Liahona
Comprender las bendiciones que se reciben al aceptar de buena gana la modestia


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Comprender las bendiciones que se reciben al aceptar de buena gana la modestia

Cuando me di cuenta de mi identidad y valor como hija de Dios, la modestia se convirtió en algo natural para mí.

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Unos meses después de recibir mi investidura, me encontraba conduciendo un auto con un amigo en un clima abrasador cuando él señaló que los pantalones cortos que llevaba puestos eran muy largos.

“¿No tienes calor?”, preguntó.

“Claro que sí”, respondí alegremente.

Los dos reímos.

“Pero conociéndote, sé que no usarías pantalones más cortos aunque no llevaras gárments ahora. Siempre has sido muy modesta”, dijo bromeando.

Pensé en aquellas palabras.

“Tienes razón”, le dije, riendo.

Pero, para ser honesta, sus palabras me preocuparon un poco. ¿Qué quiso decir con eso de “muy” modesta? ¿Había llevado la modestia al extremo? ¿Pensaría él que era rara?

Y junto con esa pregunta había más preguntas que había considerado por un tiempo, pero que había tenido demasiado miedo de preguntar: ¿Por qué me había tomado tan en serio el vestir de forma modesta? ¿De verdad me ayudaba a llegar a ser una mejor discípula de Cristo? ¿Acaso tenía alguna importancia?

En busca de las bendiciones de la modestia

Algunos de nosotros quizás tengamos preguntas sobre la modestia, especialmente en lo que tiene que ver con nuestro discipulado. Pero al buscar guía por medio del Espíritu, podemos comenzar a entender el porqué de ese mandamiento.

Cuando tuve preguntas acerca de la modestia y sentía la presión del mundo para que relajara mis normas, llevé las preguntas al Padre Celestial. Poco a poco, recordé muchos casos en los que escoger ser modesta —tanto en apariencia como en comportamiento— bendijo mi vida inmensamente.

Las siguientes son solo algunas de las bendiciones que he recibido al aceptar de buena gana el principio de la modestia.

1. La modestia puede cultivar la confianza

Nuestro cuerpo es el recipiente sagrado de nuestro ser espiritual y es un recordatorio tangible de cuán perfectamente nos ama nuestro Padre Celestial. Es un verdadero privilegio tener un cuerpo, ya que nos permite llegar a ser semejantes a Él. Cuando consideramos esa verdad milagrosa e incomprensible, ¿por qué no habríamos de estar seguros de quiénes somos?

Si dedican un momento a mirar a su alrededor, notarán que, debido al adversario, el mundo exhibe el cuerpo de manera diferente a lo que el Padre Celestial tiene por designio. Los cuerpos se critican y comparan, y a menudo se celebra la falta de modestia. El mundo desea convencernos de que comportarnos y vestirnos de cierta manera nos ayudará a ser aceptados y sentirnos más seguros de nosotros mismos que nunca. Sin embargo, la confianza que aquello aporta es fugaz.

La confianza duradera proviene de comprender nuestra identidad divina, al darnos cuenta de que nuestro cuerpo es un instrumento sagrado mediante el cual tenemos la oportunidad de experimentar la vida, en vez de un adorno para que el mundo lo decore1.

En Doctrina y Convenios 121:45, el Señor enseña: “… deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios”.

¡Y es verdad! Cuando tenemos pensamientos modestos y virtuosos, se reflejan en nuestro comportamiento, lenguaje y apariencia; y podemos experimentar la verdadera confianza en nosotros mismos.

En ocasiones, mis deseos temporales han estado en desacuerdo con la modestia, como al querer usar cierta ropa para sentirme atractiva o al desear ser aceptada actuando de cierta manera. Pero a medida que llegué a comprender verdaderamente mi identidad divina, quise reflejar dicha verdad; y con el tiempo, comportarme y vestirme modestamente llegó a ser algo natural para mí. Y la confianza en mí misma también aumentó; después de todo, la verdadera confianza tiene poco que ver con nuestra apariencia y tiene más que ver con vivir de una manera que refleje nuestra identidad divina.

