2015
Flora y yo: Compañeros iguales en la obra del Señor

Flora y yo: Compañeros iguales en la obra del Señor

Al conocer la relación de apoyo y amor que hubo entre el presidente Ezra Taft Benson y Flora, su esposa, llegamos a comprender más profundamente su ministerio.

A veces, si escuchamos atentamente, una frase breve puede ser tan eficaz como un sermón. Una de ellas se pronunció el 11 de noviembre de 1985. La frase fue: “Flora y yo”.

El presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) dijo esas palabras como parte de una declaración que leyó a un grupo de periodistas al día siguiente de ser apartado como Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. El presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) había muerto seis días antes y el presidente Benson era el apóstol de más antigüedad.

El presidente Benson y su esposa, Flora, estaban juntos cuando recibieron la noticia del fallecimiento del presidente Kimball, y de inmediato “se pusieron de rodillas” para orar1. Al hacer esa declaración, en el primer párrafo de lo que se iba a publicar por todo el mundo, él volvió a colocarse junto a su esposa; dijo: “Éste es un día que no esperaba enfrentar. Flora, mi esposa, y yo hemos orado continuamente pidiendo que los días del presidente Kimball en la tierra se prolongaran y que se llevara a cabo otro milagro en su beneficio. Ahora que el Señor ha hablado, bajo Su dirección y Su guía haremos lo mejor que podamos para hacer avanzar la obra en la tierra”2.

Después de cincuenta y nueve años de casados, la frase “Flora y yo” ya era natural en boca del presidente Benson. Cuando dijo: “haremos lo mejor que podamos por hacer avanzar la obra en la tierra”, no empleó la palabra haremos para referirse a sí mismo y a las otras Autoridades Generales, aunque ciertamente iba a actuar en unidad con ellos. En su declaración, el profeta, vidente y revelador de la Iglesia se refirió al hecho de estar unido con su esposa en la obra del Señor.

¿Y por qué no habría de ser así? Su esposa y él habían estado unidos en la obra del Señor durante casi seis décadas; aun cuando muchos aspectos de su vida habían cambiado a lo largo de los años, su compañerismo había sido una fuente constante de fortaleza para ambos.

El curso de estudio de este año para las hermanas de la Sociedad de Socorro y para los poseedores del Sacerdocio de Melquisedec ofrece la oportunidad de aprender del presidente Ezra Taft Benson. Al estudiar sus enseñanzas, quizás deseen saber más acerca de su carácter; este artículo proporciona algunos detalles de su vida y ministerio, desde la perspectiva de su esposa, Flora Amussen Benson. Los números de capítulo y de página que se mencionan en este artículo provienen del manual Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Ezra Taft Benson.

“Me gustaría casarme con un granjero”

En el otoño de 1920, cuando Ezra Taft Benson tenía veintiún años, dejó la granja de su familia en Whitney, Idaho, EE. UU., para ir a Logan, Utah, donde se matriculó en la Facultad de Agricultura de Utah (actualmente conocida como la Universidad del Estado de Utah). Un día en que se encontraba con un grupo de amigos en el campus de la universidad, le llamó la atención una joven que pasaba; tiempo después recordaba:

“Estábamos cerca de los establos lecheros cuando una joven —muy atractiva y hermosa— pasó por allí en su pequeño vehículo de camino a… comprar leche. Cuando los jóvenes la saludaron con la mano, ella les devolvió el saludo. Les pregunté: ‘¿Quién es?’, y me respondieron: ‘Flora Amussen’.

“Les dije: ‘¿Saben? Acabo de tener la impresión de que me voy a casar con ella’”.

Los amigos de Ezra se rieron al escuchar su afirmación y le dijeron: “Es demasiado popular para un chico del campo”; pero eso no lo desanimó. “Eso hace que sea mucho más interesante aún”, contestó3.

Los amigos no podrían haber estado más equivocados en la opinión que tenían de Flora Amussen; desde la adolescencia, ella había considerado especiales a los hombres que trabajaban la tierra. “Un día cuando su madre, Barbara, le comentó que ‘no podría alcanzar el grado más alto de gloria sin el matrimonio celestial’, ella respondió, con cierta ingenuidad pero con algo de intuición: ‘Entonces quiero casarme con un hombre que sea materialmente pobre pero espiritualmente rico, así lo que logremos lo lograremos juntos’. Hizo una pausa y luego agregó: ‘Me gustaría casarme con un granjero’”4.

