2010
Doctrina y Convenios 1:38
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Doctrina y Convenios 1:38

Debemos dar oído a todas las palabras que el Señor comunica por medio de Sus profetas.

“Lo que yo, el Señor, he dicho, yo lo he dicho, y no me disculpo; y aunque pasaren los cielos y la tierra, mi palabra no pasará, sino que toda será cumplida, sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo”.

Lo que yo, el Señor, he dicho

A continuación se presentan algunas cosas que las Escrituras nos enseñan acerca de la revelación de Dios:

Mi palabra no pasará

Las profecías y las bendiciones dadas por los profetas del Señor no siempre se cumplen en el tiempo y en la forma que las personas esperan. Piensa en algunos ejemplos de profecías y bendiciones que se hayan cumplido en un momento o de un modo inesperado y escribe en tu diario de qué manera ese principio puede aplicarse a tu vida.

Sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos

Elder M. Russell Ballard

“No es cosa insignificante, mis hermanos y hermanas, el tener un profeta de Dios entre nosotros. Grandes y maravillosas son las bendiciones que recibimos en nuestra vida cuando damos oído a la palabra del Señor dada a nosotros por intermedio de él… Cuando escuchamos el consejo del Señor expresado por medio de las palabras del Presidente de la Iglesia, nuestra respuesta debe ser positiva y pronta. La historia ha demostrado que hay seguridad, paz, prosperidad y felicidad cuando respondemos al consejo profético tal como lo hizo Nefi de la antigüedad: ‘Iré y haré lo que el Señor ha mandado’ (1 Nefi 3:7)”.

Élder M. Russell Ballard, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Recibiréis Su palabra”, Liahona, julio de 2001, pág. 80.

No me disculpo

President Gordon B. Hinckley

“Cuando los críticos se burlan de esta obra, cuando los enemigos se mofan de ella, y cuando los incrédulos la menosprecian, estas formidables palabras del Todopoderoso recobran vida en mi mente. El Señor no se justifica por lo que ha dicho o hecho. Toda promesa se guardará, toda profecía se cumplirá”.

Presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008), “El orden y la voluntad de Dios”, Liahona, agosto de 1989, pág. 2.