2. La modestia puede profundizar nuestra relación con el Padre Celestial y Jesucristo

Cuando se ven como reglas, los mandamientos del Evangelio pueden parecer restrictivos. Pero cuando nos centramos en la perspectiva y el amor eternos del Padre Celestial por nosotros, podemos edificar nuestro testimonio sobre la verdad de que Sus mandamientos tienen el propósito de protegernos y bendecirnos. Provienen de Su amor perfecto2.

Al meditar en cómo la modestia había bendecido mi vida, cierta vez consideré la pregunta que hizo el presidente M. Russell Ballard, Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles, en cuanto a nuestro amor por Dios versus las cosas del mundo. Preguntó: “¿Cómo contestaríamos la pregunta: ‘¿me amas más que estos?’?3.

Me di cuenta de que el mundo puede estar lleno de tentaciones, pero cuando considero lo que el Padre Celestial y el Salvador han hecho por mí por amor, algo que puedo hacer para mostrarles a Ellos mi amor es escoger ser modesta. La modestia es el reflejo de mi compromiso interior para con Ellos, y al continuar mostrando mi devoción, siento que profundizo mi relación con Ellos, lo cual es una bendición de por sí.

3. La modestia invita el gozo

El élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “… Sus mandamientos no son gravosos, sino todo lo contrario: Señalan la senda que conduce a la sanación, la felicidad, la paz y el gozo. … y cuando los obedecemos, sentimos Su amor perfecto de manera más plena y profunda”4.

Y en 1 Nefi leemos que el amor de Dios es “el de mayor gozo para el alma” (1 Nefi 11:23; véase también el versículo 22). Cuando escogemos seguir los mandamientos, incluyendo la modestia, podemos sentir Su amor y participar de los frutos del evangelio de Jesucristo, que es la fuente del gozo verdadero.

Vestirme o comportarme como la mayoría de las personas del mundo podría permitirme sentir felicidad por un momento, y a veces he sentido esa tentación. Pero siento un gozo mucho mayor cuando me esfuerzo por guardar los mandamientos y los convenios, porque hacerlo me permite sentir el amor perfecto del Padre Celestial.

Atesorar nuestra verdadera identidad

Durante esa conversación con mi amigo, supuse que él pensaba que yo era un poco mojigata. Pero varios años después, ese amigo llegó a ser mi esposo, y me explicó que siempre valoraba el modo en que mi compromiso para con Cristo se reflejaba en mi apariencia, mi lenguaje y mis acciones.

Escoger la modestia no siempre será fácil, porque “las voces y presiones del mundo son numerosas y atractivas”5. Pero sé que las bendiciones y el gozo que recibo al aceptar la modestia de buena gana valen mucho más que cualquier cosa que el mundo pueda ofrecerme.

Si tienen preguntas sobre la modestia, los invito a buscar revelación personal y a considerar cómo esta ha bendecido su vida. Y recuerden, no juzguemos la dignidad de los demás de acuerdo con sus decisiones en cuanto a la modestia. Al escoger aceptar la modestia de buena gana, ofrezcamos compasión a los demás, la misma compasión que el Salvador nos ofrece a nosotros.

La modestia es una de las mejores maneras en que podemos aprender a atesorar nuestra verdadera identidad, acercarnos más al Padre Celestial y a Jesucristo, y sentir gozo en nuestra vida. Lo ha sido para mí y sé que también puede serlo para ti.

Notas

  1. Véase Lexie Kite y Lindsay Kite, “More Than a Body: Seeing as God Sees”, New Era, agosto de 2019, págs. 8–11.

  2. Véase Russell M. Nelson, “The Love and Laws of God” (devocional de la Universidad Brigham Young, 17 de septiembre de 2019), pág. 2, speeches.byu.edu.

  3. M. Russell Ballard, “¿Me amas más que estos?”, Liahona, noviembre de 2021, pág. 51.

  4. D. Todd Christofferson, “El amor de Dios”, Liahona, noviembre de 2021, pág. 18.

  5. Russell M. Nelson, “Dediquen tiempo al Señor”, Liahona, noviembre de 2021, pág. 120.