Liahona
Una nota y una chispa en mi alma
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Una nota y una chispa en mi alma

Por medio de alguien a quien no conocía, todo comenzó a cambiar para mí.

La autora vive en Idaho, EE. UU.

En la misión, sufrí un accidente de automóvil que me dejó con dolor de espalda y pérdida de memoria. Una vez que regresé a casa, me matriculé en la universidad, pero me costó mucho trabajo. No podía recordar cosas sencillas, ni podía cargar más que un cuaderno y un bolígrafo en mi mochila debido al dolor.

Estaba enojada. Había pasado dieciocho meses sirviendo a Dios y dándole todo lo que tenía. ¿Por qué no me sanaba? ¿Dónde estaba Él?

A medida que el dolor intenso continuaba, comencé a sentir que no podía recurrir a Dios. Empecé a dudar de que Él fuera a ayudarme, o incluso de que pudiera ayudarme, y si Él no podía, entonces pensé que el estudio de las Escrituras y la asistencia al templo tampoco lo harían. Me alejé de Dios porque la vida era demasiado difícil, y no podía ver la salida.

En un día particularmente difícil, había reprobado otro examen después de estudiar muchas horas, y el dolor de espalda era peor que nunca. Me fui afuera, me senté y lloré.

Unos minutos más tarde, una chica se me acercó y sonrió. Me dio una nota que decía: “‘Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán’ [Mateo 6:34]. Nuestro Padre Celestial está pendiente de ti. Le pedí que lo esté; Él te ama”.

El Espíritu se derramó sobre mí. Hacía mucho tiempo que no sentía el amor de Dios por mí, pero la chica que me entregó la nota avivó sentimientos en mi alma, me transportó al momento en que comencé a tener fe y me recordó muchas experiencias del pasado que había tenido con el Espíritu.

Comencé a acudir con más frecuencia al Padre Celestial en oración. Aunque no podía ver una salida al dolor, le pedí que lo aliviara o que me diera la fortaleza solo para soportar el día a día. Me concentré más en el estudio de las Escrituras y en la asistencia al templo.

Aunque la memoria y el dolor no han sanado del todo, he aprendido a permanecer cerca del Señor. Incluso aunque no puedo ver todo lo que va a pasar, sé que Él está ahí y puedo mirar al futuro con fe en Él.