Liahona
Recuperarse de las adicciones: Es posible por medio de Cristo


“Recuperación de adicciones: Es posible por medio de Cristo”, Liahona, junio de 2022.

Recuperarse de las adicciones: Es posible por medio de Cristo

El Programa para recuperarse de las adicciones de la Iglesia consiste en que las personas se relacionen y se apoyen mutuamente para superar las adicciones, pero lo que es más importante, consiste en relacionarse con el Salvador.

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Fotografía de Getty Images

Cada uno de nosotros lucha contra sus propios desafíos personales. Para muchas personas, las conductas adictivas o compulsivas pueden ser una de esas pruebas. No siempre hablamos abiertamente sobre las adicciones o las conductas compulsivas en la sociedad y, en especial, en la Iglesia. Si usted o un ser querido está luchando con una adicción, tal vez sienta culpa o vergüenza, o se preocupe porque otras personas lo juzguen.

Si está luchando con una adicción, podría sentir que está destrozado o que es una mala persona. Ese desafío puede parecer abrumador, vergonzoso o insuperable. Sin embargo, ninguna de nuestras acciones puede cambiar nuestro valor a los ojos de Dios. Todos tenemos un valor infinito y no estamos solos en nuestras pruebas. Todas las cosas, incluso la recuperación de una adicción, son posibles por medio de Cristo. Eso también es así para aquellos que puedan tener dificultades con el dolor o las consecuencias de las acciones de otra persona. El presidente M. Russell Ballard ha enseñado:

“Y para todos los que sean víctimas de cualquier tipo de adicción: hay esperanza, porque Dios ama a todos Sus hijos y porque la Expiación y el amor del Señor Jesucristo hacen que todo sea posible.

“He visto la maravillosa bendición de la rehabilitación que puede librarnos de las cadenas de la adicción. El Señor es nuestro Pastor y nada nos faltará al confiar en el poder de la Expiación. Sé que el Señor puede librar a los adictos del cautiverio y lo hará, porque como proclamó el apóstol Pablo: ‘Todo lo puedo en Cristo que me fortalece’ (Filipenses 4:13)”1.

Relacionarse con Jesucristo y con los demás

Existe una variedad de tratamientos para las conductas adictivas. El Programa para recuperarse de las adicciones (PRA) de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es un camino hacia la sanación que proporciona un lugar seguro y de apoyo para cualquier persona que se esfuerce por superar conductas adictivas o compulsivas. El programa consta de grupos de apoyo en persona o en línea que siguen una metodología de doce pasos dentro del contexto del Evangelio. Cada grupo está formado por participantes que se esfuerzan por recuperarse, misioneros de servicio del PRA y facilitadores que han logrado recuperarse y sanar gracias al Programa para recuperarse de las adicciones.

Hay dos tipos de reuniones para recuperarse de las adicciones: (1) reuniones centradas en adicciones generales y (2) reuniones centradas en vencer el consumo de pornografía. También hay grupos de apoyo para cónyuges y familiares.

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Detalle de Beside Still Waters (Junto a aguas tranquilas), por Simon Dewey

El Programa para recuperarse de las adicciones de la Iglesia consiste en que las personas se relacionen y se apoyen mutuamente para superar las adicciones, pero, lo que es más importante, consiste en relacionarse con el Salvador Jesucristo. Él desea ayudarnos en nuestras pruebas y es la fuente de sanación.

Cómo hallar una reunión

Cada semana se llevan a cabo aproximadamente 2800 reuniones del PRA en treinta países y en diecisiete idiomas distintos. Si desea buscar una reunión, visite addictionrecovery.ChurchofJesusChrist.org. Esas reuniones se llevan a cabo en persona y en línea. Si no hay reuniones en la zona en la que vive, o si se siente más cómodo al asistir de forma virtual, puede participar en una reunión en línea o por teléfono. También puede preguntar a sus líderes de la Iglesia si se puede organizar una reunión en persona en su región.

En los grupos del PRA, no hay presión para participar más de lo que le gustaría. Para empezar, puede asistir a una reunión y simplemente observar, escuchar a los demás y sentir el Espíritu.

Las siguientes son tres experiencias de personas que han asistido al Programa para recuperarse de las adicciones: una persona que asistió por iniciativa propia, una persona que ahora es facilitadora y otra persona que asistió para apoyar a un amigo (este último relato está disponible en la versión digital de este artículo).

La experiencia de cómo Dorinda superó el alcoholismo

Se ha cambiado el nombre.

