2018
El testimonio: qué es y cómo se identifica
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El testimonio: qué es y cómo se identifica

Todos conocemos a algunas personas que se bautizan en la Iglesia, afirmando que tienen un testimonio, y que después se van de la Iglesia porque dicen haber perdido ese testimonio. Y aunque las razones son muchas y variadas, algunos dicen que les han engañado, porque no conocían o no les habían informado de algunos hechos de la historia y de ciertos principios doctrinales de la Iglesia. Es decir, que su testimonio estaba basado en un conocimiento insuficiente, y cuando conocen eso que antes ignoraban, deciden dejar una Iglesia que ya no es la que habían conocido, o, mejor, “desconocido”. Se podría decir, pues, que entraron en una Iglesia sin saber exactamente dónde entraban, y que, por tanto, se fueron sin saber de dónde salían o qué dejaban atrás.

¿Qué es un testimonio? ¿Cómo puedo saber si tengo un testimonio? ¿Qué significa “tener un testimonio”? ¿Qué supone “perder un testimonio”? ¿Qué se quiere manifestar al decir “yo sé”? ¿Cómo sé que algo es verdadero? ¿Por qué alguien que dice que “sabe” que algo es verdadero, dice después que “ya no lo sabe”? ¿Cuándo tenía razón? ¿Es apropiado decir “yo sé” sin tener suficientes razones para ello? ¿Qué evidencias son suficientes y necesarias para decir “yo sé”? ¿Cómo puedo estar seguro de que sé algo? ¿Qué conocimiento es necesario para que el testimonio esté basado en un cimiento que no se hunda con la adquisición de nuevos conocimientos, sino que se edifique con ellos? ¿Qué diferencia hay entre tener preguntas sin respuesta, y tener dudas?…

La Epistemología estudia qué es “el conocimiento” y qué significa “saber”. Establece para ello dos condiciones para que podamos decir que “sabemos” algo. La primera es que sólo se puede llamar conocimiento a una “creencia verdadera”: el conocimiento es algo positivo (una creencia podría ser errónea, pero el conocimiento, no), y no puede, por tanto, estar basado en la creencia en algo que no sea verdadero. Y la segunda condición es que esa creencia verdadera tiene que estar “justificada”: el conocimiento tiene que estar basado en una creencia verdadera que yo sea capaz de justificar o de dar razones de su veracidad. Por tanto, ¿cómo puedo saber si una creencia es verdadera?, ¿qué significa “justificar” mis creencias?, ¿he adquirido suficiente conocimiento de mis creencias para poder decir que sé que son verdaderas, y que puedo dar razón de ellas cuando sea necesario?

Hablando de la justificación de nuestra creencia, en la Guía de Estudio de las Escrituras leemos que un Testimonio (que es la expresión de esa creencia verdadera) es “Conocimiento y confirmación espiritual que da el Espíritu Santo”. Es decir, que el Espíritu Santo es el que nos ayuda a conocer y a dar razón, justificar y confirmar nuestro testimonio. ¿Cómo se recibe conocimiento por medio del Espíritu Santo? ¿Qué es tener conocimiento espiritual? ¿Qué supone recibir confirmación espiritual del conocimiento? ¿Cómo se recibe esa “confirmación espiritual”?

El Señor dijo a Oliver Cowdery: “Sí, he aquí, hablaré a tu mente y a tu corazón por medio del Espíritu Santo, que vendrá sobre ti y morará en tu corazón. Ahora, he aquí, este es el espíritu de revelación…” (D. y C. 8:2). ¿Cómo se recibe la palabra de Dios en la mente? ¿Y en el corazón? ¿Qué supone o significa que el Espíritu Santo more en el corazón? ¿Qué es el “espíritu de revelación”?

En otra revelación, el Señor mandó: “… buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” (D. y C. 88:118). ¿Qué diferencia hay entre el conocimiento que se obtiene por el estudio, y el que se obtiene por la fe? ¿Es necesario el estudio para conocer las cosas espirituales, o basta con tener fe? ¿Se obtiene el testimonio tan sólo por “obra y gracia del Espíritu Santo”, o hace falta algo más?

