Liahona
Disfrutar los últimos años
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Envejecer fielmente

Disfrutar los últimos años

La vejez puede ser un tiempo hermoso de progreso y crecimiento.

Imágenes de Getty Images.

Me he dado cuenta de que mi vida está cambiando con la llegada de la “vejez”. Aunque todavía deseo participar con mi familia y en la Iglesia, no soy tan físicamente activo como solía estarlo, y todo parece marchar bien conmigo o sin mí.

Sin embargo, hay algo más que estoy aprendiendo: esta etapa de la vida no es del todo mala. Por supuesto, hay dolores y molestias, así como otros desafíos, pero el envejecimiento es parte del curso natural de la vida, y esta etapa trae consigo oportunidades nuevas y gratificantes. Me conforta saber que mi familia y mis amigos me aman. Confío en que todavía se me valore en la Iglesia y, sobre todo, sé con más certeza que nunca que el evangelio de Jesucristo es verdadero.

Aceptar los cambios

Claramente, la vida no se detiene; es dinámica, y aunque tal vez no deseemos que nuestras circunstancias o relaciones cambien, los cambios ocurrirán. Como lo expresan las Escrituras de manera tan elocuente:

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora:

“Tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado […].

“[Dios t]odo lo hizo hermoso en su tiempo” (Eclesiastés 3:1–2, 11).

Es posible que hayamos llegado a sentirnos cómodos con las cosas como estaban, y está bien extrañar los tiempos pasados, pero también podemos tener fe en que aún hay más que aprender mientras continuamos caminando por esta senda de felicidad. La manera que nos ajustemos a los cambios y lidiemos con ellos determinará nuestro crecimiento en estos últimos años. Al aceptar los cambios en lugar de luchar contra ellos, nos vemos libres para fijarnos en las nuevas oportunidades y comprender cosas nuevas.

He notado que al esforzarme por seguir a Jesucristo, me voy acercando más a Él en maneras que no lo hice cuando era más joven. Por el tiempo que Él mismo pasó en la tierra, Cristo comprende lo que se siente al acercarse al final de la vida terrenal (véase Mateo 16:21). De una manera que no comprendemos plenamente, Él sabe a la perfección lo que nosotros sentimos de manera específica gracias a Su expiación. Podemos pedirle que nos ayude a convertirnos en lo que Él desea que lleguemos a ser en el tiempo que nos queda (véase Moroni 7:48).

Continuar prestando servicio

Sin importar la edad que tengamos, aún podemos buscar cada día oportunidades de servir que nos ayuden a prepararnos para prestar servicio después de esta vida. El presidente George Albert Smith (1870–1951) enseñó en una ocasión: “No estamos aquí para malgastar las horas de esta vida para luego pasar a una esfera de exaltación, sino que estamos aquí para prepararnos día a día para los puestos que nuestro Padre espera que ocupemos después”1.

A medida que envejecemos, tales experiencias “preparatorias” serán diferentes de lo que fueron alguna vez. He observado a hombres más jóvenes asumir sus responsabilidades y llevar a cabo muchas de las tareas que yo solía efectuar. Mis hijos tienen vidas ocupadas y sus propios desafíos familiares, y participo menos, pero confío en que si continúo ayudando a los demás de cualquier forma que me sea posible, esas experiencias seguirán enseñándome y refinándome de acuerdo con el plan de Dios.

Bendiciones y preguntas

¿Qué bendiciones ha notado al envejecer? A continuación, he enumerado algunas de ellas. Además, he hecho una lista con algunas preguntas sobre las que podemos reflexionar nosotros los mayores, aunque supongo que en realidad se podrían aplicar a cualquier persona.

Testifico que cada uno de nosotros puede elegir centrarse en lo que es más importante al seguir a Jesucristo durante nuestros gratificantes años dorados.

El envejecimiento me ha bendecido con:

  • Mayor percepción de lo que me rodea.

  • Más momentos de tranquilidad para leer las Escrituras, meditar y orar.

  • Sensibilidad a las impresiones del Espíritu.

  • Visitas familiares ocasionales que son especialmente agradables.

  • Sentimientos más bondadosos hacia los demás y hacia los animales.

  • Interés en la obra del templo y de historia familiar.

  • Menos tentación de desobedecer los mandamientos.

Pregúntense: ¿“Cómo puedo […]”

  • prestar servicio en la Iglesia y en mi familia de maneras significativas?

  • acercarme más al Padre Celestial y a Jesucristo?

  • ser una buena influencia para los demás?

  • presentarme sin mancha antes Dios cuando lo vea otra vez?