2020
El Espíritu marcó la diferencia
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Las bendiciones de la autosuficiencia

El Espíritu marcó la diferencia

Gracias a un curso de Servicios de Autosuficiencia y la guía del Espíritu Santo, Molly Kohrman halló el valor necesario para comenzar su propio negocio.

Molly Cooking Brownies

¿Cómo es que alguien con un título en terapia recreativa y diez años de experiencia en el campo de la salud mental acaba abriendo una pastelería en la que vende coloridos bizcochos de chocolate y helados?

Para Molly Kohrman, la respuesta es simple. En 2017, tomó un curso de doce semanas de los Servicios de Autosuficiencia sobre cómo iniciar y hacer crecer un negocio propio. Ese curso le infundió el valor necesario para hacer realidad su sueño.

“Estudié en una escuela de pastelería en Washington, D.C., y fui a una escuela de cocina en Utah”, dice Molly. “Cuando dijeron en mi estaca que iban a darse clases de autosuficiencia, pensé: ‘Quizás debería informarme al respecto. Siempre quise tener mi propio negocio. He tomado otras clases de negocios y no estaría mal aprender más’”.

El curso era diferente a cualquier otra clase de pastelería o de negocios que Molly había tomado. Lo que lo hizo único, dice, fue la presencia del Espíritu Santo y el espíritu de compañerismo que había entre los participantes del curso.

“Las conversaciones sobre negocios fueron buenas y útiles”, dice, “pero fue la parte espiritual ligada a dichas conversaciones sobre negocios lo que marcó la mayor diferencia para mí”.

Talentos y confusión

“Pasé por un momento de enorme confusión”, dice Molly. “Me preguntaba si invertir todos mis ahorros, tiempo y energía para poner en marcha un negocio era realmente el mejor uso que podía hacer de mis recursos cuando, en ese momento, estaba trabajando en la prevención del suicidio”.

Durante su primera clase, Molly y otros asistentes analizaron el deseo del Señor de que Sus santos tengan éxito y elijan un medio de vida que les brinde alegría. Ella le preguntó al grupo: “¿Cómo se puede conciliar el usar los talentos que nos han sido dados para asuntos importantes con el usarlos para algo que simplemente queremos hacer?”.

Mientras el grupo analizaba su pregunta, Molly se dio cuenta de que no solo vendería bizcochos. Si su negocio tenía éxito, podría dar empleo a otras personas, tendría recursos financieros para donar a buenas causas y, una vez que se redujeran sus horas de trabajo, podría volver al trabajo social como voluntaria.

“No fue hasta que tuve esa conversación que llegué a comprenderlo realmente. No se asentó esa idea en mí hasta que estuve en una habitación llena de personas con ideas afines”, dice. “Todos estábamos en diferentes etapas del proceso comercial y en diferentes etapas de la vida, pero el Espíritu estaba allí y definitivamente guio nuestra charla, en todas las clases. Me di cuenta de que si tener mi propio negocio era realmente lo que quería, entonces el Padre Celestial me apoyaría”.

Bizcochos y bendiciones

Aproximadamente a la mitad de su curso de doce semanas, Molly comenzó a hornear y regalar bizcochos a los diez miembros de su grupo de autosuficiencia.

“Aquello no les molestó en absoluto y algunos de ellos tuvieron muy buenas sugerencias”, dice ella. “Comencé a probar diferentes sabores, glaseados y recetas. Al final del curso, tenía una muy buena idea de lo que quería hacer”.

Molly comenta que fue vital reunirse semanalmente con su grupo, rendirse cuentas los unos a los otros sobre sus compromisos semanales, aprender cómo y a quién pedir ayuda, y guiarse mutuamente hacia los recursos necesarios.

“Durante todo el tiempo que estuvimos juntos, me sentí bendecida y apoyada por las personas de mi grupo”, comenta. “La clase me ayudó a reconocer todas las cosas que tenía que resolver”.

Después de abrir su negocio de bizcochos en el otoño de 2018, Molly descubrió rápidamente que gestionar un negocio lleva más tiempo de lo que suponía. Pero un principio que recuerda de su clase de autosuficiencia continúa bendiciéndola.

“Analizamos cómo exigiría de nuestro tiempo en extremo, pero lo que marcaría la diferencia sería reservar tiempo para el Espíritu”, dice. “He descubierto que eso es verdad. Si de repente me siento abrumada y estresada, escucho las Escrituras o un discurso de la conferencia general mientras trabajo sola por la mañana, y eso me tranquiliza y me da paz”.

Esa sensación de paz, junto con el tener clientes entusiasmados, felices y satisfechos, ayuda a Molly a seguir adelante, incluso después de largos días de trabajo.

“No podría haber comenzado este negocio sin la ayuda del Padre Celestial. Y sin la ayuda y el apoyo de muchas otras personas, simplemente no hubiera sido posible. Esta es una gran oportunidad. Hacía mucho tiempo que quería hacerlo”.

Y, gracias a las clases de autosuficiencia, “he sido bendecida con la oportunidad de intentarlo”.

Fotografía de utensilios para pastelería, de Getty Images.