2010-2017
    El gozo de vivir una vida centrada en Cristo
    Notas al pie de página
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    El gozo de vivir una vida centrada en Cristo

    Nuestra vida debe estar centrada en Cristo con exactitud si queremos hallar verdadero gozo y paz en esta vida.

    El mundo en que vivimos presiona a las personas buenas de todas partes para que rebajen e incluso abandonen las normas de una vida recta. Sin embargo, a pesar de las maldades y tentaciones que nos rodean a diario, hallamos y hallaremos gozo verdadero al vivir una vida centrada en Cristo.

    El centrar nuestra vida en Jesucristo y Su evangelio nos brindará estabilidad y felicidad, como ilustra el ejemplo siguiente.

    Al élder Taiichi Aoba, de los Setenta, quien reside en el pueblito montañés de Shikoku, en Japón, se le pidió que enseñara una clase en una conferencia para la juventud. “Permaneced en lugares santos” fue el tema seleccionado para la conferencia. Tras considerar el tema y qué enseñar, el élder Aoba decidió usar su vocación como herramienta de enseñanza. Él es alfarero.

    Still Stand in the Center

    El élder Aoba cuenta que su clase de jóvenes cobró vida cuando lo vieron transformar casi de manera mágica la pieza de barro que tenía en las manos y convertirla en platos, tazones y tazas. Después de su demostración, preguntó si alguien quería intentarlo y todos levantaron la mano.

    El élder Aoba invitó a varios jóvenes a acercarse y probar su nuevo interés. Asumieron que, después de verlo a él, sería algo sencillo. Sin embargo, ninguno logró hacer siquiera un tazón sencillo. Todos dijeron: “¡No puedo hacerlo!”, “¿Por qué cuesta tanto?”, “Es muy difícil”. Hacían estos comentarios mientras el barro volaba por el cuarto.

    Preguntó a los jóvenes por qué les estaba costando tanto la alfarería y ellos dieron varias respuestas: “No tengo experiencia”, “Nunca me han enseñado” o “No tengo talento”. Según el resultado, todo lo que dijeron era verdad; sin embargo, el motivo más importante de su fracaso era que no habían centrado el barro en la rueda. Los jóvenes creían haberlo puesto en el centro, pero, desde la perspectiva de un profesional, no estaba en el centro exacto. Así que les dijo: “Intentémoslo una vez más”.

    Still Stand in the Center

    Esta vez, el élder Aoba colocó el barro en el centro exacto de la rueda y entonces empezó a girarla, haciendo un agujero en medio del barro. Varios jóvenes volvieron a intentarlo y esta vez todos comenzaron a aplaudir cuando dijeron: “¡Vaya! Ya no se mueve”, “Puedo hacerlo” o “¡Lo logré!”. Claro que las formas no eran perfectas, pero el resultado fue totalmente diferente al del primer intento. El motivo del éxito fue que el barro estuvo perfectamente centrado en la rueda.

    El mundo en que vivimos es similar a la rueda giratoria del alfarero y la velocidad de ella va en aumento. Al igual que el barro en la rueda del alfarero, también nosotros debemos estar centrados. Nuestro núcleo —el centro de nuestra vida— debe ser Jesucristo y Su evangelio. Vivir una vida centrada en Cristo significa que aprendemos acerca de Jesucristo y Su evangelio, y entonces seguimos Su ejemplo y guardamos Sus mandamientos con exactitud.

    El antiguo profeta Isaías declaró: “Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros somos el barro, y tú nuestro alfarero; así que obra de tus manos somos todos nosotros”1.

    Si nuestra vida está centrada en Jesucristo, Él puede moldearnos con éxito en quienes necesitamos ser a fin de regresar a Él y a la presencia del Padre en el reino celestial. El gozo que experimentemos en esta vida será directamente proporcional a lo bien que esta esté centrada en las enseñanzas, el ejemplo y el sacrificio expiatorio de Jesucristo.

    Hermanos y hermanas, yo nací en una familia Santo de los Últimos Días multigeneracional, por lo que las bendiciones y el gozo de tener el evangelio de Jesucristo como la base de nuestra cultura familiar estaban entretejidas en nuestra vida cotidiana. No fue hasta que serví de joven en una misión de tiempo completo que me di cuenta del impacto increíblemente positivo que tiene la plenitud del evangelio de Jesucristo en quienes nunca antes han experimentado sus bendiciones en la vida. Este versículo de Mateo refleja el proceso por el que pasan las personas que se convierten al evangelio de Jesucristo: “El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla y lo esconde de nuevo; y lleno de gozo por ello, va y vende todo lo que tiene y compra aquel campo”2.

    Permítanme compartir con ustedes un ejemplo del Libro de Mormón que ilustra lo que estuvo dispuesto a pagar un converso para recibir el gozo asociado con encontrar el tesoro que mencionó Jesús en la parábola del tesoro oculto en el campo.

    Recuerdan que en el libro de Alma, capítulo 20, Ammón y Lamoni estaban viajando a la ciudad de Middoni para encontrar a Aarón, el hermano de Ammón, y sacarlo de la prisión. Durante el viaje se encontraron con el padre de Lamoni, quien era el rey lamanita de toda la tierra.

