El Señor tenía otros planes para nosotros
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    El Señor tenía otros planes para nosotros

    dove

    Imagen de Getty Images.

    Acostumbraba a salir de casa a las ocho de la mañana y volvía a medianoche, después de trabajar todo el día y asistir a clases por la noche. Durante el poco tiempo que pasaba con mi esposo, Daniel, discutíamos. Las cosas marchaban mal y estábamos a punto de separarnos.

    Un domingo por la noche, después de una discusión, Daniel dijo: “Tal vez deberíamos acercarnos a Dios”. Al día siguiente, mientras Daniel estaba en casa con nuestro hijo, unos misioneros tocaron a la puerta.

    Cuando los misioneros comenzaron a visitarnos, yo estaba en desacuerdo con todo lo que nos enseñaban. Sin embargo, después de unas cuantas lecciones, comenzamos a sentir algo. No sabíamos lo que era, pero lo describíamos como algo “mágico”, como un sentimiento de paz y armonía que permanecía incluso después de que los misioneros se marcharan. Nos dimos cuenta de que necesitábamos tener ese sentimiento más a menudo en nuestro hogar.

    Inspirados por el mensaje de los misioneros sobre la importancia de la familia, Daniel y yo nos acercamos más en nuestro matrimonio. Yo había tenido la esperanza de que mis estudios me ayudaran a obtener un mejor puesto en el trabajo. Sin embargo, decidimos concentrarnos en nuestra familia, pasar más tiempo juntos y tener más hijos. Abandoné los estudios, renuncié a mi empleo y comencé a trabajar de secretaria de Daniel en su negocio de control de plagas.

    Menos de tres meses después de la primera visita de los misioneros, fuimos bautizados y confirmados. Nuestra vida cambió de forma radical. Comenzamos a vivir la ley del diezmo. Comenzamos a orar en casa y en el trabajo con los empleados de Daniel. Comenzamos a prestar servicio en la Iglesia. El negocio de Daniel creció y tuvo que contratar a más empleados.

    Un año después de nuestro bautismo, fuimos al templo para sellarnos. Unos días después de nuestro sellamiento, me enteré de que estaba embarazada.

    Los domingos no son fáciles para nosotros. Daniel sale de casa temprano a reuniones del sumo consejo y yo tengo que preparar sola a nuestros tres hijos para ir a la Iglesia. No obstante, durante la semana podemos pasar mucho tiempo juntos. Así que, a pesar de que los domingos nos separamos para servir al Señor, sabemos que somos bendecidos.

    Hemos obtenido un testimonio de que, si hacemos nuestra parte, el Señor nos puede ayudar y las bendiciones llegan. Hemos recibido mucho más de lo que habíamos esperado conseguir con nuestros propios planes. El Señor tenía en mente mejores cosas para nosotros.