Liahona
Aprender del modelo de Dios para los consejos


“Aprender del modelo de Dios para los consejos”, Liahona, junio de 2022.

Aprender del modelo de Dios para los consejos

Siete maneras para hacer que sus consejos personales, familiares y de la Iglesia sean más significativos.

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El élder Dieter F. Uchtdorf (a la cabeza de la mesa) dirige una reunión con líderes y empleados de la Iglesia en el Consejo Ejecutivo Misional.

Fotografía por Jeffrey D. Allred, Deseret News

Desde el principio, Dios ha realizado Su obra por medio de consejos. Es mucho lo que podemos aprender acerca de la importancia de los consejos y sobre deliberar en consejo de nuestra experiencia antes de venir a la Tierra.

“Leemos esa primera historia verdadera de un consejo en la Perla de Gran Precio”, dijo el presidente M. Russell Ballard, Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles, refiriéndose al Gran Concilio de los Cielos. En ese consejo familiar, el Padre Celestial presentó un plan para el progreso de Sus hijos; un plan hecho posible mediante el sacrificio voluntario de Jesucristo, que se llamaba Jehová. El Padre Celestial presidió con amor, alentó la libertad de expresión y respetó el don del albedrío1.

Durante la creación subsiguiente del cielo y de la tierra, el Padre Celestial mostró el modelo divino para deliberar en consejo. Se dieron instrucciones y asignaciones, y se dio un informe de ellas. El Padre Celestial y Jesucristo continúan gobernando a la familia de Dios y a la Iglesia por medio de consejos.

Este modelo divino de consejos es “crucial” en todos los niveles, dijo el presidente Ballard. En la Iglesia, esto incluye consejos a nivel general, de estaca y de barrio.

Un modelo para personas y familias

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Este modelo también guía a las personas y a las familias. El presidente Dallin H. Oaks, Primer Consejero de la Primera Presidencia, dijo: “En ningún sitio es más importante el principio de deliberar en consejo que en la relación entre el esposo y la esposa, y en su relación como padres con sus hijos, o con cualquier otro pariente que pueda estar viviendo con ellos”.

El presidente Ballard ha descrito los consejos familiares como “[el] consejo más básico y fundamental, y probablemente el más importante de todos”2. Cuando un padre se sienta con su hijo adolescente, dijo el presidente Ballard, esto no es solo una reunión de padre e hijo. “Está en una reunión de consejo con el miembro más preciado con el que podría estar deliberando en consejo”.

Todos podemos poner en práctica en nuestra vida los principios de los buenos consejos al pedir a los padres, líderes de la Iglesia, mentores y otras personas que deliberen en consejo con nosotros en cualquier momento, incluso cuando enfrentemos decisiones importantes o tengamos desafíos que resolver.

“Aquellos que están solteros e incluso los estudiantes que viven lejos de casa pueden seguir el modelo divino de los consejos al reunirse con amigos y compañeros de apartamento para deliberar en consejo”, dijo el presidente Ballard3.

Incluso una persona que viva sola puede deliberar en consejo con el Señor por medio de la oración. Puede expresar amor y gratitud, y pedir inspiración y guía al escuchar la inspiración del Espíritu, dijo él4.

Independientemente del tipo de consejo, dijo el presidente Henry B. Eyring, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, “la fortaleza de los consejos proviene en gran medida de la fe de las personas que están en ellos”.

Los principios de consejos eficaces

A continuación se encuentran algunos principios de los líderes de la Iglesia que pueden bendecir nuestros consejos de estaca, de barrio y familiares.

Conocer su objetivo

Una reunión de consejo no es decirle a todos lo que deben hacer, dijo el presidente Ballard. Una reunión de consejo no es pedirle a todos que den un informe. Una reunión de consejo es cuando un obispo dice, por ejemplo: “Tenemos un problema con la reverencia en el barrio. Conversemos sobre esto. ¿Qué podemos hacer?”. Una reunión de consejo es una oportunidad de reunirse para entender y unirse en torno a un propósito común.

En el Gran Concilio de los Cielos, el Padre Celestial presentó Su plan para ayudar a Sus hijos a llegar a ser como Él y nos permitió llegar a comprender el plan (véase Abraham 3:22–28). Al igual que en el Gran Concilio de los Cielos, uno de los propósitos principales de cualquier consejo familiar o de la Iglesia es “traer almas a Cristo”, dijo el presidente Ballard. “Es ayudar a prepararlos para recibir las ordenanzas y los convenios esenciales para la salvación eterna”.

Mantener al Salvador en el centro

Así como el Salvador fue el centro del Gran Concilio de los Cielos, Jesucristo debe ser el centro de cada uno de nuestros consejos, “no nuestro propio ego ni nuestras propias ideas”, dijo del élder Dieter F. Uchtdorf, del Cuórum de los Doce Apóstoles.

