Liahona
Mi padre y el templo


“Mi padre y el templo”, Liahona, junio de 2022.

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1 Reyes 8:12–61

Mi padre y el templo

El sueño de mi padre de una espléndida casa blanca me recuerda que el templo siempre debe ser el centro de nuestra vida.

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Ilustraciones por David Green

Mi familia se unió a la Iglesia cuando yo era un jovencito. Unas semanas después de nuestro bautismo, mi padre tuvo un sueño. Caminaba por una hermosa calle. A lo lejos vio una impresionante casa blanca. Nunca había visto un edificio que fuera una fuente de inspiración.

A la mañana siguiente, compartió su sueño con nuestra familia y también lo compartió con el matrimonio misionero mayor que enseñó el Evangelio a nuestra familia. Los misioneros mayores le dijeron que la casa de su sueño era un símbolo: representaba el templo.

Le mostraron imágenes de algunos de los templos de la Iglesia alrededor del mundo. Dijeron que un día se construiría un templo donde vivíamos, en la República Democrática del Congo. Durante el resto de su vida, mi padre oró para que hubiera un templo en nuestro país.

El sueño se hizo realidad

Veinticinco años después, el sueño se hizo realidad. En la Conferencia General de octubre de 2011, el presidente Thomas S. Monson anunció planes para construir el Templo de Kinshasa, República Democrática del Congo. ¡El anuncio hizo a mi padre el hombre más feliz de la tierra! Estuvo muy contento de estar presente el 12 de febrero de 2016, cuando del élder Neil L. Andersen, del Cuórum de los Doce Apóstoles, presidió la ceremonia de la palada inicial.

Lamentablemente, mi padre falleció en diciembre de 2016, antes de la finalización del templo. En junio de 2018, yo me encontraba en Salt Lake City, Utah, EE. UU. En el Templo Jordan River, Utah, pude efectuar las sagradas ordenanzas del templo a favor de mi padre. Esa noche, mi padre me visitó en un sueño; él brillaba con luz. Supe que él había aceptado lo que hice por él.

Pensamos en mi padre con cariño cuando el élder Dale G. Renlund, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dedicó el templo terminado de Kinshasa el 14 de abril de 2019. Poco tiempo después, mi familia efectuó ordenanzas para sellar a mi padre y a mi madre el uno al otro y después sus hijos fueron sellados a ellos. Nuestra familia recordará ese día para siempre; lloramos de gozo. Sabíamos que si obedecíamos las leyes y los mandamientos de Dios y vivíamos fieles a nuestros convenios, nuestra familia podría estar unida para siempre.

El sueño de mi padre de una hermosa casa blanca me recuerda que el templo siempre debe ser el centro de nuestra vida. Algunos han viajado grandes distancias y han hecho grandes sacrificios para ir a la Casa del Señor, pero aun cuando no podamos ir al templo porque esté lejos, o estemos esperando que se construya uno, o nos regocijemos porque ahora tengamos uno cerca, el templo debe estar constantemente en nuestros pensamientos y en nuestro corazón.

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Por qué tenemos templos

El profeta Isaías enseñó: “Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará acerca de sus caminos, y caminaremos por sus sendas” (Isaías 2:3).

Como miembros de la Iglesia, siempre debemos tener en mente la perspectiva eterna que se enseña en el templo: quiénes somos y por qué estamos aquí en la tierra. Debemos recordar que nuestra meta es regresar a nuestro Padre Celestial para morar con Él por toda la eternidad. Esa es la razón por la que se construyen templos. Son un lugar para que nosotros, Sus hijos e hijas, aprendamos más plenamente sobre nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo; son un lugar donde podemos aprender lo que debemos hacer para volver a vivir con Ellos.

Tener el templo es una señal del amor que Dios tiene por nosotros. El templo es un lugar sagrado donde las personas y las familias pueden recibir las ordenanzas más sagradas del Evangelio para su propia salvación y exaltación. El templo también es un lugar donde pueden efectuar ordenanzas sagradas a favor de sus antepasados y de otras personas que vivieron aquí en la tierra sin la oportunidad de recibir esas ordenanzas. De ese modo, proporcionamos a los que están del otro lado del velo la oportunidad de recibir lo que no recibieron en esta vida (véanse Hebreos 11:40; Doctrina y Convenios 128:15).