Los dos jóvenes se conocieron más adelante, en 1920, y su amistad se tornó pronto en noviazgo. Flora encontró en Ezra Taft Benson a un joven que ya había empezado a acumular las riquezas espirituales que ella consideraba tan importantes; y como seguramente lo habría supuesto, las raíces de la fortaleza espiritual de él radicaban profundamente en la tierra de la granja familiar.

Para saber cómo la vida de la granja modeló el carácter de Ezra Taft Benson, véase el manual Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Ezra Taft Benson, págs. 2–6.

Trabajar juntos para poner a Dios en primer lugar

Precisamente cuando los dos jóvenes estaban empezando a acercarse más el uno al otro, recibieron la noticia de que tendrían que separarse por dos años. A Ezra se lo había llamado a prestar servicio en la Misión Británica. Ambos estaban muy entusiasmados con esa oportunidad de servicio, y “…hablaron de su relación. Querían seguir teniendo una relación amigable, pero también se daban cuenta de que Ezra debía ser un misionero dedicado. ‘Antes de marcharme, Flora y yo decidimos escribirnos solamente una vez al mes’, dijo él. ‘También decidimos que nuestras cartas serían de aliento, confianza y noticias. Eso es exactamente lo que hicimos’”5.

Al contemplar el llamamiento misional de esa manera, ejemplificaron una verdad que el presidente Benson iba a enseñar a los santos muchos años después: “Cuando ponemos a Dios en primer lugar, todos los demás aspectos de nuestra vida pasan a tener la posición que les corresponde o desaparecen de ella. Nuestro amor por el Señor dirigirá nuestros afectos, la forma en que empleemos nuestro tiempo, los intereses que tengamos y el orden de prioridad que demos a las cosas”6.

Al acercarse el final de su misión, ambos jóvenes esperaban con entusiasmo el momento de volver a verse; pero los deseos de ella “iban más allá de la perspectiva inmediata de pasar tiempo con él. Ciertamente proyectaba la vista hacia adelante, hacia el futuro y el potencial de él… le agradaba el aparente deseo de Ezra de establecerse en su granja familiar de Whitney, Idaho; no obstante, sentía que él debía terminar primero sus estudios7; y en su afán por ayudarle, siguió sus pasos en dar a Dios el lugar de preferencia: menos de un año después de que él regresara de la misión, le dio la sorpresa de decirle que ella también había decidido servir en una misión. Para saber más acerca de esa decisión, véanse las páginas 11–12 del manual.

Si se desea leer relatos del servicio misional de Ezra Taft Benson, véanse las páginas 9–11 y 111–113 del manual. Para leer relatos del servicio que prestó en Europa durante su apostolado después de la Segunda Guerra Mundial, véanse las páginas 17–23, 59–61, 75–76, 289–290 y 293–294 del manual.

Un diamante en bruto

Flora y Ezra se sellaron en el Templo de Salt Lake el 10 de septiembre de 1926. A pesar de la bondad innata de él y de su éxito en los estudios, había algunos que “seguían cuestionando el criterio de Flora. No comprendían por qué una persona con tantos logros, riqueza y popularidad se conformaría con un joven granjero; pero ella seguía diciendo que siempre quiso ‘casarse con un granjero’”… era “‘práctico, sensato y sólido’, dijo ella. También señaló: ‘Era amable con sus padres, y yo sabía que si los respetaba a ellos, también a mí me respetaría’. Se daba cuenta de que él era ‘un diamante en bruto’, y dijo: ‘Voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para hacer que sea conocido y que se sienta su influencia para bien, no solamente en esta pequeña población, sino que el mundo entero lo conozca’”8.

Con esa perspectiva que tenía del potencial del esposo, la hermana Benson estuvo dispuesta a ir adonde fuera preciso a fin de proveer de lo necesario para los hijos y prestar servicio a la Iglesia, la comunidad y la nación; a veces, eso le exigía llevar una vida más sencilla de la que estaba acostumbrada, pero aceptó ese reto.