Para mantener al Salvador como el centro de atención, el consejo podría preguntar: “¿Qué querría Él que hiciéramos? ¿Cómo podemos lograr Su propósito?”.

La presidenta Camille N. Johnson, Presidenta General de la Primaria, dijo que los consejos no se llevan a cabo solo con fines administrativos ni de planificación. “Esto es ministrar a cada persona en particular, y la manera en que podemos saber cómo hacerlo a nivel mundial es invitar a nuestro Salvador al proceso y reconocer al Espíritu”.

Invitar al Espíritu por medio de la preparación

Antes de analizar un tema, los miembros del consejo podrían repasar la información de contexto, aconsejó el élder Quentin L. Cook, del Cuórum de los Doce Apóstoles. “Pónganlo en contexto”, dijo. Podría tratarse de un contexto histórico o doctrinal u observaciones de la experiencia personal. Por ejemplo, una familia que delibere en consejo sobre maneras de mejorar su observancia del día de reposo podría leer pasajes de las Escrituras o discursos de la conferencia general relacionados con el tema.

La buena información puede brindar inspiración, dijo el élder Uchtdorf. “Tienen que recopilar información y luego estarán en condiciones de recibir revelación cuando se conecten con el Espíritu”.

Asegurarse de que se escuche toda voz

El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “La revelación está esparcida entre los diversos miembros de un consejo. A medida que un asunto se presenta para su consideración, necesitamos, invitamos y escuchamos el consejo de todos”.

Ya sea en un consejo general, de estaca, de barrio o familiar, se necesita y se debe valorar la voz de cada miembro del consejo.

Cuando el esposo y la esposa trabajan juntos para permitir que sus hijos tengan voz en su familia, por ejemplo, pueden aprender que “a veces la revelación viene por la voz de un niño de ocho años”, dijo la presidenta Bonnie H. Cordon, Presidenta General de las Mujeres Jóvenes.

Buscar la perspectiva de las mujeres

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“La voz de las mujeres en todos los niveles, incluso en el hogar, es crucial”, dijo el presidente Ballard.

Se progresa cuando las mujeres y los hombres están unidos y trabajan juntos, dijo la presidenta Jean B. Bingham, Presidenta General de la Sociedad de Socorro. A las mujeres que cuestionaban su valor en los consejos, les dijo: “Su voz como mujer es importante”.

El élder Cook se hizo eco de las reflexiones de la presidenta Bingham: “No debemos estar en yugo desigual”. Señaló el ejemplo de que las presidencias del cuórum de élderes y de la Sociedad de Socorro estuviesen “con un yugo igual” en sus responsabilidades por la obra de salvación en el barrio. El procurar obtener las opiniones de las mujeres en los consejos seguirá “bendiciendo grandemente la obra de salvación”, dijo él.

Escuchar para aprender

Al mismo tiempo que invitan a cada voz a contribuir, los miembros del consejo deben “escuchar para aprender” en lugar de simplemente esperar el turno de hablar, dijo la presidenta Bingham. El poder de deliberar en consejo se logra al aprender que “pueden escuchar a cualquier persona en ese consejo y recibir algo de provecho”.

La presidenta Cordon dijo que al dejar de lado nuestras propias ideas y escuchar activamente para aprender —de los demás y del Señor— “el Espíritu aumenta nuestra perceptción y entendimiento”.

Por ejemplo, en el Consejo de la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles, nadie trata de forzar cierto punto de vista, dijo el élder Bednar. Las decisiones se toman con “modestia, mansedumbre y por el poder del Espíritu Santo”.

Buscar consenso, no concesiones

La presidenta Bingham ha observado que en los entornos seculares, las conversaciones en grupo a menudo conducen a llegar a un arreglo, un acuerdo que se logra cuando cada parte hace concesiones.

“Así no es como funciona un consejo de la Iglesia. Trabajamos por consenso”, dijo. Al compartir ideas de manera sincera y franca, “seguimos trabajando juntos, buscando la mejor solución, según se determina mediante la revelación por medio del Espíritu”. Cuando los miembros de un consejo procuran estar unidos en una decisión, eso invita al poder del Señor para confirmar la decisión así como para ayudar a que suceda (véanse Mateo 18:19; Doctrina y Convenios 42:3; 107:27). Una vez que se toma una decisión, todos tienen la responsabilidad de seguir adelante y apoyar activamente la decisión fuera del consejo.

A veces el consenso se logra rápidamente y otras veces puede tomar más tiempo, advirtió la presidenta Johnson. “Sean pacientes con el proceso de revelación”.

Un mejor resultado

El presidente Ballard dijo que aquellos que aprendan a deliberar en consejo de manera eficaz en sus estacas, barrios y familias —siguiendo el modelo divino que el Padre Celestial y Jesucristo nos mostraron— “siempre terminarán con un mejor resultado, siempre terminarán con una mejor respuesta, siempre terminarán con un mejor espíritu”.