2010
Preguntas y respuestas


Preguntas y respuestas

“¿Cómo debo reaccionar cuando se me ridiculiza por ser miembro de la Iglesia y por esforzarme por vivir de acuerdo con mis principios?”.

Por causa de la Luz de Cristo, los hijos de Dios saben distinguir entre el bien y el mal, pero lamentablemente hay quienes optan por no hacerle caso a ese conocimiento y ridiculizan a los que tratan de elegir el bien. Cada vez que puedas, trata de compartir tu testimonio con esas personas y de explicarles cuáles son las bendiciones que has recibido gracias a vivir conforme a las normas del Evangelio.

Tu reacción cuando te ridiculicen afectará la opinión que los demás tengan de ti y de la Iglesia. Nunca te pongas a discutir ni reacciones con enojo o crueldad. A veces sencillamente tienes que no hacer caso de lo que dicen los demás y seguir el ejemplo del Salvador de amar a esas personas y orar por ellas (véase 3 Nefi 12:44). Recuerda que debes ser “ejemplo de los creyentes en palabra, en conducta, en amor, en espíritu, en fe” (1 Timoteo 4:12).

Por último, no te avergüences de tu testimonio del Evangelio (véase Romanos 1:16). Tu firme ejemplo constituirá un testimonio poderoso de la veracidad del Evangelio para quienes te rodeen. El defender tus creencias con caridad y confianza también puede fortalecer a los que no tengan la fortaleza necesaria para hacer lo correcto.

Explica tus creencias

Hace algún tiempo, yo formaba parte de un equipo de baloncesto, y los partidos usualmente se jugaban los sábados. Sin embargo, cuando jugábamos los domingos, yo no iba, y mis compañeros se burlaban de mí. Cuando me preguntaron por qué no jugaba los domingos, les contesté: “Soy miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y me enseñan que debo santificar el día de reposo y no practicar deportes ese día. Cumplo con los principios del Evangelio porque sé que Dios quiere lo mejor para nosotros”. Después de eso, mis compañeros respetaron mis creencias y dejaron de burlarse de mí.

Nicolás B., 19, Córdoba, Argentina

Ora por ellos

El que otros ridiculicen tus creencias puede ser desalentador; no obstante, trato de recordar que los que se burlan en realidad están perdiéndose de las bendiciones del Evangelio, así que le pido al Padre Celestial que obre un cambio en sus corazones para ayudarlos a entender la importancia del Evangelio. Sé que si vivo una vida buena y ejemplar, mi ejemplo puede ayudarlos a cambiar.

Itaobong O., 20, Rivers, Nigeria

No te avergüences

Si alguien te ridiculiza porque eres miembro de la Iglesia, simplemente dile que tienes un testimonio de la Iglesia y que te gusta ir a la capilla. Dile que sientes cerca a tu Padre Celestial. ¡No te avergüences ni tengas miedo de decir lo correcto!

Laura A., 12, Hesse, Alemania

Háblales con bondad

Leí el discurso del élder Robert D. Hales sobre el valor cristiano, en el cual dice que no debemos responder con enojo sino con bondad a los que se opongan a la Iglesia1. Si demostramos un interés genuino, la mayoría de las personas dejará de portarse tan mal con nosotros. Siempre debemos tratar a las demás personas con respeto y amor porque el verdadero resultado será que nos tratarán de la misma forma. Si la gente te dice que hagas algo que va en contra de tus normas, sencillamente rechaza la oferta con tranquilidad y di: “Soy miembro de La Iglesia Santo de los Últimos Días y eso no va de acuerdo con mis creencias”. Incluso puedes sugerir una actividad diferente que vaya de acuerdo con tus normas.

Lucas H., 15, Arizona, EE. UU.

Sé un buen amigo

En primer lugar, yo pensaría en el ejemplo del Señor. Cuando dio Su vida por mí, no tenía imperfecciones ni motivo alguno para merecer lo que sufrió. En segundo lugar, pensaría en el ejemplo de José Smith, quien supo ser fuerte y valiente de modo tal que hoy me siento orgulloso de pertenecer a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. En tercer lugar, demostraría bondad y daría servicio para así seguir siendo fiel a mis principios, demostraría mi amor por ellos siendo el mejor amigo y ejemplo que pudieran tener, les mostraría las bendiciones que pueden recibir si son obedientes a los principios del Evangelio. Al fin y al cabo, todos somos hijos de un mismo Padre amoroso y misericordioso.

Auguste R., 15, Tahití, Polinesia Francesa

Que alumbre tu luz

Debemos recordar por qué y para quién vivimos según nuestras normas. Si siempre tenemos presente el ejemplo del Salvador, estaremos preparados para aguantar esas situaciones con mansedumbre, sin espíritu de discordia y sin sentirnos avergonzados de las normas que hemos elegido vivir. Al actuar de esa forma, dejamos que nuestra luz alumbre delante de los hombres, y ellos verán nuestras buenas obras y glorificarán a nuestro Padre que está en los cielos (véase Mateo 5:16).

Lara M., 21, Paraíba, Brasil

Comparte tu testimonio

En la universidad donde yo estudiaba, había un joven que me molestaba porque yo era miembro de la Iglesia. Siempre quería contender, así que yo sencillamente trataba de eludirlo, pero un día le compartí mi testimonio, y dejó de molestarme. Siempre debemos mantenernos firmes y recordar cómo obtuvimos nuestro testimonio. Debemos reaccionar con autodominio para que el Espíritu Santo siempre nos acompañe y nos fortalezca, sin importar lo que digan o piensen los demás. Debemos orar por esas personas para que algún día reciban a Jesucristo.

Brezka E., 21, Valparaíso, Chile

Habla con tus amigos miembros de la Iglesia

He descubierto que leer mi bendición patriarcal realmente me ayuda y me da una comprensión más clara de quién soy y de mis flaquezas y fortalezas, a fin de poder lidiar de mejor manera con pruebas como ésta. Sólo tengo dos amigos íntimos que son miembros de la Iglesia, pero hablo con ellos frecuentemente sobre cómo enfrentar las pruebas. Creo que eso de veras te ayudaría. Otra buena manera de lidiar con este problema es simplemente mostrar bondad y ser un ejemplo en todo lo que hagas. Sencillamente no puedes obligar a las personas a cambiar su forma de pensar, pero la mejor manera de mostrarles lo importante que es la Iglesia para ti es ser bondadoso y no enojarte con facilidad.

William L., 17, Nevada, EE. UU.

Nota

  1. Véase Robert D. Hales, “Valor cristiano: El precio del discipulado”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 72; “That Is Christian Courage”, New Era, julio de 2009, pág. 2.