Liahona
Las mujeres y el poder de los convenios
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Las mujeres y el poder de los convenios

Podemos regocijarnos en los privilegios y el poder que tenemos por medio del sacerdocio.

Ilustraciones por Amber Eldredge.

El presidente Russell M. Nelson enseñó que los cielos están abiertos de igual manera para las mujeres que han sido investidas con el poder de Dios que procede de sus convenios del sacerdocio como para los hombres que poseen dicho sacerdocio.

“Ruego que esa verdad se grabe en el corazón de cada una de ustedes, porque creo que les cambiará la vida”, dijo él. “[M]e gustaría dejarles una bendición, de que puedan comprender el poder del sacerdocio con el que han sido investidas y que aumenten ese poder ejercitando su fe en el Señor y en Su poder”.

El presidente Nelson invitó a las mujeres de la Iglesia a “estudiar con espíritu de oración” en cuanto al poder del sacerdocio y “descubrir lo que el Espíritu Santo [nos] enseñará”. Me encanta que nuestro profeta nos haya invitado a cada una de nosotras, a aprender y recibir revelación y de una manera mejor “obten[er], ent[ender] y utili[zar] el poder con el que h[emos] sido investidas”.1

En muchas ocasiones a lo largo de mi vida he experimentado las bendiciones prometidas que se reciben por seguir el consejo de los profetas. Esa invitación no fue diferente. Al pensar en la invitación del presidente Nelson, mi mente se dirigió de inmediato al templo, el lugar en el que fui investida con poder del sacerdocio, y al don que ese poder ha sido durante toda mi vida. Me ha llevado años reconocer cómo se manifiesta ese poder en mi vida.

El poder del sacerdocio, al igual que el don del Espíritu Santo, proviene de nuestro amoroso Padre Celestial y de nuestra rectitud personal. Al guardar nuestros convenios con el Señor, tenemos la oportunidad de recibir revelación sobre nuestra vida, sobre nuestra familia, trabajo, escuela… todas las cosas para las cuales buscamos guía. No hay nada que sea importante para nosotros que no lo sea para el Señor. Y cuando invitamos al Espíritu a que esté con nosotros, podemos llegar a una mayor comprensión del poder del sacerdocio por medio de la guía del Espíritu Santo.

Cuanto más he aprendido sobre el poder del sacerdocio por medio del estudio personal y de la experiencia, más comprendo lo importante que es en todos los aspectos de nuestra vida. El poder del sacerdocio nos ayuda a recibir revelación para nuestros desafíos diarios.

En mis llamamientos, debido a que presto servicio con la autoridad del sacerdocio que me ha dado alguien que posee las llaves, ha habido numerosas ocasiones en las que he recibido pensamientos o palabras que son exactamente lo que una mujer joven o una hermana de la Sociedad de Socorro o un niño de la Primaria necesitaban escuchar. Sé que esas palabras acudieron a mí debido a la autoridad del sacerdocio que se me dio cuando fui apartada para ese llamamiento.

En el matrimonio, como en cualquier relación, las personas pasan por etapas y fases de aprendizaje y crecimiento. He aprendido que cuando recuerdo quién es mi esposo, quién soy yo y lo que se supone que debemos hacer juntos como hijos de Dios, eso ha cambiado mi corazón. El estar sellados mediante la autoridad del sacerdocio nos ha facultado y motivado a ambos a estar más unidos. Cuando el Salvador dijo: “… si no sois uno, no sois míos” (Doctrina y Convenios 38:27), no se refiere únicamente a dentro del entorno de la Iglesia; se refiere también a nuestras relaciones familiares.

Y como madre, recuerdo haberme preocupado por un hijo adulto soltero que estaba haciendo cosas que yo sabía que no lo harían feliz. Habíamos acordado conversar sobre el tema y habíamos establecido un tiempo para hablar. Antes de la hora señalada para nuestra llamada telefónica, yo tenía listo mi sermón; sabía exactamente lo que iba a decir. Oré para tener el Espíritu conmigo. Lo que salió de mi boca desde el comienzo de nuestra conversación y durante toda la llamada fue completamente diferente de lo que había planeado decir, pero era exactamente lo que ese hijo necesitaba. El don del Espíritu Santo hizo posible que los corazones se conmovieran y se encontrara una mejor solución. Esa es una demostración de la forma que el poder del sacerdocio funciona en nuestra vida.

Con demasiada frecuencia, las mujeres se comparan con las demás; pero ninguna de nosotras se siente bien cuando nos comparamos con otras personas. Cada mujer tiene una combinación única de habilidades y talentos, y todos son dones que provienen de Dios. El hecho de que ustedes y yo no seamos iguales, o que cualquier grupo de mujeres no sean iguales, no hace que valgamos menos o más. Debemos encontrar nuestros dones y desarrollarlos, recordando Quién nos los dio, y luego utilizarlos para los propósitos de Él. Al compartir nuestros dones para bendecir a los demás, experimentamos el poder del sacerdocio en nuestra vida.

He tenido el privilegio de conocer a muchas mujeres extraordinarias que demuestran fe y poder por medio de sus acciones. Las mujeres aportan sus talentos y habilidades de formas increíbles y diversas, y marcan una gran diferencia en la vida de todos los que las rodean: en su familia, su lugar de trabajo, la Iglesia, la escuela o en cualquier otro lugar donde pasen el tiempo.

Una de las cosas que he aprendido sobre el sacerdocio es que logramos lo mejor cuando trabajamos de forma interdependiente. Así lo estableció el Señor; es el modelo divino. No necesitamos competir porque se necesitan todos esos dones, talentos y habilidades, tanto de los hombres como de las mujeres. El Señor nos está guiando tiernamente por esa senda para que todos podamos lograr una mejor comprensión de cómo trabajar juntos y cómo valorar el aporte de los demás. En verdad, es la mejor manera de llevar a cabo Su obra.

Las mujeres no deben esperar a que alguien les diga qué hacer con sus dones, talentos y poder. Tenemos la capacidad de recibir revelación por nosotras mismas. No deberíamos esperar a que se actúe sobre nosotras; debemos tener el valor de actuar de acuerdo con la revelación que recibamos. El procurar la inspiración y actuar de acuerdo con esa guía espiritual es evidencia de que estamos invocando el poder del sacerdocio que se nos ha prometido cuando guardamos nuestros convenios con Dios.

Como lo enseñó el presidente Nelson: “… ¿Qué podría ser más emocionante que trabajar con el Espíritu para comprender el poder de Dios, o sea, el poder del sacerdocio?”. Él prometió: “Conforme aumente su comprensión y ejerzan fe en el Señor y en el poder de Su sacerdocio, aumentará su capacidad para recurrir a ese tesoro espiritual que el Señor ha puesto a su alcance”.2 Sé que estas promesas de nuestro profeta viviente se cumplirán.