Comencé a beber a temprana edad. En el país donde vivía, eso era socialmente aceptado, y me sentía presionada a beber para que me aceptaran.

Después de casarme, mi esposo y yo nos sumergimos en el alcoholismo, lo cual realmente preocupaba a mis padres. Incluso después de que mi esposo y yo tuvimos a nuestro primer hijo, nuestra adicción al alcohol no se detuvo.

Poco después del nacimiento de nuestro hijo, me convertí en miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, dejé de beber y comencé a progresar para superar mi adicción. Esos cambios irritaron a mi esposo, quien estaba molesto porque yo no bebía ni andaba de fiesta con él.

Después de mucha oración y ayuno para tratar de determinar la voluntad del Señor, dejé a mi esposo y me mudé a los Estados Unidos. Al esforzarme por vivir el evangelio de Jesucristo, pude superar mi alcoholismo, pero todavía me costaba controlar mi ansiedad y los sentimientos de desesperación. Con el tiempo, me volví a casar con un miembro de la Iglesia, pero seguía luchando.

Una hermana de la Iglesia me invitó a un grupo del Programa para recuperarse de las adicciones. No tengo ninguna duda de que el Padre Celestial está al tanto de mí porque lo que aprendí allí fue específicamente para mí. Hablamos de cómo el sentimiento de aislamiento es un elemento común para aquellos que han experimentado una adicción. Ese aislamiento era algo que me había impuesto a mí misma y con lo que luchaba.

Por medio del Programa para la recuperación de adicciones, me di cuenta de que no tengo que vivir aislada de Dios y de otras personas. Tengo la fortaleza y la fe para afrontar los desafíos y superarlos.

Ahora sé que no estoy sola. Todavía asisto a las reuniones de grupo y a veces mi esposo asiste a las reuniones de grupo conmigo. Hay personas de todas partes en las reuniones en línea, y aprendemos de las experiencias de los demás y nos ofrecemos apoyo el uno al otro. Mi obispo, mi esposo y mis hijos también saben que necesito su apoyo.

Sobre todo, sé que es por medio de la expiación de Cristo que puedo superar mi adicción.

La experiencia de cómo Ashly superó la adicción a las drogas

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La familia de Ashly en 2021

Fotografía por Lori Romney Photography

No me di cuenta de la seguridad que el evangelio de Jesucristo me proporcionaba hasta que dejé que la adicción se apoderara de mi albedrío. Comencé a beber y a fumar marihuana a los 14 años. Cuando tenía dieciséis años, pasé quince meses en un centro de rehabilitación para adolescentes. Cuando me fui, tuve una recaída. Robaba para conseguir dinero a fin de comprar drogas, y tenía poco contacto con mi familia. En un momento dado, viví con una familia que traficaba y consumía drogas. Mi situación era oscura y aterradora. Había tocado fondo. Para cuando cumplí diecinueve años, era adicta a la heroína.

Durante mucho tiempo, pensé que no tenía la capacidad de lograr la sobriedad a largo plazo ni llevar una vida de paz o plenitud. No obstante, veía la mano de Dios en mi vida en pequeños milagros, como encontrar un marcalibro del Libro de Mormón en una antigua Biblia o tener el amor y el apoyo inagotables de mi papá. Por medio de esos pequeños mensajes, escuché la voz del Señor.

Logré dejar la heroína y decidí “experimentar” y ver lo que sucedería si hacía todo lo que Dios me pedía que hiciera (véase Alma 32:27). Decidí que si guardar los mandamientos me hacía feliz, me mantendría sobria. Dejar los cigarrillos y el café y pasar por el proceso del arrepentimiento fue difícil; pero después de hacerlo me sentía diferente. Empecé a sentirme a salvo.

A lo largo de mis años de adicción, asistí a las reuniones del Programa para recuperarse de las adicciones de la Iglesia. Incluso conocí a mi futuro esposo en una de las reuniones. Cada vez que asistía, me recibían con los brazos abiertos. Era un lugar seguro para mí. Durante una reunión, un hombre se ofreció a hacer una oración especial por mí. Esa noche sentí el amor del Padre Celestial por mí. Me sentía digna de ser limpia. Logré estar sobria un mes después.

Desde hace ya casi cinco años, he sido facilitadora del Programa para recuperarse de las adicciones. Mi parte favorita de las reuniones es que se puede ver y experimentar el evangelio de Jesucristo en acción. No existe el sentimiento de compararse con otras personas ni preocuparse por ser aceptado. Las personas están allí porque necesitan a Dios y están dispuestas a dejar de lado el orgullo para sentir Su paz.

