Los mejores regalos de Navidad
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Los mejores regalos de Navidad

… son los que provienen del corazón y aumentan nuestra fe.

La Navidad es la época de hacer regalos en memoria de los que llevaron los Reyes Magos al niño Cristo y del que Él nos dio con la Expiación.

Hay emoción en el ambiente cuando tenemos la expectativa de hacer y de recibir regalos. Éstos son de todos los tamaños y formas, pero parece que los mejores son los que no se pueden envolver: los regalos de servicio, familia, fe y testimonio.

Esperamos que disfruten de los siguientes recuerdos enviados por nuestros lectores sobre regalos que dieron y recibieron.

Recordatorios sencillos. El mejor regalo que he recibido en mi vida provino de mi abuela y consiste de dos artículos: una funda de almohada y un collar con un relicario. Aunque son objetos sencillos, tienen gran significado para mí. En la funda está mi nombre escrito con letras que brillan en la oscuridad, y debajo de él aparecen las palabras: “¿Recordaste orar?”. Cada vez que me acostaba sin haber orado, las palabras que brillaban en la oscuridad me recordaban que debía arrodillarme y orar.

El relicario tiene dos imágenes: una foto mía y una lámina del Salvador. Mientras que la funda me recuerda que debo orar en casa, el relicario me recuerda que debo ser como el Salvador en la escuela y en otros lugares que frecuente.

Paige I., Utah, E.U.A.

Devocional de la Primera Presidencia. Una de mis experiencias favoritas de Navidad tuvo lugar cuando hacía un año y medio que era miembro de la Iglesia: Escuché el devocional de la Primera Presidencia. Siempre me gustaba escuchar al profeta, pero durante la época navideña fue especialmente fabuloso.

Cuando estábamos sentados en la capilla escuchando las palabras del profeta, sentimos muy fuerte el Espíritu. Esas palabras eran muy significativas, y pude entender mejor el verdadero espíritu de la Navidad y la importancia de amar a nuestros vecinos y de rendir servicio. Y más importante aún, mi testimonio de Jesucristo se fortaleció aquel día.

Durante mi niñez, siempre recibía los regalos que quería para Navidad, pero nunca he recibido ninguno mejor que el de escuchar a un profeta decir que Jesucristo vive y que ésta es Su Iglesia verdadera.

Álvaro M., Uruguay

Una tarjeta de fabricación casera. Como no gano mucho dinero, yo misma hago los regalos que doy a las personas. El mejor regalo de Navidad que he dado fue una tarjeta que hice con mis propias manos. Disfruté mucho porque sabía que la estaba haciendo para alguien a quien amo. Utilicé cosas que tenía en casa como hilo, agujas, tela y otros artículos para hacer tarjetas.

Cassie W., Washington, E.U.A.

Estrellas de papel. Soy mitad tailandesa y mitad estadounidense, y pasé tres años viviendo en Laos, país vecino de Tailandia. Los primeros dos años que estuvimos allá, mis padres contrataron a una pileang, o institutriz, llamada Rojana, que me cuidó muy bien. Por ser ella budista, yo no esperaba que me hiciera ningún regalo de Navidad.

La mañana de Navidad, encontré un frasco lleno con por lo menos cien pequeñas estrellas de papel, dobladas de forma que fueran tridimensionales; eran azules, rosas y brillantes. Rojana no tenía dinero para comprarme nada, así que se pasó horas doblando aquellas estrellitas para una niña que no era suya.

Fue un precioso regalo de Navidad, un regalo de tiempo y dedicación.

Faye H., Virginia, E.U.A.

La Navidad se celebra con la familia. Antes de convertirme a la Iglesia, pensaba que la Navidad era nada más que un período en el que la gente llevaba ropa y zapatos nuevos, uno en el que se veían luces coloridas de brillo intermitente. Pero después de haberme bautizado, un mes de diciembre recibí una carta y una tarjeta del misionero que me bautizó; entre otras muchas cosas, me decía algo que se me quedó grabado: “La Navidad es un día en que podemos estar con nuestra familia para tener una buena cena y comer juntos”. Era una frase corta, pero tuvo gran significado para mí.

Ese mismo día llamé a todos los miembros de mi familia para ver si podían ir a mi casa para una gran cena navideña. A muchos les causó sorpresa porque nunca habíamos celebrado la Navidad en familia, pero todos aceptaron la invitación; mis hermanas y yo nos afanamos bastante a fin de que todo saliera bien para nuestra primera cena familiar. Todo lo que hicimos fue sencillo, pero mi madre estaba muy feliz y todos nos sentimos contentos de estar juntos.

Esa Navidad fue la más feliz que había tenido, y fue posible gracias a una tarjeta y una carta sencillas que me recordaban que es una época de celebrar el nacimiento del Salvador con los familiares. Desde entonces, siempre hemos celebrado la Navidad en familia.

