2018
Un recorrido por el antiguo tabernáculo
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Un recorrido por el antiguo tabernáculo

Tal como en los templos actuales, los simbolismos del tabernáculo nos enseñan sobre nuestro viaje de regreso a la presencia de Dios.

Durante miles de años, los templos han sido lugares donde Dios ha utilizado ordenanzas del sacerdocio y convenios sagrados para enseñar a Sus hijos verdades eternas concernientes a Su plan de salvación.

Durante sus viajes por el desierto, se mandó al pueblo de Israel que construyera un tabernáculo a fin de que Dios pudiera “morar en medio de ellos” (Éxodo 29:46). “Tabernáculo significa literalmente ‘lugar de morada’ y era llamado así debido a la creencia de que Dios vivía dentro de sus sagrados recintos. Cuando Israel acampaba, el tabernáculo se armaba en el centro mismo del campamento (para simbolizar la idea de que Dios debía ser el centro de la vida de Su pueblo)”1.

Considere estos elementos del tabernáculo y lo que pueden enseñarnos en cuanto a nuestro regreso a la presencia de Dios.

Journey through the Ancient Tabernacle

Ilustraciones de Steve Creitz / LICENCIA DE GoodSalt.com

El tabernáculo: El tabernáculo consistía en tres divisiones que había que atravesar para alcanzar la presencia de Dios: el atrio exterior, el lugar santo y el Lugar Santísimo (véase Éxodo 25–30).

Journey through the Ancient Tabernacle

El altar: La ley de Moisés establecía los sacrificios que habían de ofrecerse allí como símbolo del Salvador y Su “gran y postrer sacrificio” (véase Alma 34:10). El sacrificio también puede simbolizar nuestro arrepentimiento; el abandono de nuestros pecados y el ofrecer un corazón quebrantado y un espíritu contrito (véanse 3 Nefi 9:19–20; Guía de las Escrituras, “Sacrificios”).

Journey through the Ancient Tabernacle

La fuente de agua: Antes de entrar en el lugar santo, los sacerdotes utilizaban la fuente de bronce con agua para lavarse las manos y los pies (véase Éxodo 30:19–21), lo que nos recuerda la necesidad que tenemos de ser puros conforme nos preparamos para regresar a la presencia del Señor (véase 3 Nefi 27:19–20).

Journey through the Ancient Tabernacle

El candelabro: Las siete lámparas de los brazos del candelabro ardían con aceite puro de oliva y proporcionaban luz al lugar santo (véase Levítico 24:2–4). Eso nos recuerda la luz de Cristo y el Espíritu Santo, las fuentes de luz espiritual.

Journey through the Ancient Tabernacle

La mesa del pan de la proposición: Se colocaban doce hogazas de pan sin levadura cada día de reposo en la mesa del “pan de la proposición”, frase que en hebreo significa “pan de la presencia” (véase Éxodo 25:30). Las hogazas de pan se comían en el santo lugar todos los días de reposo a modo de “convenio sempiterno” (véase Levítico 24:5–9).

Journey through the Ancient Tabernacle

El altar del incienso: Los sacerdotes quemaban incienso cada mañana y cada noche en un altar que se hallaba situado delante del velo. El humo que ascendía puede representar las oraciones que ascienden al cielo (véase Apocalipsis 5:8).

Journey through the Ancient Tabernacle

El velo: Para entrar en el Lugar Santísimo, el sumo sacerdote cruzaba un velo, sobre el cual había querubines (o ángeles) bordados (véanse Éxodo 26:31–33; D. y C. 132:19). El velo puede recordarnos que, aunque ahora hay un velo que nos separa de la presencia de Dios, Jesucristo —el Gran Sumo Sacerdote— puede partir ese velo.

Journey through the Ancient Tabernacle

El Lugar Santísimo: El sumo sacerdote entraba en esa, la parte más sagrada del tabernáculo, una vez al año, en el Día de la Expiación. El Lugar Santísimo representaba la presencia de Dios y contenía el arca del convenio, cuya tapa se denominaba propiciatorio. Jehová dijo a Moisés: “Allí me reuniré contigo, y hablaré contigo desde el propiciatorio” (Éxodo 25:22; véase también Éxodo 29:43; 30:36)2.

Notas

  1. Véase La vida y enseñanzas de Cristo y Sus apóstoles, 1979, pág. 412.

  2. En la epístola de Pablo a los Hebreos (capítulos 8–10), se emplea el tabernáculo para enseñar cómo el Gran Sumo Sacerdote, Jesucristo, “por su propia sangre, entró una vez y para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención” (Hebreos 9:12). Gracias a dicha redención, nosotros también podemos “entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo” (Hebreos 10:19).