Esas reuniones son uno de los lugares en los que más he sentido el Espíritu en mi vida. Las reuniones son un lugar de amor, apoyo y esperanza. Son un lugar de seguridad donde se comparten el dolor y los problemas y donde verdaderamente podemos ayudarnos a sobrellevar las cargas los unos de los otros.

Siento que cuando las personas están en proceso de recuperación, Dios está muy presente en sus vidas. Los pequeños milagros y las tiernas misericordias ocurren con regularidad, y creo que representan los pequeños recordatorios de Dios para mantener a esas personas en la dirección correcta.

Ha sido un honor para mí poder utilizar mi experiencia con la adicción y el estar sobria para dar esperanza a los que todavía están en la lucha. Si pudiera regresar en el tiempo, sabiendo lo que sé ahora, escogería seguir el consejo de nuestros líderes de la Iglesia; escogería no probar las drogas ni el alcohol. Pero sé que el Señor puede obrar en todas las cosas para el bien de aquellos que lo aman. Sé que eso es lo que me ha sucedido. He podido convertir mi angustia y dolor en un mensaje de esperanza.

La experiencia de cómo Rachel apoyó a un amigo

Cuando un joven con quien estaba saliendo me habló de su adicción a la pornografía, lo primero que dije fue: “¿Cómo puedo ayudar?”.

Él respondió: “Ven conmigo a las reuniones para la recuperación de adicciones. Hay un grupo de apoyo para familiares y amigos al que puedes asistir”.

Sabía del programa de doce pasos para la recuperación de adicciones, pero no tenía idea de que había grupos de apoyo. Al principio estaba un poco indecisa, pero recordé que le había preguntado cómo podía ayudar, y eso fue lo que me pidió.

Durante la primera reunión, respiré hondo y caminé hasta la sala donde se reunía el grupo de apoyo. Cuando entré en la habitación, me sentí lista para aprender cómo podía salvar a mi novio de su adicción,

pero me sorprendió lo que descubrí.

Me entregaron un libro, la Guía de apoyo: Ayuda para el cónyuge y los familiares de las personas en proceso de recuperación, el cual leíamos en voz alta durante cada clase.

Ni una sola vez aprendí cómo podía salvar a mi novio.

En vez de ello, las doce lecciones de la guía de apoyo me mostraron que antes de poder apoyar a cualquier otra persona, primero tenía que poner mis cargas a los pies del Señor y permitirle que me sanara (véase 3 Nefi 9:13): que me sanara de mis propias faltas y dificultades, y soportara mi dolor al apoyar a un ser querido que se recuperaba de la adicción.

Me di cuenta de que debía confiar en el Salvador y acudir a Él para hallar paz, esperanza y fortaleza. Y debido a eso, me siento mucho mejor preparada para apoyar a otras personas que afrontan conductas adictivas o compulsivas.

“Nuestra prioridad debe ser acercarnos más al Señor en forma individual”, dice la guía de apoyo. “… Esto nos colocará en una mejor posición para apoyar a nuestros seres queridos. Sin importar lo que ellos elijan hacer, la paz y la esperanza del Salvador podrán estar con nosotros” (Guía de apoyo: Ayuda para el cónyuge y los familiares de las personas en proceso de recuperación, 2017, pág. III).

Al continuar asistiendo al curso, aprendí lo mucho que el Salvador me ama y cómo Él realmente conoce mi situación. También aprendí que ninguna adicción alterará lo mucho que Él ama a cualquiera de los hijos del Padre Celestial.

Pero creo que la lección más importante que aprendí al asistir al grupo de apoyo es que no puedo salvar a mi novio (ni a nadie). Solo Jesucristo puede hacerlo. Por medio de Su sacrificio expiatorio, Él tiene el poder para salvar.

Estoy sumamente agradecida de que Él es nuestro Salvador, porque sabe cómo socorrernos perfectamente (véase Alma 7:11–12). Al confiar en Su gracia, sé que recibiremos lo que sea necesario para nuestra sanación personal. Él nos alentará y podremos apoyar más a nuestros seres queridos que afrontan adicciones.

Debido al grupo de apoyo y a las clases del PRA, mi novio se sintió cómodo diciéndome cuándo se sentía tentado porque sabía que yo no estaba allí para juzgarlo, sino para amarlo y apoyarlo en sus esfuerzos. Su lucha aún no ha terminado, pero vi la mejora y el cambio que los principios de esas clases hicieron en su vida y en la mía. Y sentí continuamente la mano del Señor.