Liahona
Historias que nos unen


“Historias que nos unen”, Liahona, junio de 2022.

Envejecer fielmente

Historias que nos unen

Podemos fortalecer a nuestra familia al compartir ejemplos de fe y valor, pasados y presentes.

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Ilustraciones por Carolyn Vibbert

A medida que he ido creciendo, mi posición en la familia ha cambiado. Antes era la madre joven que juntaba a un grupo de niños activos en una especie de caos organizado que llamábamos noche de hogar. Ahora soy la abuela, a veces en medio de los acontecimientos familiares y otras veces en segundo plano. He avanzado un eslabón en la cadena de la vida; he amado a dos generaciones anteriores, incluyendo a mi esposo, que ahora están al otro lado del velo; y adoro a dos generaciones que están actualmente en la tierra (más algunos bisnietos de la generación que viene después).

Una de las funciones que ahora desempeño tiene lugar al final de nuestras videoconferencias familiares de Ven, sígueme. Como parientes, utilizamos un programa de juegos en línea para ayudar a los primos a conocerse mutuamente y ayudarnos a todos a recordar o a conocer a nuestros antepasados. Al hacerlo, me he dado cuenta de que no solo nuestros convenios del templo unen a nuestra familia eternamente, sino que también lo hacen nuestras historias comunes de valor y fe.

Inspiración del pasado

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Creo que cada uno de nosotros tiene una historia de fe y valor para darla a conocer. Sin duda, aquellos que nos precedieron pueden inspirarnos conforme recordamos su espíritu y sus sacrificios. Por ejemplo:

  • Nuestra familia está agradecida por un joven, Christian Hans Monson, que en el siglo XIX llevó comida a los misioneros encarcelados en Fredrikstad, Noruega. Ellos le enseñaron el Evangelio. El joven los sacó de la cárcel a escondidas, y ellos lo bautizaron en un fiordo una noche estrellada. Después de unirse a la Iglesia, su padre lo echó de casa, pero él se dirigió al valle del Lago Salado para levantar a una posteridad recta.

  • También nos inspira la historia de Johanna Kirstine Larsen. Durante su trayecto al valle del Lago Salado, su compañía de pioneros, dirigida por Brigham Young, hijo, se encontró con un incendio que se propagaba en la pradera. Después de ofrecer fervientes oraciones, una pequeña nube en el horizonte se convirtió en una tormenta que extinguió el fuego.

Inspiración para hoy

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Mi nieta y mi nieta “adoptiva”, una joven conversa que vino a vivir con la familia de mi hija.

Fotografía cortesía de la autora

Siento inmensa gratitud por esas almas fieles y valientes, pero también me siento humilde por los espíritus valientes de nuestra familia de hoy en día. De modo que decidí que en cada una de nuestras reuniones familiares pediría a dos de los nietos que compartieran sus testimonios de fe y valor. Eso no solo inspira al resto de la familia, sino que permite que aquellos que comparten su historia dediquen unos minutos a ver cómo Dios los ayudó en tiempos difíciles. Aquí figuran dos de esas historias.

  • Nuestra nieta luchó contra el cáncer de tiroides cuando era adolescente. Ella dijo: “El Padre Celestial me guio, especialmente durante mi semana de aislamiento por radiación. Mi testimonio y mi perrita Daisy me sacaron adelante”.

  • Cuando una joven conversa se encontró sin hogar ni familia, los misioneros la llevaron a la casa de nuestra hija. La hemos acogido como si fuera nuestra y la vemos como una de nosotros. Esa encantadora joven conversa dijo: “He aprendido que aun cuando tengo miedo, puedo hacer cosas difíciles con la ayuda del Padre Celestial”. Ella nos bendice con su actitud amorosa y alegre.

En mi función de abuela, he aprendido una vez más que hay mucho que podemos hacer como padres y abuelos para fortalecer los eslabones de nuestra cadena familiar eterna. Compartir historias de fe y valor, del pasado y del presente, es una manera de ayudar a nuestros hijos y nietos a tener fe y valor al afrontar el futuro. Y es una gran manera de ayudar a volver el corazón de los hijos hacia los padres y las madres (véase Malaquías 4:6).

La autora vive en Utah, EE. UU.