La taza de chocolate
    Notas al pie de página
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    La taza de chocolate

    Basado en una historia verídica

    ¡Hacía mucho frío! Nicole y sus amigas se apresuraron a entrar en el concurrido restaurante para calentarse por unos minutos. Al estar allí, Nicole le echó una mirada al menú.

    “Voy a comprar un chocolate caliente”, dijo.

    “Yo también”, dijo Beth.

    Audrey miró el reloj y Heather dijo: “No tenemos mucho tiempo; acuérdense de que mamá nos va a recoger a las dos de la tarde”.

    Nicole miró la larga fila; sería fantástico tomar una taza de chocolate caliente para entrar en calor mientras terminaban de hacer sus compras de Navidad. “Beth y yo te veremos en la tienda de ropa que está al lado”, le dijo a Heather. “No tardaremos”.

    Heather y Audrey se fueron, y Beth y Nicole tomaron su lugar en la fila.

    “Mira, tienen de sabor a vainilla francesa”, dijo Beth, señalando el menú.

    A Nicole se le iluminaron los ojos. “¡Delicioso! Me encanta el chocolate caliente de vainilla francesa”. Pero luego frunció el ceño, un poco insegura. “Aquí no dice chocolate caliente de vainilla francesa”, dijo; “sólo dice vainilla francesa”. Mordiéndose el labio, agregó: “¿No hay también café de vainilla francesa?”.

    Beth se encogió de hombros. Cuando le llegó a Nicole el turno para hacer el pedido, le preguntó a la dependienta en cuanto a ello, sólo para asegurarse.

    “Es chocolate caliente”, les aseguró la señorita del otro lado del mostrador.

    “¡Fantástico!”, dijo Nicole. “Yo quiero una taza grande”.

    Beth también pidió lo mismo, y salieron del restaurante. Cuando se encontraron con Heather y con Audrey, Nicole se acercó para oler la taza de chocolate caliente. Se quedó atónita y dijo: “¡Creo que esto es café con sabor a vainilla francesa!”

    Beth le dio un sorbo. “Yo también creo que lo es; pero, bueno, está sabroso y caliente, y estoy entrando en calor”.

    “¡Pero es café!”

    “¿Y qué?”

    Nicole le dijo a su amiga: “Pertenezco a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y se supone que no debo tomar café”.

    “Puedes tomar café sólo esta vez”, dijo Heather con tono impaciente; “no tienes que ser perfecta cada minuto del día. No se lo diremos a nadie, así que vamos, tenemos que apresurarnos”.

    Nicole se daba cuenta de que la fila ya era aún más larga y que no tenían mucho tiempo para hacer compras. Pero sabía lo que debía hacer. “Voy a cambiar esto por chocolate caliente”, dijo con voz firme. “Ustedes sigan adelante; las alcanzo en la juguetería”.

    Empezó a alejarse sola, pero Audrey la alcanzó. “Yo esperaré contigo”, dijo. Audrey también era Santo de los Últimos Días.

    Al estar esperando en la fila, Audrey dijo: “Me alegra que no te hayas tomado el café”.

    Nicole sonrió: “A mí también”.

    Cuando Nicole le explicó a la dependienta que lo que le había dado era café, ésta se disculpó y lo cambió por chocolate caliente. Después Nicole y Audrey se apresuraron en el frío para alcanzar a sus amigas. Nicole sentía una calidez interior, pero no sólo a causa del chocolate caliente, sino porque sabía que había elegido hacer lo correcto. A pesar de que sus amigas habían dicho que nadie se enteraría, el Padre Celestial lo sabía, y ella sentía que Él estaría orgulloso de ella.

    “Distínganse de las multitudes del mundo… Decidan ser diferentes y serán bendecidos tanto física como espiritualmente”.

    Véase Élder Russell M. Nelson, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Vicio o libertad”, Liahona, enero de 1989, pág. 6.