Liahona
Mis dudas y el amor de Cristo
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Solo para versión digital: Jóvenes adultos

Mis dudas y el amor de Cristo

Me he dado cuenta de que el considerar mis dudas como una “debilidad de entendimiento” me es útil para seguir adelante con fe en Cristo.

Al final de un devocional del presidente Russell M. Nelson para jóvenes adultos, él nos bendijo “para poder discernir entre el bien y el mal, entre las leyes de Dios y las voces conflictivas del mundo”. Nos bendijo “con poder para detectar los engaños del adversario […] [y] con mayor capacidad para recibir revelación”1. ¡Qué grandiosa bendición para nosotros como jóvenes adultos! Yo he tenido mis propias experiencias con recibir revelación en cuanto a mis dudas.

Siempre he sido una persona curiosa que por lo general pienso las cosas demasiado. El ser inquisitiva y tener un vehemente deseo de recibir respuestas siempre ha sido parte de mi naturaleza, y la verdad siempre ha sido sumamente importante para mí. Sin embargo, a lo largo de los años, en ocasiones me he sentido sola o avergonzada por el hecho de tener preguntas e incluso dudas sobre el Evangelio y la Iglesia. Después de todo, en las Escrituras se nos dice “no dudéis” (Doctrina y Convenios 6:36) y el Salvador le preguntó a Pedro: “¡Oh hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” (Mateo 14:31).

Comprender las debilidades de nuestro entendimiento

En determinado momento, mi fe se sentía sumamente sombría. No obstante, Dios pudo enseñarme una hermosa lección mientras leía el Libro de Mormón. Después de que Cristo predicó a los nefitas, observó algo. Él dijo: “Veo que sois débiles, que no podéis comprender todas mis palabras que el Padre me ha mandado que os hable en esta ocasión” (3 Nefi 17:2).

Sentí que las palabras de Cristo estaban dirigidas a mí. Yo también me sentía débil y no comprendía todo lo que Él deseaba que yo supiera. La reacción que Cristo tuvo ante esa debilidad me conmovió: Cristo percibió el amor de los nefitas y, a pesar de que eran demasiado débiles para comprender Sus palabras, Él los ministró y los amó de manera tal que pudiesen entender.

En momentos en los que me siento demasiado débil, demasiado cansada o demasiado frágil como para comprender las palabras de Cristo, Él me bendice con compasión y entendimiento. Su amor es lo que me da fuerzas para seguir avanzando y continuar en pos de las verdades que busco.

Sentir el amor de Cristo mientras procuramos la verdad

Si en este momento te encuentras batallando con la verdad y la doctrina, no te preocupes. No tiene nada de malo lidiar con las cosas que son difíciles ni tener preguntas o inquietudes que a veces nos sacuden hasta la médula. En tu afán por encontrar la verdad, recuerda que Dios te comprende, te ama y se alegra cada vez que utilizas tu albedrío para procurar luz. Eso no tiene por qué ser motivo de vergüenza. El élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “El luchar con las tinieblas y la desesperación, y el suplicar por más luz fue lo que dio comienzo a esta dispensación; es lo que la mantiene en marcha y es lo que les mantendrá en marcha a ustedes”2.

Podemos conocer la verdad de todas las cosas por el poder del Espíritu Santo (véase Moroni 10:5), pero eso rara vez sucede de inmediato o en el momento en que deseamos que suceda. Más bien, aprendemos “línea por línea, precepto por precepto” (2 Nefi 28:30). La verdad llega en el tiempo del Señor. Él sabe en qué momento estamos listos para recibir conocimiento y por lo que necesitamos pasar antes de recibirlo.

Agradezco que haya un Dios que nos enseña en nuestras debilidades y que primero nos permite tener esperanza, luego creer y después saber. Además, sé que podemos recibir la verdad mediante la revelación personal, tal como lo ha prometido el presidente Nelson. Al Padre Celestial le importan nuestras dudas y Él nos guía a lo largo de estas. A veces, Su respuesta consiste en cambiarnos el corazón a fin de que veamos las cosas desde otra perspectiva y, en ocasiones, simplemente se nos pide que seamos pacientes y fieles, y que “prepar[emos] [n]uestras mentes para mañana” cuando Él venga a enseñarnos posteriormente (véase 3 Nefi 17:3).

Sé que sea cual sea el entendimiento del cual carezcamos, podemos seguir adelante con esperanza y fe en que todo será revelado algún día. Y, hasta entonces, podemos seguir acercándonos más a Cristo, quien ve nuestras debilidades y nos ama a todos por igual.