2015
Reunirse con frecuencia: Consejos familiares para matrimonios

Reunirse con frecuencia: Consejos familiares para matrimonios

La autora vive en Utah, EE. UU.

Las familias afrontan muchos problemas y decisiones. Estos seis principios que rigen los consejos familiares pueden ser de ayuda.

Courtship and marriage

Los consejos de la Iglesia siguen el modelo divino en todos los niveles, desde el Consejo de la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles hasta los consejos de estaca, de barrio, de rama y de quórum, así como otros consejos de líderes. El presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) dijo que “el consejo de familia es el concilio más básico de la Iglesia”1.

El élder M. Russell Ballard, del Quórum de los Doce Apóstoles, ha enseñado que “los consejos familiares son el sitio ideal para que tenga lugar la comunicación eficaz”2. Explicó que son el momento para “[hablar] de las necesidades de la familia y de los miembros individuales de la misma… para resolver problemas, tomar decisiones familiares y planear metas y actividades familiares diarias y de largo alcance”3.

Si aún no han tenido reuniones de consejos familiares, pueden empezar a hacerlo hoy. Si sus hijos viven con ustedes, inclúyanlos. Sin embargo, también es importante que el esposo y la esposa realicen consejos familiares por separado para poder hablar de los problemas familiares y personales en privado.

Los siguientes son algunos principios y sugerencias prácticas que pueden aplicar en los consejos familiares entre esposo y esposa.

Comiencen con una oración

Prayer. Family

“Cuando se interrumpe la comunicación con nuestro Padre Celestial, también se interrumpe la comunicación entre los cónyuges”4.

El Señor puede llegar a ser un participante crucial en el matrimonio. En la oración, pueden dar gracias al Padre Celestial por sus muchas bendiciones e incluso por su cónyuge, y pedir que Su Espíritu esté presente durante la conversación. Su Espíritu puede guiar la charla y contribuir a promover los buenos sentimientos y la buena comunicación.

Decidan juntos

“Por medio de la oración y el análisis se debe obtener… el consenso de todos los miembros del consejo a fin de lograr la unidad que es un requisito previo para recibir la ayuda del Señor”5.

Ustedes, junto con su cónyuge, deben tomar decisiones importantes, tales como aceptar o rechazar alguna oferta laboral, elegir en qué universidad inscribirse, cuándo tener hijos o cómo habrán de repartirse las tareas domésticas. Los esposos y las esposas pueden proponer posibles soluciones para los problemas y hablar de ellas. Escuchen con humildad las sugerencias del cónyuge; eso los ayudará a aprender a comprender otro punto de vista y recordará al cónyuge que ustedes valoran su opinión.

En los consejos familiares debemos tomar las decisiones importantes “por divino consenso, no por compromiso”6. Tal vez no les sea posible lograr dicha unidad de inmediato en todos los asuntos; es probable que se requieran varias reuniones de consejo y sincera oración, tanto individualmente como con el cónyuge, para ponerse de acuerdo en cierta decisión; no obstante, “si se reúnen en consejo para deliberar, como se espera que lo hagan, Dios les dará las soluciones a los problemas que afronten”7.

También podría resultar útil decidir de antemano el tema del consejo familiar. Eso les dará tiempo para meditar sobre el tema, a fin de que ustedes y su cónyuge se sientan más preparados para expresar sus ideas.

Efectúen una autoevaluación

“Y, ¿por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” (Mateo 7:3).

Ustedes tienen la capacidad de cambiar solamente a una persona: a ustedes mismos. Quizás se sientan tentados a utilizar un consejo familiar para presentar una lista de críticas a su cónyuge. En vez de ello, prepárense para los consejos con el deseo de mejorarse a ustedes mismos. Pregunten a su cónyuge si existe algo problemático o que le preocupe en la forma en que ustedes hablan o se comportan. Fijen metas para mejorar en lo personal y soliciten el apoyo del cónyuge conforme se esfuercen por cambiar. Apoyen al cónyuge en cualquier meta personal que desee establecer.

Hablen sobre las cuestiones difíciles

“En todas las familias hay problemas y dificultades; sin embargo, en los hogares fuertes, sus integrantes se esfuerzan por encontrar las soluciones en lugar de recurrir a la crítica y a la contención”8.