¿Qué quería decir Dios cuando enseñó a Oliver Cowdery que antes de preguntarle algo, debería estudiarlo primero en la mente, y que entonces Dios confirmaría si es o no verdadero lo aprendido por el estudio? (véase D. y C. 9:7–9). ¿Podríamos concluir que sin estudio no se puede tener revelación? ¿Qué significa el ardor en el pecho y el estupor de pensamiento como medios de recibir la confirmación de la veracidad o falsedad de algo, respectivamente?

En otra ocasión, el Señor dijo a Oliver Cowdery que podía identificar el testimonio con la “paz en la mente” (véase D. y C. 6:22–24). ¿Qué significa la paz mental como criterio para saber si tenemos un testimonio?

Alma habla en el Libro de Mormón del “deseo de creer” como una forma de empezar y perseverar en el arduo camino de la fe (véase Alma 32:27). ¿Qué significa “desear creer”? ¿Qué es lo que motiva a las personas a desear creer algo? ¿Puedo desear creer algo que no estoy dispuesto a vivir? ¿Se puede obtener y retener un testimonio de algo que no estoy dispuesto a cumplir? ¿Podría influir en la pérdida del testimonio la pérdida de este deseo?

El filósofo estadounidense William James (1842–1910) llama “voluntad de creer” a este deseo, porque la creencia debe ser ciertamente una apasionante afirmación de deseo, y nos recuerda que la decisión de creer debe ser auténtica; es decir, una opción viva, en la que la persona esté dispuesta a obrar. Y esto porque “la creencia se mide por la acción”: sin hechos, “la fe religiosa sería mera palabrería, indigna de las mentes serias”.

Cuando hablamos de saber qué creer, y qué dejar de creer; es decir, de las razones que tenemos para creer algo, estamos hablando de “justificación epistemológica” o de “justificación ética”. Nos estamos refiriendo, pues, a la responsabilidad que supone creer una cosa, y dejar de creer otra, porque se consideraría un error creer algo sin tener suficientes razones para ello.

Sin embargo, William James afirma que la decisión religiosa, a diferencia de la decisión relativa a cuestiones de naturaleza física o científica, es importante porque cambia nuestras vidas; por tanto, no podemos eludir la cuestión, permaneciendo escépticos y esperando que se haga más luz y tengamos una prueba objetiva, porque aunque de este modo evitemos el error si la religión no fuera verdadera, perderíamos el bien si fuera verdadera. En algunos casos la razón sola no es suficiente. Si fuéramos completamente racionales, no podríamos encontrar una base para creer. ¿Es la razón la única guía para encontrar la verdad? Las cuestiones religiosas no se parecen a las científicas, y no pueden esperar a que haya una prueba sensible. Si nuestro intelecto fuera infalible, podría tener sentido esperar hasta que tuviésemos más firmes pruebas. Hay, pues, tanto riesgo en posponer la decisión hasta estar completamente seguros, como en creer sin tener todas las pruebas necesarias. Entre varias proposiciones, debemos elegir la que sea auténtica, aunque no pueda decidirse con una base intelectual.

Julián Marías, por su parte, diferenciaba las “creencias verdaderas” de las “verdaderas creencias”, dando más importancia a las segundas, valorando más la autenticidad del creyente que la veracidad de lo creído, que es lo que hace James al valorar más una creencia basada en la acción, que la justificada sólo con palabras.

Volviendo al principio, y resumiendo: ¿Tengo claras las razones por las que decidí bautizarme en la Iglesia, o por las que persevero en ella? Si alguien me pidiera una justificación de esta decisión, ¿sabría cómo responder? ¿Sé lo que significa tener un testimonio del Evangelio Restaurado? ¿Está basado este testimonio en un conocimiento suficiente y en la confirmación del Espíritu Santo? Aparte del conocimiento espiritual e intelectual, ¿tengo también el deseo de creer, porque siento que las decisiones religiosas son algo vital para mí? ¿Es mi vida religiosa auténtica? ¿Está mi testimonio basado en obras, o sólo en palabras? ¿Tengo claro lo que he ganado al aceptar el Evangelio Restaurado? ¿Soy consciente de lo que perdería, si dejara la Iglesia y abandonara todo aquello a lo que me comprometí en las aguas del bautismo y en el Santo Templo?