2020
Cómo hallé fe cuando sentí que lo había perdido todo
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Cómo hallé fe cuando sentí que lo había perdido todo

Perder la mano y a seres queridos fueron desafíos difíciles, pero el Padre Celestial me ayudó a cambiar para bien.

Una noche, estaba arrodillada junto a la cama preguntándole al Padre Celestial si me ayudaría a tener más fe, cuando recordé un pasaje del Nuevo Testamento en el que un discípulo le pide a Jesucristo: “Auméntanos la fe” (véase Lucas 17:5). No tenía la menor idea de que poco después de esa oración afrontaría algunas de las pruebas más difíciles de mi vida. Me siento muy agradecida de que ya estuviera procurando aumentar mi fe en el Salvador cuando llegaron las pruebas, pues no sé cómo las habría superado sin la ayuda de mi Padre Celestial.

Unos días después de esa oración tuve un terrible accidente en el que casi perdí la mano izquierda y tuvieron que amputarme todos los dedos de esa mano. Claramente, mi vida nunca volvió a ser igual. Aun cuando sentí el amor de mi Padre Celestial, de mi familia y de mis amigos durante el largo proceso de cirugías y terapias, fue muy difícil.

Un día, después de que el médico me dijo que tendría que ir a terapia física durante meses, me fui a casa llorando y le pregunté al Padre Celestial: “¿Cuánto tiempo tendré que soportar esto?”. Inmediatamente fue como si una voz tierna y clara me dijera: “No puedes progresar sin pruebas. Necesitas, incluso, muchas más”.

No podía creer que había recibido una respuesta inmediata a mi oración; en ese momento decidí seguir adelante con fe. Tomé la decisión de volver a enviar los papeles para ir a la misión y servir a Dios a pesar de mis desafíos. Unos meses después recibí mi llamamiento misional para servir en la Misión Guatemala Ciudad de Guatemala Sur, pero llegar a ese punto tampoco fue fácil. Aceptar mis circunstancias, olvidarme de mí misma e invitar a los demás a seguir a Cristo requirió mucha valentía e intrepidez.

Recordar que puedo hacer cosas difíciles

Mi misión fue maravillosa; aprendí a valorar los principios del Evangelio aún más y encontré confianza en mí misma para compartir mi testimonio y brindar esperanza a muchas personas que no sabían dónde hallarla. Sentí cómo el Padre Celestial me cambiaba el corazón. Hasta ese entonces nunca había tenido la experiencia de sentir amor por personas a las que no conocía y de estar dispuesta a dar todo lo que tenía por ellas sin vacilar: caminar día tras día, con lluvia o con sol, con los pies cansados y doloridos.

Cuando terminé la misión, todas esas experiencias me ayudaron a seguir teniendo esperanza cuando regresé a casa a un mundo caótico y superficial. Volví a casa en un momento muy difícil para mi familia y para mi país. Había muchos problemas políticos y económicos, y muchas familias emigraban a otros países debido a la falta de oportunidades de empleo y de formación académica. No podía creer que las cosas hubieran cambiado tanto en tan poco tiempo, incluso en mi propia familia. Algunos de mis seres queridos y amigos habían fallecido, y me sentía muy abrumada con todas las dificultades que me rodeaban.

Un día, muy desanimada, saqué mi cuaderno de estudio y empecé a escribir los sentimientos de mi corazón. Pensé en las muchas experiencias que había tenido al prestar servicio a otras personas en la misión. Recordar aquellas experiencias especiales fue exactamente lo que necesitaba para perderme a mí misma todavía más en Su obra, para servir y seguir cultivando los dones con los que Él me ha bendecido. Aquel día recordé claramente una frase muy especial que la esposa de mi presidente de misión solía repetirnos: “Ustedes pueden hacer cosas difíciles”. He procurado recordar eso continuamente, incluso al aprender a utilizar una mano protética y al tratar de llevar una vida normal.

Un cambio para bien

En el transcurso de la adversidad que he afrontado, mi testimonio ha crecido, especialmente mi fe en los milagros. Estos ocurren cuando nos dedicamos a algo con determinación, constancia y fe. Quienes tienen fe en el Padre Celestial siempre pueden tener esperanza en cualquier circunstancia.

Sé que las pruebas en mi vida terrenal continuarán, pero no debo temer, ya que estas nos pueden acercar más al Padre Celestial, quien puede ayudarnos a saber cómo progresar. El accidente que tuve y todo desafío difícil por el que he pasado desde entonces me recuerdan que debo acudir al Padre Celestial cuando necesito ayuda, y Él me ha ayudado a cambiar para bien. Me siento muy agradecida por haber pedido más fe en oración, y sé que mediante las pruebas que tengo he podido servir al Padre Celestial y acercarme mucho más a Él. A pesar de la forma en que mi vida ha cambiado debido a las pruebas, realmente soy feliz y me siento muy agradecida por haber progresado tanto con la ayuda del Padre Celestial. Espero con ansia el día en que resucite y pueda verlo de nuevo y decirle: “¡Gracias! Gracias por ayudarme a ser humilde, gracias por moldearme, gracias por ‘aumentar mi fe’”.