Los templos y el recogimiento de Israel

El presidente Russell M. Nelson enseñó:

“Ciertamente estos son los últimos días, y el Señor está acelerando Su obra para recoger a Israel. Ese recogimiento es lo más importante que se está llevando a cabo hoy en la tierra […].

“Cuando hablamos del recogimiento, simplemente estamos diciendo esta verdad fundamental: cada uno de los hijos de nuestro Padre Celestial, a ambos lados del velo, merece escuchar el mensaje del evangelio restaurado de Jesucristo. Ellos deciden por sí mismos si quieren saber más […].

“Todo hijo de nuestro Padre Celestial merece la oportunidad de elegir seguir a Jesucristo, aceptar y recibir Su evangelio con todas sus bendiciones”1.

Como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, como el Israel del convenio de los últimos días, tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestro Padre Celestial en esta gran obra. ¿Cómo lo hacemos?

El presidente Russell M. Nelson respondió esta pregunta cuando dijo: “Cuando hablamos de recoger a Israel a ambos lados del velo, nos referimos, por supuesto, a la obra misional, del templo y de historia familiar. También nos referimos a la edificación de la fe y del testimonio en el corazón de aquellos con quienes vivimos, trabajamos y servimos. Cada vez que hacemos algo que ayude a alguien, en cualquier lado del velo, a hacer y guardar sus convenios con Dios, estamos ayudando a recoger a Israel”2.

En otras palabras, buscamos a los justos, aquellos que “permitan que Dios prevalezca”3 en su vida, y los apoyamos conforme el Espíritu los guíe a la senda de los convenios, al templo y a la vida eterna.

Los templos y la Restauración

Así como Salomón de antaño edificó una “casa al nombre de Jehová, Dios de Israel” (1 Reyes 8:20), desde los primeros días de la Restauración se mandó a los miembros de la Iglesia edificar un templo (véanse, por ejemplo, Doctrina y Convenios 57:3; 84:3–5; 124:31). Eso fue parte del cumplimiento del sueño que interpretó Daniel, donde vio que Dios establecería un reino de los últimos días que nunca sería destruido. El reino crecerá, se extenderá y prosperará hasta que llene toda la tierra (véase Daniel 2:35, 44–45). José Smith dijo: “…esta Iglesia llenará el norte y el sur de América; llenará el mundo”4.

El Señor describió nuestra época como “una dispensación del evangelio para los últimos tiempos; y para el cumplimiento de los tiempos, en la cual juntaré en una todas las cosas, tanto las que están en el cielo, como las que están en la tierra” (Doctrina y Convenios 27:13). Partes importantes de ese recogimiento de cosas en el cielo y en la tierra se llevan a cabo en el templo.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es el Reino de Dios sobre la tierra hoy en día. La finalidad de la Iglesia es preparar a las personas para vivir eternamente en el Reino Celestial (véase Doctrina y Convenios 65). La Iglesia se establece cuando los hijos y las hijas de Dios que tienen un testimonio del evangelio de Jesucristo:

  • son bautizados y confirmados,

  • reciben las ordenanzas del templo,

  • guardan sus convenios,

  • demuestran que permanecerán fieles y obedientes en todas las circunstancias y participarán en la gran obra de los últimos días (véanse 1 Samuel 13:8–14; Doctrina y Convenios 98:14–15).

Esta dispensación del cumplimiento de los tiempos se establece con el fin de recoger al Israel disperso, como preludio de la segunda venida de Jesucristo.

Sé que el Reino de Dios se ha establecido en la tierra para ayudarnos a conocer y entender el maravilloso plan que nuestro Padre Celestial tiene para nosotros. El Evangelio y el templo nos ayudan a recordar quiénes somos, por qué estamos aquí en la vida terrenal y a dónde iremos después de esta vida. Sé que las ordenanzas y los convenios sagrados del templo nos ayudarán a ser dignos de la vida eterna y la exaltación si permanecemos fieles a los convenios que hacemos. Fortalecerán nuestro matrimonio y nuestra familia, y nos ayudarán a aumentar nuestra capacidad personal para resistir los ataques del adversario a medida que nos preparamos a diario para encontrarnos con nuestro Hacedor.