Después de la prueba de nuestra fe
    Notas al pie de página

    Después de la prueba de nuestra fe

    Al seguir la voz de Dios y Su senda de los convenios, Él nos fortalecerá en nuestras pruebas.

    Cuando era niño, Frank Talley, un miembro de la Iglesia, se ofreció a ayudar a mi familia a volar desde Puerto Rico a Salt Lake City para que pudiéramos ser sellados en el templo, pero apenas mis padres comenzaron con los preparativos empezaron a surgir obstáculos. Mi hermana Marivid enfermó. Preocupados, mis padres oraron para saber qué hacer, pero sintieron que debían hacer el viaje. Confiaron en que al seguir las impresiones que recibieron del Señor de ir al templo, nuestra familia sería protegida y bendecida; y así fue.

    No importa los obstáculos que afrontemos en la vida, podemos confiar en que Jesucristo preparará la senda a medida que caminemos con fe para hacer Su voluntad. Dios ha prometido a todo aquel que viva según los convenios que ha hecho con Él que recibirá, en Su tiempo, todas Sus bendiciones prometidas. El élder Holland ha enseñado: “Algunas bendiciones nos llegan pronto, otras llevan más tiempo y otras no se reciben hasta llegar al cielo; pero, para aquellos que aceptan el evangelio de Jesucristo, siempre llegan1.

    Moroni explicó que “la fe es las cosas que se esperan y no se ven; por tanto, no contendáis porque no veis, porque no recibís ningún testimonio sino hasta después de la prueba de vuestra fe”2.

    Deberíamos preguntarnos: “¿Qué debemos hacer para afrontar mejor las pruebas que se nos presentan?”.

    En sus primeros comentarios públicos como Presidente de la Iglesia, el presidente Russell M. Nelson enseñó: “Como una nueva presidencia, queremos empezar con el fin en mente. Por esa razón, nos dirigimos a ustedes hoy desde un templo. El fin por el que cada uno nos esforzamos es ser investidos con poder en una Casa del Señor, ser sellados como familia, ser fieles a los convenios hechos en el templo que nos hacen merecedores del don más grande de Dios, que es la vida eterna. Las ordenanzas del templo y los convenios que ustedes hagan allí son clave para fortalecer su vida, su matrimonio y su familia, y su habilidad para resistir los ataques del adversario. Su adoración en el templo y su servicio allí por sus antepasados les bendecirá con mayor revelación personal y paz, y les fortalecerá en su compromiso de mantenerse en la senda de los convenios”3.

    Al seguir la voz de Dios y Su senda de los convenios, Él nos fortalecerá a lo largo de nuestras pruebas.

    El viaje al templo de mi familia hace ya años fue difícil, pero cuando nos acercábamos al templo en Salt Lake City, Utah, mi madre, llena de fe y gozo, dijo: “Vamos a estar bien; el Señor nos protegerá”. Nos sellamos como familia y mi hermana se recuperó. Eso solo sucedió después de que se puso a prueba la fe de mis padres y siguieron la inspiración del Señor.

    El ejemplo de fe y la perseverancia de mis padres todavía influye en nosotros en nuestra vida hoy. Su ejemplo llegó a ser importante y significativo a medida que nos enseñaron el porqué de la doctrina del Evangelio y nos ayudaron a comprender su significado, propósito y las bendiciones que nos brinda. Comprender el porqué del evangelio de Jesucristo también nos puede ayudar a afrontar las pruebas con fe.

    Todo lo que Dios nos invita y nos manda hacer es una expresión de Su amor por nosotros y Su deseo de brindarnos todas las bendiciones reservadas para Sus hijos fieles. No supongamos que nuestros hijos aprenden a amar el Evangelio por sí solos; es nuestra responsabilidad enseñarles. Al ayudar a nuestros hijos a aprender a usar su albedrío de manera sabia, nuestro ejemplo de rectitud puede inspirarlos a tomar decisiones justas. Su vida fiel, a su vez, ayudará a los hijos de ellos a saber la verdad del Evangelio por sí mismos.

    Jóvenes, escuchen al profeta hoy cuando les hable; busquen las verdades divinas y procuren comprender el Evangelio por ustedes mismos. El presidente Nelson recientemente aconsejó: “¿De qué sabiduría carecen? […]. Sigan el ejemplo del profeta José; encuentren un lugar tranquilo […] humíllense ante Dios; derramen su corazón a su Padre Celestial; acudan a Él para recibir respuestas”4. A medida que procuren la guía del Padre Celestial amoroso, mediante la oración, al escuchar los consejos de los profetas vivientes y al observar el ejemplo de padres rectos, ustedes también pueden llegar a ser un fuerte eslabón de fe en su familia.

    A los padres con hijos que han dejado la senda de los convenios, ayúdenlos amablemente a comprender las verdades del Evangelio. Háganlo ya; nunca es demasiado tarde.

    Nuestro ejemplo de una vida recta puede marcar una gran diferencia. El presidente Russell M. Nelson enseñó: “Como Santos de los Últimos Días, nos hemos acostumbrado a pensar en la ‘iglesia’ como algo que ocurre en nuestros centros de reuniones, respaldado por lo que ocurre en el hogar. Necesitamos un ajuste a este modelo. Ha llegado la hora de una Iglesia centrada en el hogar, respaldada por lo que se lleva a cabo dentro de nuestros barrios, ramas y estacas”5.

