Liahona
Lucy usó sus dones espirituales
Notas al pie de página

Hide Footnotes

Tema

Las mujeres de los primeros días de la Restauración

Lucy usó sus dones espirituales

Al igual que Lucy Mack Smith, cada una de nosotras puede recibir revelación. Todas tenemos dones espirituales singulares que pueden bendecir a nuestra familia y a la Iglesia.

Ilustración por Toni Oka.

Era octubre de 1838, y Lucy Mack Smith se aferró a las manos de sus hijos Hyrum y José antes de que se los llevaran. Los líderes del gobierno habían ordenado a los santos que abandonaran la región. Los soldados habían arrestado a varios líderes de la Iglesia y un tribunal marcial ilegal dio la orden de que los fusilaran. Lucy se preguntó si alguna vez volvería a ver a sus hijos con vida.

¿Qué podría ayudar a una madre a soportar una prueba como esa? Años después, Lucy evocaría ese momento y recordaría que se sintió fortalecida por un mensaje de consuelo recibido “por el don de profecía”: “Consuélese tu corazón en cuanto a tus hijos, porque no recibirán ningún daño de sus enemigos”1.

Esa experiencia brindó a Lucy y a su familia sentimientos de “consuelo que sobrepasaba todo alivio terrenal”.

Los Smith y muchas otras familias Santos de los Últimos Días fueron expulsados de Misuri. Después de encontrar refugio en el estado vecino de Illinois, Lucy y Joseph Smith, padre, trataron de conseguir información sobre sus hijos, pero no hallaron respuestas. El Espíritu de nuevo brindó paz al alma de Lucy, diciéndole que Hyrum y José llegarían la noche siguiente.

El obispo Edward Partridge, que estaba con Lucy cuando ella recibió esta revelación, expresó sus dudas: “Siempre te he creído antes; sin embargo, no veo ninguna posibilidad de que se cumpla esta profecía; pero si es así, nunca volveré a cuestionar tu palabra”.

Al estar dormida esa noche, Lucy tuvo una visión de sus hijos, débiles y hambrientos, que viajaban por la pradera. Lucy se preparó para que volvieran a casa, y de hecho llegaron al día siguiente. Ellos describieron un trayecto que coincidía exactamente con lo que ella había visto. Después de eso, el obispo Partridge dijo que reconocería para siempre a Lucy “como una verdadera profetisa”.