Por ejemplo, el día de su boda la “única celebración… fue un desayuno para los familiares y amigos. Tras el desayuno, el nuevo matrimonio se marchó inmediatamente en su… Ford T con destino a Ames, Iowa”, donde él obtendría la maestría en Economía Agraria. “A lo largo del camino, pasaron ocho noches en una tienda con goteras. Cuando llegaron a Ames, alquilaron un apartamento situado a una cuadra del campus universitario. El apartamento era pequeño, y los Benson compartían el espacio con una gran familia de cucarachas, pero Ezra dijo que ‘no tardó en convertirse en algo parecido a la cabaña más acogedora que uno pudiera imaginar’”9.

A medida que él iba convirtiéndose más en un “diamante pulido” y menos “rústico”, comenzó cada vez más a prestar servicio fuera del hogar, lo cual hizo que también la hermana Benson afrontara un proceso de refinamiento. Cuando él estaba ausente, a veces ella luchaba con sentimientos de soledad y desaliento; pero le encantaba ser esposa y madre, y expresaba gratitud por la bondad del esposo y por su dedicación a la familia. Para saber más sobre los primeros años de los Benson como matrimonio y como padres, véanse las páginas 14–16 del manual.

Dos llamadas telefónicas que les cambiaron la vida

El 27 de julio de 1943, la hermana Benson recibió una llamada telefónica de su esposo que estaba en Salt Lake City, Utah, preparándose para regresar con su hijo, Reed, después de un viaje de negocios. Ella se encontraba a más de 3.000 km de distancia, en su casa, cerca de la ciudad de Washington, D.C. Después de pasar una noche en vela, orando y llorando, él la llamaba para comunicarle que el día anterior había recibido el llamamiento para prestar servicio en el Quórum de los Doce Apóstoles.

La noticia no la tomó de sorpresa pues “ya había tenido la fuerte impresión de que algo importante iba a ocurrir durante ese viaje [del esposo]”10. Expresó confianza en su esposo y sus palabras tuvieron en él un efecto calmante. Más adelante, él comentó: “Hablar con ella me reconfortó. Siempre había mostrado más fe en mí de la que yo tenía en mí mismo”11.

Aun cuando la hermana Benson tenía confianza en su esposo, sabía que él no podría cumplir su llamamiento solo; le harían falta el apoyo de su familia y la fortaleza del cielo. En una conferencia general, un mensaje transmitido en un susurro demostró el amor que la hermana Benson sentía por su esposo y su comprensión de que él dependía del Señor (véanse las páginas 52–53 del manual).

El 24 de noviembre de 1952, la hermana Benson recibió otra llamada telefónica de su esposo que ocasionó un nuevo cambio en la vida de ambos. En aquella oportunidad, él se encontraba de viaje en la ciudad de Washington D.C. y ella estaba en su casa, en Salt Lake City. Dwight D. Eisenhower, que muy pronto comenzaría su mandato como Presidente de Estados Unidos, acababa de pedirle al élder Benson que aceptara el cargo de Ministro de Agricultura, un cargo de alto rango que le requeriría mucho sacrificio y dedicación. El élder Benson aceptó el puesto, después de haber recibido el consejo de hacerlo por parte de David O. McKay (1873–1970), el Presidente de la Iglesia.

Cuando le comunicó a su esposa que el presidente Eisenhower le había ofrecido ese cargo y que lo había aceptado, la hermana Benson le contestó: “Sabía que él lo haría y que tú aceptarías”. Reconocía que iba a ser difícil para la familia, pero comentó: “…parece que es la voluntad de Dios”12.

El élder Benson prestó servicio como Ministro de Agricultura durante ocho años. En ese tiempo, la familia tuvo que soportar períodos de separación y él enfrentó la crítica y la adulación que muchas veces acompañan el servicio público; pero también tuvieron grandes oportunidades. Por ejemplo, una vez él llevó a la hermana Benson y a sus hijas Beverly y Bonnie en un viaje de cuatro semanas que hizo para establecer relaciones de intercambio comercial con doce países (véase la página 198 del manual). En otra ocasión, una invitación que recibieron de un periodista ofreció a la familia una experiencia misional única (véanse las páginas 26–27 del manual).