Un matrimonio fuerte se construye al superar las dificultades, no al ignorarlas ni evitarlas. Habrá ocasiones en las que surgirán problemas graves que deberán tratarse. Por ejemplo, tal vez les resulte difícil tratar cuestiones referentes al pecado y al arrepentimiento o a las cargas económicas, pero la comunicación franca y sincera en los consejos familiares puede contribuir a moderar las posturas inflexibles. El consejo familiar puede ser un lugar adecuado y cómodo donde tratar los problemas o pedir ayuda.

Centren sus esfuerzos en las posibles soluciones al problema y eviten las disputas y las críticas. Sean humildes. Expresen su amor al cónyuge y recuérdense el uno al otro que están tratando de edificar juntos un matrimonio y una familia felices y eternos.

Mantengan una actitud positiva

Si la familia convoca consejos sólo “en momentos de tensión… y nunca lo hace para reconocer… logros ni para felicitar [a los miembros de la familia], y demostrar amor, entonces llegarán a temer los consejos familiares”9.

No todos los consejos familiares deben centrarse en los problemas o en tomar decisiones; pueden aprovechar la oportunidad para decir algo positivo sobre el cónyuge o hablar sobre las bendiciones que han recibido en la vida. También pueden celebrar los logros individuales, analizar maneras de fortalecer el matrimonio y la familia espiritualmente, establecer metas juntos, o expresar agradecimiento por los puntos fuertes del cónyuge o los actos de servicio que él o ella ha prestado. Utilicen los consejos familiares para “[establecer] hábitos de comunicación y respeto mutuos en los que… [ustedes y el cónyuge] puedan apoyarse cuando surjan problemas serios y difíciles”10.

Perseveren

“Hagamos todo lo que esté a nuestro alcance por tratar de mejorar cada día. Cuando surjan nuestras imperfecciones, continuemos corrigiéndolas; podemos perdonar más nuestros propios defectos, así como los de las personas que amamos”11.

Por último, recuerden que sustituir el hábito de la falta de comunicación por modelos positivos requiere tiempo y práctica. El primer consejo de familia quizás parezca incómodo o intimidante, pero a medida que se esfuercen con humildad por comunicarse entre sí e incluir al Señor en sus decisiones, comprenderán mejor las bendiciones de los consejos familiares.

El Señor desea que tengamos paz en el hogar y en nuestra comunicación con los demás. Él nos ayuda cuando fallamos y bendice nuestros esfuerzos. Con Su ayuda, podemos fomentar “una atmósfera de respeto, comprensión y armonía”12 que hará de nuestro hogar, como lo prometió el presidente Thomas S. Monson, “un pedacito de cielo en la tierra”13.

Notas

  1. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, 2006, pág. 234.

  2. M. Russell Ballard, Counseling with Our Councils: Learning to Minister Together in the Church and in the Family, 2012, pág. 165.

  3. M. Russell Ballard, “Los consejos familiares: Una conversación con el élder y la hermana Ballard”, Liahona, junio de 2003, págs. 12, 14.

  4. M. Russell Ballard, “Los consejos familiares”, Liahona, pág. 17.

  5. Véase Ronald E. Poelman, “Los consejos del sacerdocio: Clave para satisfacer las necesidades temporales y espirituales”, Liahona, julio de 1980, pág. 152.

  6. Véase Ronald E. Poelman, “Los consejos del sacerdocio”, pág. 152.

  7. Stephen L Richards, en Conference Report, octubre de 1953, pág. 86.

  8. Ezra Taft Benson, “Un consejo para los miembros de la Iglesia”, Liahona, febrero de 1994, pág. 4.

  9. When Thou Art Converted, Strengthen Thy Brethren (Guía de estudio del Sacerdocio de Melquisedec, 1974), pág. 168.

  10. Véase “Los consejos de familia: Un modelo celestial”, Venid en pos de Mi: Guía de estudio personal de la Sociedad de Socorro, 1989, pág. 93.

  11. Véase de Russell M. Nelson, “La inminencia de la perfección”, Liahona, enero de 1996, pág. 101.

  12. “Working Together in Family Councils”, Ensign, febrero de 1985, pág. 31.

  13. Thomas S. Monson, “Hogares celestiales, familias eternas”, Liahona, junio de 2006, pág. 66.