2018
El Mini SOY cambia vidas
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El Mini SOY cambia vidas

Muchos hemos escuchado que los programas de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días cambian vidas. Hemos vivido esa experiencia en carne propia al conocer a Will A., un joven de catorce años, atrapado en el cuerpo de un niño. Will nos recibió en su casa en San Juan Pueblo, perteneciente a la Rama La Másica, con una sonrisa y una alegría que desbordaba en su rostro.

Hoy el hermano René Zelaya ha llegado a dejarle un obsequio. Sin vacilar Will nos brinda su ayuda y nos dice “yo puedo solo con eso”. La fe de Will es más grande que su cuerpo.

“Yo no quería ir al MINI SOY, pero oré al Señor y cuando iba por el camino me sentí diferente”. Will nos contó de su experiencia en este programa de la Iglesia que se celebró el 8 de julio de este año, en el que se recreó en un día todas las experiencias que se viven en el SOY, en el que participaron más de 250 jóvenes y 30 líderes de diferentes barrios de la ciudad puerto, de las estacas Miramar y La Ceiba.

Will se ganó el corazón de su compañía

Todos quedaron asombrados al ver aquella pequeña figura en el MINI SOY y la pregunta recurrente era “¿cuántos años tenés?”. Muchos creían que un niño de primaria se había colado en el Mini SOY al ver a Will con su estatura de no menos un metro diez. La sonrisa constante y la falta de timidez hizo que pronto nuestro amigo se robara el cariño de todos lo que lo rodeaban. Su calidez humana y su humildad se reflejaban en la pequeña faja alrededor de su cintura, un pedazo de cáñamo que evitaba que sus pantalones cayeran al piso.

“El MINI SOY me enseñó que debo ser obediente. Los consejeros me enseñaron mucho; me enseñaron a orar para pedir que el Señor proteja a mi familia”, contó muy entusiasmado.

Quiero ser misionero

Los programas inspirados de la Iglesia son capaces de cambiar vidas, de marcarnos y hacernos tomar decisiones que determinarán el destino de nuestras vidas. Will aprendió eso en el MINI SOY: “Quiero ser misionero para enseñarle a toda la gente la palabra de Dios, pero primero, para enseñar la palabra, tengo que aprender a leer. Necesito ayuda”.

Will contó que después del MINI SOY, él ora constantemente al Padre para que le ayude a lograr el milagro de aprender a leer, para poder ser misionero. Esa semilla que sembró este programa le ha dado un propósito a este joven, que nació el 17 de junio del 2003, quien en su infancia estuvo grave 15 días en un hospital por comer tierra. Su casa de láminas no limita sus deseos de aprender de este Evangelio. “Yo sé que si pido al Señor, Él me va a ayudar a leer, necesito ayuda para aprender a leer y ser un misionero”, dijo con seguridad en su voz.

Will es el tercero de cinco hijos, de los cuales solo uno asiste a la escuela. Su hermana Iris de 18 años no sabe leer ni escribir, igual que Nimia (7) y Jennifer (4). Únicamente Ritzi, de 12 años, asiste a la escuela y cursa el cuarto grado. Su madre, Pacita, solo hizo hasta tercer grado de primaria y su esposo Wilfredo pasa trabajando todo el día para llevar sustento a su hogar.

Haber conocido a Will, ver su sonrisa y su deseo de servir en una misión a pesar de la adversidad y los desafíos, da una perspectiva diferente de lo que la expiación de Cristo puede hacer en nuestras vidas. Él nos ama, la misericordia del Padre es infinita, los programas inspirados de la Iglesia son instrumentos para sanar, apacentar, enseñar, cambiar corazones y vidas, si aprendemos y enseñamos a la manera de Jesucristo.