El élder Ezra Taft Benson prestó servicio como Ministro de Agricultura de los Estados Unidos durante ocho años, al mismo tiempo que lo hacía como apóstol. Para saber más sobre la forma en que cumplió con esas responsabilidades, vea las páginas 23–28 y 51–52 del manual.

Instrumentos iguales en las manos del Señor

Como todos los presidentes de la Iglesia, Ezra Taft Benson fue preordenado para su llamamiento; pero si hubiera estado solo, no le habría sido posible cumplir con esa preordenación ni prestar servicio con tal fortaleza. Sin duda, ninguna otra persona influyó en él tanto como su esposa Flora. En la Iglesia y en la familia, ambos trabajaron hombro a hombro para ser fuertes instrumentos en las manos del Señor.

Igual que cuando se habían arrodillado juntos al enterarse de que él iba a presidir la Iglesia, el presidente y la hermana Benson se esforzaron juntos por “adelantar la obra sobre la tierra”13; y tal como ella esperaba cuando era todavía adolescente, lograron lo que deseaban, juntos14.

Desde el púlpito, el presidente Benson exhortaba a los Santos de los Últimos Días a inundar la tierra con el Libro de Mormón y a absorber sus enseñanzas (véanse los capítulos 9–10 del manual). En su hogar, la hermana Benson le leía el libro todos los días y después analizaban juntos lo que habían leído15. Desde el púlpito, él instaba a los santos a prestar servicio y adorar regularmente en el templo (véase el capítulo 13 del manual); ellos, en su vida privada, asistían al templo todos los viernes por la mañana, siempre que les era posible16. Desde el púlpito, el presidente Benson hacía advertencias sobre el pecado del orgullo y “la aclamación del mundo”17; sin embargo, aun cuando ella había tenido éxito en contribuir a “que el mundo entero lo [conociera]”18, ellos se contentaban, juntos, con “la silenciosa ‘aclamación del cielo’”19.

Benson, Ezra Taft & Flora. 1956

El presidente Ezra Taft Benson pronunció cientos de discursos como apóstol y como Presidente de la Iglesia; es difícil imaginar cualquiera de ésos sin la influencia de aquel sermón de tres palabras del 11 de noviembre de 1985: “Flora y yo”.

Notas

  1. Sheri L. Dew, Ezra Taft Benson: A Biography, 1987, pág. 479.

  2. Ezra Taft Benson, citado por Don L. Searle, en “President Ezra Taft Benson Ordained Thirteenth President of the Church”, Ensign, diciembre de 1985, pág. 5.

  3. Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Ezra Taft Benson, 2014, pág. 8.

  4. Sheri Dew en Ezra Taft Benson: A Biography, págs. 74–75.

  5. Enseñanzas: Ezra Taft Benson, pág. 9.

  6. Enseñanzas: Ezra Taft Benson, pág. 45.

  7. Véase Enseñanzas: Ezra Taft Benson, pág. 11.

  8. Enseñanzas: Ezra Taft Benson, pág. 13.

  9. Véase Enseñanzas: Ezra Taft Benson, pág. 14.

  10. Sheri Dew, Ezra Taft Benson: A Biography, pág. 176.

  11. Ezra Taft Benson, en Enseñanzas: Ezra Taft Benson, pág. 19.

  12. Flora Amussen Benson, en Enseñanzas: Ezra Taft Benson, pág. 26.

  13. Ezra Taft Benson, citado por Don L. Searle, en “President Ezra Taft Benson Ordained Thirteenth President of the Church”, pág. 5.

  14. Véase de Flora Amussen Benson, citado por Sheri Dew, en Ezra Taft Benson: A Biography, págs. 74–75.

  15. Véase de Derin Head Rodríguez, “Flora Amussen Benson: Compañera de un profeta y sierva del Señor”, Liahona, junio de 1987, pág. 19.

  16. Véase de Sheri Dew, Ezra Taft Benson: A Biography, pág. 511.

  17. Enseñanzas: Ezra Taft Benson, pág. 251.

  18. Enseñanzas: Ezra Taft Benson, pág. 13.

  19. Enseñanzas: Ezra Taft Benson, pág. 251.