2018
La jornada final y solitaria del Salvador
Notas al pie de página
Tema

La jornada final y solitaria del Salvador

Liahona Magazine, 2018/04 Apr
Liahona Magazine, 2018/04 Apr
Liahona Magazine, 2018/04 Apr

A lo largo de Su vida terrenal, el Salvador experimentó muchas jornadas: Su jornada al salir de Belén a Egipto cuando era un bebé, Su jornada de 40 días por el desierto, Sus muchas jornadas a ciudades, pueblos y hogares para enseñar, sanar y bendecir durante Su ministerio, y muchas otras. Sin embargo, hay una jornada que el Salvador tuvo que afrontar solo, una que solo Él podía soportar.

“El domingo de Pascua de Resurrección celebramos el acontecimiento más anticipado y glorioso de la historia del mundo.

“Es el día que lo cambió todo.

“Ese día, mi vida cambió,

“la vida de ustedes cambió;

“el destino de todos los hijos de Dios cambió”.

Presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, “El don de la gracia”, Liahona, mayo de 2015, pág. 107.

Sufrimiento incomparable

O My Father

Oh, mi Padre, por Simon Dewey.

“… Ninguna mente mortal puede concebir la plena importancia de lo que Cristo hizo en Getsemaní.

“Sabemos que sudó grandes gotas de sangre de cada poro mientras bebía las heces de aquella amarga copa que Su Padre le había dado.

“Sabemos que sufrió, tanto en cuerpo como en espíritu, más de lo que a un hombre le es posible sufrir, con excepción de la muerte.

“Sabemos que de alguna manera, incomprensible para nosotros, ese sufrimiento satisfizo las exigencias de la justicia, rescató las almas penitentes de los dolores y los castigos del pecado, y puso la misericordia al alcance de aquellos que creyeran en Su santo nombre.

“Sabemos que quedó postrado en el suelo a causa de los dolores y de la agonía de una carga infinita que lo hicieron temblar y desear no tener que beber la amarga copa”.

Véase élder Bruce R. McConkie (1915–1985), del Cuórum de los Doce Apóstoles, “El poder purificador de Getsemaní”, Liahona, julio de 1985, pág. 9.

Aplicación personal: Aunque no siempre nos demos cuenta, el Salvador sufrió todas las formas de dolor durante la Expiación. Él entiende todos los dolores físicos, desde un hueso roto hasta la enfermedad crónica más grave; Él sintió la oscuridad y la desesperación de dolencias mentales como la depresión, la ansiedad, la adicción, la soledad y el dolor, y sintió cada herida espiritual porque tomó sobre Sí todos los pecados de la humanidad.

El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “En un momento de debilidad quizá clamemos: ‘Nadie sabe lo que se siente; nadie entiende’. Pero el Hijo de Dios sabe y entiende perfectamente, ya que Él ha sentido y llevado las cargas de cada uno” (“Soportar sus cargas con facilidad”, Liahona, mayo de 2014, pág. 90).

Él era el único capaz

The Saviorâs Final, Lonely Journey

La procesión al Calvario, por Bernardo Cavallino, Museo de Arte Chrysler.

“Lo que hizo solamente lo podía hacer un Dios. Como el Hijo Unigénito del Padre en la carne, Jesús heredó atributos divinos. Fue la única persona nacida en este mundo que pudo realizar ese acto tan importante y divino. Siendo el único hombre sin pecado que haya vivido en la tierra, no estaba sujeto a la muerte espiritual. A causa de Su divinidad, también tenía poder sobre la muerte física. Así hizo por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos. Rompió las frías ligaduras de la muerte. Hizo posible que tuviéramos el sereno consuelo del don del Espíritu Santo”.

Véase presidente James E. Faust (1920–2007), Segundo Consejero de la Primera Presidencia, “La Expiación: nuestra mayor esperanza”, Liahona, enero de 2002, pág. 20.

Aplicación personal: Por medio de Su expiación, el Salvador soltó las cadenas de la muerte y nos redimió a todos de nuestros pecados para que toda persona tuviese vida eterna. Él era el único capaz de llevar a cabo una tarea tan sobrecogedora e imposible. Cuando nos enfrentamos a serios desafíos, nos consuela saber que el Salvador en realidad puede hacer posible lo imposible.

No se volvió atrás

Burial of Christ, The

La sepultura, por Carl Heinrich Bloch.