    En las Escrituras se enseña: “Instruye al niño en su camino; y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él”6.

    También leemos: “Y como la predicación de la palabra tenía gran propensión a impulsar a la gente a hacer lo que era justo —sí, había surtido un efecto más potente en la mente del pueblo que la espada o cualquier otra cosa que les había acontecido— por tanto, Alma consideró prudente que pusieran a prueba la virtud de la palabra de Dios”7.

    Hay una historia de una mujer que estaba molesta porque su hijo comía demasiados dulces. No importaba cuánto lo reprendía, él continuaba satisfaciendo su gusto por lo dulce. Frustrada, decidió llevar a su hijo a ver a un hombre sabio a quien él respetaba.

    Se acercó a él y le dijo: “Señor, mi hijo come demasiados dulces. No es bueno para su salud. ¿Podría aconsejarle que deje de hacerlo?”.

    El hombre sabio escuchó a la mujer, se volvió y le dijo al niño: “Vete a casa y vuelve en dos semanas”.

    La mujer quedó perpleja y se preguntó por qué no le había pedido al niño que dejara de comer dulces. Tomó al niño y se fue a su casa.

    Dos semanas después regresó con el niño. El hombre sabio les hizo señas para que se acercaran, miró al niño y le dijo: “Niño, deberías dejar de comer tantos dulces. No es bueno para tu salud”.

    El niño asintió y prometió que no continuaría con ese hábito.

    La mamá del niño miró al hombre sabio y le preguntó: “¿Por qué no le dijo eso hace dos semanas?”.

    El hombre sabio sonrió. “Hace dos semanas yo también estaba comiendo muchos dulces”.

    Ese hombre vivía con tal integridad que sabía que su consejo solo tendría poder si él seguía su propio consejo.

    La influencia que tenemos en nuestros hijos es más poderosa cuando nos ven caminar fielmente en la senda de los convenios. El profeta Jacob, del Libro de Mormón, es un ejemplo de tal rectitud. Su hijo Enós escribió acerca del impacto de las enseñanzas de su padre:

    “… yo, Enós, sabía que mi padre era un varón justo, pues me instruyó en su idioma y también me crio en disciplina y amonestación del Señor —y bendito sea el nombre de mi Dios por ello—

    “y os diré de la lucha que tuve ante Dios antes de recibir la remisión de mis pecados […] y las palabras que frecuentemente había oído a mi padre hablar, en cuanto a la vida eterna y el gozo de los santos, penetraron mi corazón profundamente”8.

    Las madres de los jóvenes guerreros lamanitas vivían el Evangelio de tal manera que sus hijos estaban llenos de convicción. Su capitán informó:

    “Hasta entonces nunca habían combatido; no obstante no temían la muerte, y estimaban más la libertad de sus padres que sus propias vidas; sí, sus madres les habían enseñado que si no dudaban, Dios los libraría.

    “Y me repitieron las palabras de sus madres, diciendo: No dudamos que nuestras madres lo sabían”9.

    Enós y los jóvenes guerreros lamanitas fueron fortalecidos por la fe de sus padres, que les ayudó a afrontar sus propias pruebas de fe.

    Es una bendición tener el Evangelio en nuestros días, el cual nos eleva cuando nos sentimos desanimados o preocupados. Se nos asegura que nuestros esfuerzos darán frutos en el tiempo del Señor si seguimos adelante en las pruebas de nuestra fe.

    Mi esposa y yo, junto con la presidencia de Área, acompañamos al élder David A. Bednar a la dedicación del Templo de Puerto Príncipe, Haití. Nuestro hijo Jorge vino con nosotros y nos compartió su experiencia: “¡Increíble, papá! Tan pronto como el élder Bednar comenzó la oración dedicatoria, pude sentir el salón llenarse de calidez y luz. La oración amplió mi entendimiento sobre el propósito de un templo. En verdad es la Casa del Señor”.

    En el Libro de Mormón, Nefi enseña que a medida que deseemos saber la voluntad de Dios, Él nos fortalecerá. Él escribió: “Y sucedió que yo, Nefi, siendo muy joven […] y teniendo grandes deseos de conocer los misterios de Dios, clamé por tanto al Señor; y he aquí que él me visitó y enterneció mi corazón, de modo que creí todas las palabras que mi padre había hablado; así que no me rebelé en contra de él como lo habían hecho mis hermanos”10.

    Hermanos y hermanas, ayudemos a nuestros hijos y a los niños a nuestro alrededor a seguir la senda de los convenios de Dios a fin de que el Espíritu pueda enseñarles y ablandarles el corazón para que quieran seguirlo durante toda la vida.

    Al considerar el ejemplo de mis padres, me doy cuenta de que nuestra fe en el Señor Jesucristo nos mostrará el camino que nos llevará a salvo a nuestro hogar celestial. Sé que suceden milagros después de la prueba de nuestra fe.

    Testifico de Jesucristo y Su sacrificio expiatorio. Sé que Él es nuestro Salvador y Redentor. Él y nuestro Padre Celestial se le aparecieron aquella mañana de la primavera de 1820 al joven José Smith, el Profeta de la Restauración. El presidente Russell M. Nelson es el profeta de nuestros días. En el nombre de Jesucristo. Amén.