2020
Un templo para Ítalo
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Un templo para Ítalo

La autora vive en Utah, EE. UU.

¡No podía esperar para entrar algún día!

“Me encanta ver el templo; un día ir podré” (Canciones para los niños, pág. 99).

Ítalo estaba entusiasmado por ir al viaje del barrio al templo. Iban al Templo de Recife, Brasil. ¡Estaba a quince horas!

Ítalo, su hermano mayor, Henrique, y sus padres salieron temprano por la mañana. En el camino, Ítalo estaba pensando en algo que su mamá le había dicho. “Este año, puedes ver lo hermoso que un templo es por fuera”, le dijo ella. “El año que viene, tendrás la edad suficiente para ver lo hermoso que es por dentro”.

Ítalo no había estado en un templo antes, pero había visto cómo se construía el nuevo templo de Fortaleza, donde su familia vivía. ¡Era increíble!

Se detuvieron para almorzar. Ítalo comió su comida favorita, feijoada, un guiso de frijoles negros (judías) servido con arroz y naranjas. Mientras comía, seguía pensando en el templo. Cuando al fin se dedicara el Templo de Fortaleza, sería un templo que su familia podría visitar una y otra vez. No tendrían que manejar tan lejos.

El sol se estaba poniendo cuando Ítalo y su familia llegaron al templo en Recife. “¡Qué bonito!”, dijo Ítalo. “¡Qué hermoso!”. No podía parar de sonreír.

A la mañana siguiente, la mamá llevó a Ítalo a la zona de espera de los niños. “Aunque no puedas entrar en el templo todavía”, dijo ella, “presta atención a ver si sientes un espíritu especial mientras estás en el recinto del templo”. Después, el resto de la familia de Ítalo entró al templo.

Unos amables obreros del tempo cuidaron de Ítalo y de otros niños mientras esperaban. Leyeron relatos del Livro de Mórmon (el Libro de Mormón). “Leer las Escrituras es una buena manera de prepararse para entrar al templo”, pensó Ítalo. Se sintió tranquilo y seguro. Mamá tiene razón, pensó. Aquí se siente paz.

Después, los obreros del templo llevaron a Ítalo y a los otros niños a dar un paseo por el terreno del templo. Fue entonces cuando Ítalo vio las palabras que se encuentran en la entrada del templo. Decían: “Santidade ao Senhor. A casa do Senhor”. “Santidad al Señor: La Casa del Señor”.

Con razón había tanta paz allí, pensó. Esta es la Casa de Dios.

Cuando el viaje al templo terminó, Ítalo y su familia volvieron a casa. Él quería recordar cómo se había sentido en el templo. ¿Qué podía hacer?

A veces, Ítalo sentía que podía dibujar sus sentimientos mejor de lo que podía escribirlos, así que hizo un dibujo del templo y se lo mostró a su mamá y a su papá.

“Esto me recordará adónde quiero ir”, dijo. Dejó el dibujo en su habitación, donde lo podía ver todos los días.

“Quiero estar preparado”, dijo. “¡Porque quiero entrar un día!”.

Ilustraciones por Mitch Miller.