2018
La clave para perdonarme a mí misma
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La clave para perdonarme a mí misma

La autora vive en Utah, EE. UU.

No debía seguir castigándome, dado que Jesucristo ya había expiado mis pecados.

The Key to Forgiving Myself

Fotografía de Getty Images

Habían pasado cinco meses y aún me era imposible perdonarme a mí misma. Desde que había dado un traspié y había hecho algo que me avergonzaba, me sentía como si me hallara en una espiral descendente. La vergüenza seguía aumentando cada vez que hacía alguna otra cosa que consideraba incorrecta. No podía sentirme en paz.

Había orado para pedir perdón, e incluso había sentido que Dios me había perdonado; sin embargo, no lograba perdonarme a mí misma. ¿Cómo podía perdonarme, si había pecado? Seguía culpándome a mí misma una y otra vez, lo que me impedía dejar el asunto en el pasado.

Mientras me sentía así, asistí a una conferencia para la juventud de verano en la que centramos gran parte de nuestro estudio en la expiación del Salvador. Cierto día, tropecé con un pasaje del libro de Enós que dice: “Enós, tus pecados te son perdonados, y serás bendecido.

“Y yo, Enós, sabía que Dios no podía mentir; por tanto, mi culpa fue expurgada” (Enós 1:5–6).

Aquello fue muy elocuente para mí; me di cuenta de que, al igual que yo, Enós había hecho algo malo y necesitaba el perdón. Enós incluso describe sus esfuerzos por obtener el perdón como una lucha ante Dios (véase Enós 1:2). No obstante, después de un tiempo, tras orar todo el día hasta llegar la noche, Enós sintió paz. Y cuando preguntó: “¿Cómo se lleva esto a efecto?”, el Señor respondió: “Por tu fe en Cristo” (Enós 1:7, 8).

¡Esa era la clave! Enós tuvo fe en Jesucristo. Si Enós pudo dejar que el Salvador quitara su culpa, ¿por qué no había yo de permitirle brindarme esa misma paz en mi vida? De allí en adelante, cada vez que sentía que no podía perdonarme, pensaba en el amor de Jesucristo y en Su perdón. Oré para pedir la capacidad de dejar de lado los malos sentimientos y dejar de sentirme tan avergonzada. Requirió algo de tiempo, pero después de muchas oraciones, dejé de sentirme tan mal en todo momento; finalmente sentí paz.

Aquella experiencia me enseñó mucho acerca de la gracia de Cristo. Después de haber pecado, sentí la tristeza que es según Dios, oré, me arrepentí, y sentí la confirmación de que Dios me había perdonado. Sin embargo, seguí castigándome a mí misma. Con el tiempo, comprendí que no debía seguir sufriendo por haber cometido aquel pecado, dado que Jesucristo ya había pagado por este mediante Su expiación. Debe haber sido difícil y doloroso para Él, pero aun así, estuvo dispuesto a sufrir a fin de que yo no tenga que hacerlo.

[Christ's image]

Imagen de Cristo, por Heinrich Hofmann

Desde entonces, he aprendido a depender de Jesucristo, y permitir que Su paz colme mi vida al fortalecer mi relación con Él y mi Padre Celestial. Trato de orar y leer las Escrituras todos los días, en especial, el Libro de Mormón. Trato de participar en actividades edificantes y de lo bueno que hay en las redes sociales y los medios de comunicación.

Aún cometo errores, pero sé que si me arrepiento y sigo esforzándome por mejorar, Jesucristo me bendecirá con Su gracia. Cuando deposito mi confianza en Él y en el Padre Celestial, se terminan la culpa y la vergüenza. Ahora conozco la paz que proviene de tener fe en Jesucristo, y soy más fuerte debido a ello.