituras.

Los juristas y pensadores musulmanes han ido variando su interpretación de la yihad. Las fuentes legales convencionales sostienen, por ejemplo, que una yihad militar aceptable debe ser defensiva y que se debe advertir a los oponentes y darles la oportunidad de cesar las acciones provocadoras. Hoy en día, algunos juristas y otros pensadores musulmanes sostienen que la yihad puede indicar cualquier acción práctica que tenga la intención de beneficiar a la comunidad islámica o mejorar el mundo en general. Se dice que Mahoma había señalado una diferencia entre la “yihad mayor” y la “yihad menor”. Esta última, dijo él, es la guerra, pero la yihad mayor es combatir la injusticia, así como también la resistencia personal que uno demuestra al vivir con rectitud.

El terrorismo islamista actual se adjudica raíces religiosas, pero podría decirse que refleja reclamos sociales, políticos y económicos que guardan poca o ninguna relación con la religión como tal8. Además, es importante reconocer que la gran mayoría de los musulmanes del mundo no se han unido a la violencia de los terroristas9.

La sharia es otro tema de preocupación para algunas personas que no son musulmanas. Se trata de un código de conducta musulmana tomado del Corán y del hadiz —pequeños informes de lo que Mahoma y sus compañeros dijeron o hicieron que proporcionan un modelo de conducta musulmana y asimismo complementan y explican pasajes coránicos—10. La sharia contiene reglas de vestimenta tanto para el hombre como para la mujer (tales como el uso del hiyab, o velo); aunque algunos países musulmanes las imponen, en otras naciones se deja a criterio personal. La sharia también cubre aspectos tales como la higiene personal, la hora y el contenido de la oración y las reglas que regulan el matrimonio, el divorcio y la herencia. Por consiguiente, cuando los musulmanes señalan en las encuestas que desean regirse por la sharia, pueden estar haciendo una declaración política o no; simplemente podrían estar declarando que aspiran a tener una verdadera vida musulmana.

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Muchas personas que no son musulmanas, cuando piensan en la forma en que el islam trata a la mujer, piensan de inmediato en la poligamia y en los velos. Sin embargo, la realidad cultural es mucho más compleja. Muchos pasajes del Corán declaran que la mujer es igual al hombre, mientras que otros parecen asignarle roles secundarios. Ciertamente, existen prácticas en muchos países islámicos —a menudo con raíces en la cultura tribal preislámica u otras costumbres preexistentes— que consideran a la mujer como subordinada. Sin embargo, la forma en que los musulmanes ven los papeles de las mujeres varía considerablemente de país a país e incluso dentro de los países.

Cómo perciben el islam los Santos de los Últimos Días

A pesar de la diferencia en nuestras creencias, ¿en qué forma pueden los Santos de los Últimos Días abordar el hecho de entablar relaciones con los musulmanes?

Antes que nada, debemos reconocer el derecho de los musulmanes de que “adoren cómo, dónde o lo que deseen” (Artículos de Fe 1:11). En 1841, los Santos de los Últimos Días del municipio de Nauvoo aprobaron una ordenanza sobre la libertad religiosa que garantizaba “la libre tolerancia y los mismos privilegios” para “los católicos, presbiterianos, metodistas, bautistas, Santos de los Últimos Días, cuáqueros, episcopales, universalistas, unitarios, mahometanos [musulmanes] y todas las demás sectas y denominaciones religiosas, cualesquiera que sean”11.

Debemos recordar, además, que nuestros líderes de la Iglesia por lo general han sido profundamente positivos en su aprecio por el fundador del islam. En 1855, por ejemplo, en una época en la que muchos cristianos tachaban a Mahoma de anticristo, los élderes George A. Smith (1817–1875) y Parley P. Pratt (1807–1857), del Cuórum de los Doce Apóstoles, dieron extensos sermones no solo manifestando un conocimiento impresionantemente amplio e imparcial de la historia islámica, sino también elogiando a Mahoma mismo. El élder Smith destacó que Mahoma “fue sin duda levantado por Dios con el propósito” de predicar en contra de la idolatría, y expresó su simpatía por los musulmanes, de quienes, al igual que los Santos de los Últimos Días, rara vez se escribe “una historia sincera”. El élder Pratt tomó la palabra inmediatamente después y expresó su admiración por las enseñanzas de Mahoma y por la moralidad y las instituciones de la sociedad musulmana12.

Una declaración oficial más reciente fue la que hizo la Primera Presidencia en 1978. Específicamente menciona a Mahoma entre “los grandes líderes religiosos del mundo”, y señala que, como ellos, él “recibió una porción de la luz de Dios. Dios dio verdades morales a [estos líderes]”, escribieron los presidentes Spencer W. Kimball, N. Eldon Tanner y Marion G. Romney, “para iluminar a naciones enteras y para brindar un nivel más alto de entendimiento a las personas”13.

Edificar sobre terreno común

Aunque los Santos de los Últimos Días y los musulmanes discrepamos en asuntos importantes —en particular la divinidad de Jesucristo, Su función como Salvador y el llamamiento de profetas modernos—, tenemos muchas cosas en común. Ambos creemos, por ejemplo, que somos moralmente responsables ante Dios, que debemos procurar tanto la rectitud personal como una sociedad buena y justa, y que resucitaremos y compareceremos ante Dios para ser juzgados.

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Tanto los musulmanes como los Santos de los Últimos Días creemos en la importancia vital de que haya familias fuertes, en el mandato divino de ayudar a los pobres y a los necesitados y en que demostramos nuestra fe por medio de acciones de discipulado. Parece no haber ninguna razón por la que los Santos de los Últimos Días y los musulmanes no puedan vivir su religión lado a lado e incluso, cuando se presente la oportunidad, cooperar juntos en comunidades en las que, más y más, convivimos como vecinos en un mundo cada vez más secular. Juntos podemos demostrar que la fe religiosa puede ser una potente fuerza para bien y no meramente una fuente de conflicto e incluso violencia, como sostienen algunos críticos.

El Corán mismo sugiere una manera de vivir en paz juntos a pesar de nuestras diferencias: “Si Dios hubiera querido, habría hecho de vosotros una sola comunidad, pero quiso probar vuestra fe en lo que os reveló. Apresuraos a realizar obras de bien, porque todos compareceréis ante Dios, y Él os informará acerca de las cosas en que discrepabais”14.