“… n un cerro llamado Calvario, mientras los seguidores lo miraban impotentes, Su cuerpo herido fue clavado en la cruz. Sin piedad, se burlaron de Él, lo maldijeron y lo escarnecieron…

“Las agonizantes horas pasaron mientras Su vida se consumía; y de Sus labios resecos procedieron las palabras: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró’…

“A último momento, el Maestro podría haberse vuelto atrás; pero no lo hizo. Descendió debajo de todo para salvar todas las cosas. Después, Su cuerpo inerte fue puesto rápida y cuidadosamente en un sepulcro prestado”.

Véase presidente Thomas S. Monson (1927–2018), “¡Ha resucitado!”, Liahona, mayo de 2010, págs. 88–89.

Aplicación personal: Sufrió dolor agonizante, soledad y desesperación, pero aún así el Salvador soportó y terminó Su jornada mortal con gracia, incluso suplicándole a Su Padre que perdonara a aquellos que lo crucificaron. A causa de Su ejemplo perfecto, podemos enfrentar nuestras propias pruebas y dificultades con gracia, y con Su ayuda podemos perseverar también hasta el fin.

Los muchos testigos de Su resurrección

The Savior’s Final, Lonely Journey

Mujer, ¿por qué lloras?, por Mark R. Pugh.

“… Yo creo en los muchos testigos de la resurrección del Salvador, cuyas experiencias y testimonios se encuentran en el Nuevo Testamento: Pedro y sus compañeros de los Doce, y la querida y pura María de Magdala, entre otros. Creo en los testimonios que se hallan en el Libro de Mormón: el de Nefi, el apóstol, junto con la multitud en la tierra de Abundancia, entre otros. Creo en el testimonio de José Smith y Sidney Rigdon, quienes, después de muchos otros testimonios, proclamaron el gran testimonio de esta última dispensación: ‘¡Que vive! Porque lo vimos’. Bajo la mirada del ojo de Dios, que todo lo ve, me levanto yo mismo como testigo de que Jesús de Nazaret es el Redentor resucitado, y yo testifico de todo lo que se desprende del hecho de Su resurrección. Que ustedes reciban la convicción y el consuelo de este mismo testimonio”.

Élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “La resurrección de Jesucristo”, Liahona, mayo de 2014, pág. 114.

Aplicación personal: Aunque no nos encontrábamos entre aquellos que vieron el cuerpo resucitado y perfeccionado del Redentor, aún podemos ser testigos de Él en la actualidad. Él siempre puede ser el centro de nuestra vida, sin importar la hora o el lugar en que nos encontremos. Cada vez que ofrecemos nuestro corazón y nuestras manos para servir a los demás; demostramos gentileza, bondad y respeto a todos; defendemos la verdad y compartimos nuestro testimonio del Evangelio, somos verdaderos testigos de Jesucristo.

No tenemos que caminar solos

New Testament stories [art]

Detalle de Camina conmigo, por Greg Olsen; se prohíbe su reproducción.

“… Uno de los grandes consuelos de esta época de Pascua de Resurrección es que debido a que Jesús caminó totalmente solo por el largo y solitario sendero, nosotros no tenemos que hacerlo. Su solitaria jornada proporciona una compañía excelente para nuestra pequeña versión de ese sendero: el misericordioso cuidado de nuestro Padre Celestial, la infalible compañía de este Hijo Amado, el excelente don del Espíritu Santo, los ángeles del cielo, familiares a ambos lados del velo, profetas y apóstoles, maestros, líderes y amigos. Se nos han dado todos estos compañeros y más para nuestra jornada terrenal por medio de la expiación de Jesucristo y de la restauración de Su evangelio. La verdad que se pregonó desde la cima del Calvario es que nunca estaremos solos ni sin ayuda, aunque a veces pensemos que lo estamos…

“Ruego que… siempre permanezcamos al lado de Jesucristo ‘en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar en que [estemos], aun hasta la muerte’, porque ciertamente así es como Él permaneció a nuestro lado, aun hasta la muerte y cuando tuvo que estar total y definitivamente solo”.

Élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “Nadie estuvo con Él”, Liahona, mayo de 2009, pág. 88.

Aplicación personal: En esta Pascua de Resurrección, recuerda la jornada final y solitaria del Salvador. Él sacrificó todo lo que tenía para que tú y toda persona en la tierra puedan llegar a ser puros y tener vida eterna. Aprende de Su ejemplo perfecto; consérvalo en tus pensamientos y en tu corazón, y siempre ten presente que nunca estás solo. A causa de que Él soportó su jornada final en total y absoluta soledad, Él no te abandonará. Su amor por ti es infinito e inmutable, y Él está listo para brindarte paz, consuelo y esperanza a medida que continúas tu propia jornada. Su don de la Expiación es eterno, y se te concedió a ti.