    El rey se enojó mucho porque su hijo Lamoni estaba viajando con Ammón, un misionero nefita, al que consideraba un enemigo. Creía que su hijo debía haber asistido a la gran fiesta que había organizado para sus hijos y su pueblo. El rey lamanita estaba tan enfadado que mandó a su hijo Lamoni que matara a Ammón con la espada. Cuando Lamoni se negó, el rey desenvainó su propia espada para matar a su hijo por desobediente. Sin embargo, Ammón intercedió para salvar la vida de Lamoni y, finalmente, derrotó al rey y hasta pudo haberlo matado.

    Esto es lo que le dijo el rey a Ammón al hallarse en esa situación entre la vida y la muerte: “Si me perdonas la vida, te concederé cuanto me pidas, hasta la mitad del reino”3.

    El rey estaba dispuesto a pagar el precio de la mitad de su reino para salvar su vida. Debió de quedarse atónito cuando Ammón le pidió solamente que liberara a su hermano Aarón y a los compañeros de este que estaban en la prisión y que Lamoni, su hijo, retuviera su reino.

    Más adelante, y debido a ese encuentro, Aarón, el hermano de Ammón, fue liberado de la prisión de Middoni. Tras su liberación, fue inspirado a viajar a donde gobernaba el rey lamanita, ante el que se presentó y a quien tuvo el privilegio de enseñar los principios del evangelio de Jesucristo, incluso el gran plan de redención. Las enseñanzas de Aarón inspiraron profundamente al rey.

    La respuesta del rey a las enseñanzas de Aarón se halla en el versículo 15 del capítulo 22 de Alma: “Y aconteció que después que Aarón le hubo explicado estas cosas, dijo el rey: ¿Qué haré para lograr esta vida eterna de que has hablado? Sí, ¿qué haré para nacer de Dios, desarraigando de mi pecho este espíritu inicuo, y recibir el Espíritu de Dios para que sea lleno de gozo, y no sea desechado en el postrer día? He aquí, dijo él, daré cuanto poseo; sí, abandonaré mi reino a fin de recibir este gran gozo”.

    Sorprendentemente, en vez de ceder la mitad de su reino para salvar su vida, ahora el rey lamanita estaba dispuesto a dar todo su reino para tener el gozo que se recibe al entender, aceptar y vivir el evangelio de Jesucristo.

    Mi esposa, Nancy, también es conversa a la Iglesia y a lo largo de los años me ha hablado muchas veces del gozo que sintió en su vida desde que encontró, aceptó y vivió el evangelio de Jesucristo. La siguiente es una reflexión de la hermana Maynes acerca de su experiencia:

    “Siendo una joven adulta de unos veinte años, me hallaba en un punto de la vida en el que sabía que debía cambiar algo para ser una persona más feliz. Sentía como si careciera de sentido y dirección, y no sabía a dónde ir para encontrarlos. Siempre había sabido que el Padre Celestial existía y ocasionalmente en mi vida había dicho oraciones, sintiendo que Él escuchaba.

    “Al iniciar mi búsqueda, asistí a varias iglesias diferentes, pero siempre me volvían los mismos sentimientos y el desánimo. Me siento muy bendecida porque mi oración en la que pedía dirección y sentido para mi vida tuvo respuesta y conocí la plenitud del evangelio de Jesucristo. Por primera vez sentí que tenía un propósito y el plan de felicidad brindó un gozo real a mi vida”.

    Otra experiencia del Libro de Mormón ilustra claramente cómo el vivir una vida centrada en Cristo nos llena de gran felicidad aun cuando estemos rodeados de adversidades increíbles.

    Después de que el profeta Lehi y su familia partieran de Jerusalén en el año 600 a. C., vagaron unos ocho años por el desierto hasta que finalmente llegaron a una tierra a la que llamaron Abundancia, cerca de la costa. Nefi describe así su vida de tribulación en el desierto: “Habíamos sufrido numerosas aflicciones y mucha dificultad… tantas que no podemos escribirlas todas”4.

    Mientras vivían en Abundancia, el Señor encargó a Nefi la responsabilidad de construir un barco que los llevaría a través del océano a la tierra prometida. Después de llegar a la tierra prometida, siguieron surgiendo grandes conflictos entre las personas que centraban su vida en Cristo y los incrédulos que seguían los ejemplos de Lamán y Lemuel. Al final, el riesgo de violencia entre ambos grupos era tan grande que Nefi y los que seguían la enseñanza del Señor se separaron y huyeron al desierto para estar a salvo. En ese entonces, unos treinta años después de que Lehi y su familia salieran de Jerusalén, Nefi hace una declaración bien documentada y algo sorprendente, en especial después de registrar en las Escrituras las muchas tribulaciones y aflicciones que habían padecido por tan largo tiempo. Estas son sus palabras: “Y aconteció que vivimos de una manera feliz”5. A pesar de sus dificultades, pudieron vivir de una manera feliz porque estaban centrados en Jesucristo y en Su evangelio.

    Hermanos y hermanas, como el barro en la rueda del alfarero, nuestra vida debe estar centrada en Cristo con exactitud si queremos hallar verdadero gozo y paz en esta vida. Los ejemplos del rey lamanita, de mi esposa, Nancy, y del pueblo nefita respaldan este principio verdadero.

    Comparto con ustedes mi testimonio de que también nosotros podemos hallar esa paz, esa felicidad, ese gozo verdadero si elegimos llevar una vida centrada en Cristo. En el nombre de Jesucristo. Amén.