Gedalva S., Brasil

Una tarjeta viviente de Navidad. Cuando prestaba servicio como misionero en Brasil, el día de Navidad todas nuestras citas para esa noche nos fallaron, por lo que le propuse a mi compañero: “¡Vamos a ser una tarjeta viviente de Navidad y a visitar a nuestros vecinos!”. Para mi sorpresa, fuimos bien recibidos en todas las casas. Mientras cantábamos los hermosos himnos navideños y leíamos los pasajes de Escritura en los que se basaban, sentí algo extraordinario y profundo; comprendí más plenamente el amor del Salvador y vi lágrimas en los ojos de nuestros vecinos que antes habían desconfiado tanto de nosotros. Después de regresar a casa y antes de acostarnos, escribí lo siguiente en mi diario: “Esta noche hablamos del nacimiento del Rey de reyes con nuestros vecinos. El Espíritu nos magnificó y unió para la eternidad”.

Nivaldo P., Brasil

La Navidad lejos de casa. Mi regalo favorito fue la primera Navidad que pasé lejos de casa, cuando con mis padres y mi hermana fui a visitar a mi hermano y su familia.

Acostumbrábamos pasar las Navidades con la familia en nuestro hogar, pero ese año mis otros hermanos no iban a estar y decidimos visitar a mi hermano Josh y a su familia, porque ellos no podían venir a casa. No sabía qué esperar, y pensaba que si no estábamos en casa para Navidad, no lo pasaríamos bien; no me parecía que la Navidad sería igual. Mis padres, mi hermana y yo ya habíamos abierto nuestros mutuos regalos antes de salir de viaje.

Cuando mi hermano nos recogió en el aeropuerto, mi sobrina de cuatro años, Kialey, se puso a cantar canciones navideñas, y empecé a sentirme más contenta. La mañana de Navidad disfruté al observar cómo se les iluminaba la cara a mis sobrinos al abrir sus regalos. Fue muy lindo contemplar a otras personas abrir sus presentes y sentir su alegría, en lugar de concentrarme en lo que yo recibía.

Hannah S., Montana, E.U.A.

El regalo del bautismo. Mi compañera y yo habíamos estado enseñando el Evangelio a una jovencita de catorce años llamada Martha, que estaba casi lista para el bautismo y la confirmación. Todavía nos faltaba enseñarle algunas lecciones, y también era preciso que dejara de trabajar los domingos para asistir a la Iglesia. Le encantaba lo que estaba aprendiendo y lo creía, pero trabajaba para una tía y era demasiado joven para conseguir cualquier otro trabajo. Como le costaba tomar la decisión, le enseñamos sobre las bendiciones del día de reposo y la animamos a orar al respecto.

El día de Nochebuena había estado lloviendo y, cuando ya era casi la hora de volver a casa, sentimos que debíamos ir a ver a Martha para saludarla. Apenas habíamos llamado a la puerta cuando salió corriendo y nos abrazó, dando brincos de entusiasmo, y exclamó: “¡Ya no tengo que trabajar los domingos! ¡Voy a ir a la Iglesia! ¡Me voy a bautizar!”. Al oír aquello, hasta la lluvia nos pareció maravillosa. Pensamos que la Nochebuena era el día perfecto para ver a alguien tomar la decisión de dedicar su vida a Cristo. Éramos dos de las misioneras más felices que alguien hubiera visto.

Erin B., Utah, E.U.A.

La familia. El mejor regalo de Navidad que he recibido en mi vida fue cuando todos mis hermanos y hermanas y yo pudimos reunirnos con mi papá por primera vez en varios años. Quiero a mi familia más que a nada en el mundo, y aquello hizo muy feliz a mi papá, lo cual me hizo feliz a mí.

Heather R., Utah, E.U.A.

El regalo de la salud. En octubre nos enteramos de la inquietante noticia de que nuestro querido presidente de estaca había tenido un ataque al corazón y estaba en coma. En el transcurso de las semanas, los miembros de la estaca oramos fervientemente por él. Los médicos estaban muy preocupados, pero al fin salió del coma y mejoró notablemente. Él vive en nuestro barrio, y un domingo antes de Navidad, al entrar en la capilla, tuve la sorpresa de verlo sentado en el estrado. Después que hablaron los discursantes, el presidente fue hasta el púlpito y nos dijo que había sentido la fuerza de nuestras oraciones por él. Al mirarlo, mientras me corrían las lágrimas, me di cuenta de que su recuperación era un hermoso presente de Navidad para todos nosotros.

Katie B., Washington, E.U.A.

“El espíritu de Navidad es el espíritu de amor, de generosidad y de bondad; nos ilumina la ventana panorámica del alma y, cuando contemplamos la atareada vida del mundo, nos interesamos más en las personas que en las cosas”.

Presidente Thomas S. Monson, Primer Consejero de la Primera Presidencia, “The Precious Gift”, Devocional de Navidad de la Primera Presidencia, 3 de diciembre de 2006.