2020
¡Continúa, Josie!
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¡Continúa, Josie!

La autora vive en Colorado, EE. UU.

“… corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12:1).

Josie bostezó al pasar de correr a caminar. ¡Hoy era la gran carrera! Había estado esperando este día durante meses. Sin embargo, en lugar de sentirse emocionada durante el calentamiento, se sentía cansada.

“¿Cómo estás?”, le preguntó su hermana mayor, Christine. Se sentó con Josie en el césped para estirar las piernas.

“Hoy estoy muy cansada”, dijo Josie, intentando alcanzar los dedos de los pies.

Había estado enferma y había estado ausente varios días de la escuela. La noche anterior se había quedado despierta hasta tarde para recuperar tiempo en las tareas de la escuela.

“Espero no decepcionar al equipo”, dijo Josie.

“Haz lo mejor que puedas”, dijo Christine. “¡Parece que estamos a punto de comenzar!”.

Las niñas corrieron a juntarse con sus compañeras. Al ponerse en línea con las otras corredoras, Josie cerró los ojos y respiró profundamente. Sabía que su equipo contaba con que ella corriera rápido, como normalmente lo hacía. El tiempo de la carrera de las primeras cinco corredoras de su equipo determinaría si su equipo pasaba a la final. Casi no había tenido tiempo de ponerse en posición cuando sonó la pistola para comenzar la carrera. ¡Boom! Las corredoras cruzaron la línea de salida y empezaron a correr.

Josie movió los brazos e intentó alargar el paso. Sabía que tenía que ganar tiempo al principio si quería ser una de las primeras en terminar. Al principio, Josie podía mantenerse a la par con las otras corredoras que iban primero, pero cuando intentó ir más rápido, no podía.

Josie respiró más fuertemente; no podía hacer que las piernas se movieran más rápido. Las corredoras que iban detrás de ella comenzaron a adelantarse. Normalmente, Josie era la que se adelantaba a los demás. Quizás debería rendirme, pensó.

Josie miró al suelo al oír que otra corredora se le adelantaba. “¡Continúa, Josie!”, dijo la corredora mientras pasaba por su lado. Josie levantó la mirada y sonrió. Era una de sus compañeras.

“¡Puedes hacerlo!”, dijo otra compañera al pasar corriendo. Una a una, las compañeras de Josie pasaron y la alentaron a seguir corriendo.

Josie sintió una ola de determinación. Quizás no estaría entre las primeras cinco, pero podía terminar la carrera. Se centró en sus pasos y no se detuvo hasta que por fin cruzó la meta.

“Lo siento si… no ayudé a que… nos clasificásemos para la próxima carrera”, dijo mientras respiraba hondo.

“¡Nuestro equipo se clasificó!”, dijo la entrenadora de Josie al correr hacia las niñas. Todas las integrantes del equipo vitorearon y Christine le dio a Josie un enorme abrazo.

Esa noche, cuando Josie se arrodilló a orar, pensó en cómo la habían ayudado sus compañeras. Sus palabras le habían dado la fortaleza para continuar cuando ella se quería rendir.

Josie miró la imagen de Jesús que tenía colgada encima de la cama. Jesús hace lo mismo por nosotros, pensó. Sonrió al imaginar que el Salvador la animaba. “¡Continúa, Josie! Estoy aquí para ayudarte”.

Josie le agradeció al Padre Celestial Su ayuda durante la carrera de la vida. ¡Sentía que podía hacer cualquier cosa si Jesús la animaba!

Ilustraciones por Guy Francis.